La re-evolución de Jodorowsky
Pasó de la rebelión política a la poética. Acusa a los gobernantes y critica el ego de los artistas. En agosto llega a Chile para presentar sus últimas obras, Poesía sin fin y Metagenealogía. Y se ‘topará’, como dice él, con un país tan hermoso como horroroso.

Hace unos días, un lector español le pidió a Alejandro Jodorowsky Prullansky (82) un consejo de sicomagia para conseguir más confianza en sí mismo. Entonces, el multifacético hombre nacido en Tocopilla lo orientó con una sugerencia tan rupturista como desconcertante: Ve a un club de tiro y aprende a disparar con una ametralladora. Toma un curso de canto y otro de danza del vientre.
Hijo de Jaime —un artista de circo que después se dedicó al comercio— y Sara —una mujer estricta—, este descendiente de inmigrantes rusos dice que su espíritu quedó moldeado desde niño, después de tres acontecimientos claves: ir al entierro de un bombero, ver un ataque de epilepsia y escuchar cantar a un chino…
En los ’40 y ’50 estuvo en compañías de mimos y luego en el Teatro Experimental de la Universidad de Chile. Se fue a París y a los 23 años fundó el Movimiento Pánico, una agrupación que pretendía burlarse de la circunspecta filosofía francesa.
Luego en México inició su carrera en el cine. Empezó dirigiendo ‘Fando y Lis’ (1970) y un año después filmó ‘El topo’, un western de tono surrealista que se convirtió en una cinta de culto.
Tiempo después volvió a Francia. Fue mimo en la compañía de Marcel Marceau. Regresó a la pantalla grande en 1989 con ‘Santa sangre’ y, al año siguiente, rodó ‘El ladrón del arco iris’. También entró al cómic, con obras como ‘Aníbal 5′, ‘Fábulas pánicas’, ‘El Incal’, ‘Alef Thau’, ‘El ángel carnívoro’ o ‘El dios lama’. Y acaba de terminar ‘Los Borgia’ junto a Milo Manara. Creador multifacético, hoy, 36 libros, nueve películas, 16 obras de teatro y 27 comics llevan su firma, pero la sicomagia es su sello.
CADA MIÉRCOLES LEE GRATIS EL TAROT en el café Temeraire que está bajo su casa en París. Vive con su cuarta mujer, Pascale, una artista franco-vietnamita y tiene cuatro hijos vivos. Teo, el quinto, murió a los 24 años en un accidente de auto, en 1995.
En septiembre planea centrarse en la escritura del guión de su libro ‘La danza de la realidad’. Si le gusta el resultado, filmará en Chile una película autobiográfica a fin de año. Pero antes visitará el país en agosto para hablar de sus textos recientes: ‘Poesía sin fin’ —en librerías— y ‘Metagenealogía’, sobre los antepasados.
—Después de la muerte de su hijo aseguró que le interesa el arte sólo si sirve para sanar socialmente. Al parecer estuvo mucho tiempo inserto en una creación más bien ególatra…
—El 99.99 por ciento de los llamados artistas, más todos los museos, huelen a ombligo. La mayoría de los poetas se masturban con la palabra ‘yo’ en la mente. El único paso que ha dado la literatura es ir a veces del ‘yo’ al ‘tú’ y al ‘nosotros’ en forma torpe, es decir política, pero nunca ha llegado al ‘no-yo’. El arte transpersonal, terapéutico, es el más verdadero. Todo el resto termina siempre por convertirse en industrial.
—Hace poco publicó ‘Metagenealogía’, donde enseña a construir árboles genealógicos. ¿Por qué es tan relevante conocer el origen?
—La raza humana está en evolución. Va lentamente del animal al ser totalmente consciente. La familia, la sociedad y la cultura, productos del pasado, luchan por no cambiar, mantenerse en un estado de estancamiento, repetir sus modos de vida hasta la extinción del planeta, destruyendo a los creadores y multiplicando a los imitadores. Estos tres poderes, la familia, la sociedad y la cultura, nos crean un ego artificial, un yo enjaulado, obligándonos a ser lo que ellos quieren que seamos y no lo que en verdad somos. Es relevante conocer nuestro pasado para darnos cuenta hasta qué punto somos un sistema de repeticiones.
—Dice que el nombre es relevante para lo que alguien haga en su vida.
—El nombre, por identificarnos, influye en nuestra vida. Si te llamas María, tienes como ejemplo a una mujer virgen, no realizada sexualmente. Si eres José, recibes el peso de un carpintero en cierta forma castrado. Cuando en un árbol genealógico hay Josés casados con Marías nos encontramos ante una penuria sexual. Si te ponen como a un hermano muerto, te quitan el ser y vienes solamente a reemplazar a un desaparecido, vivirás con ese fantasma aferrado a ti como un vampiro. Si te casas con alguien que tiene el nombre de tu padre o de tu madre, evidencias un deseo incestuoso: entonces si creas hijos, te comportarás con ellos como un hermano o hermana, no como su padre o su madre.
—Afirma que los problemas actuales son a causa de la fealdad…
—Más bien todos los conflictos que existen son por el olvido de la belleza. La fealdad es actuar sin conciencia, es decir, sin emplear todo el potencial espiritual que tiene un ser humano.
—¿Cuál es hoy la fealdad más evidente?
—Las jaulas. Hay mentales, que son ideas embutidas en nuestro intelecto por la familia, la sociedad y la cultura que tercamente insisten en permanecer en los moldes del pasado. Las emocionales, que corresponden a sentimientos frustrados, llenos de rencor, o exacerbados por la propaganda romántica que hace de nosotros compradores irreflexivos. Las sexuales y creativas, es decir, deseos incontrolados que nos conducen a la insatisfacción, oportunismo político con sus ansias de poder, morales pútridas impuestas por sacerdotes hipócritas. Y están las materiales, o el endiosamiento del dinero, injusticias sociales, industriales degenerados fabricando armas y envenenando al planeta.
—¿Sigue convencido de que sólo la poesía puede salvar el mundo?
—De ninguna manera hablo de la poesía cursi, ni de la burlona hija de un cerebro matemático sin corazón, ni de la poesía política oportunista. Hablo de la búsqueda de la imposible verdad, a la que no podemos captar con el intelecto, sino con la intuición. La belleza es el resplandor de la verdad, el impensable verbo creador. Fealdad es la destrucción de la vida y del alma. Es enfermedad. Por eso la verdadera poesía tiene como meta sanar al mundo.
No cree en la revolución política, sino en la re-evolución poética. “La primera quiere solucionar problemas horizontales, materiales. Lucha por una panza llena y un techo sólido, sin ir más allá. La re-evolución poética tiene como meta lograr que cada individuo desarrolle por completo todas las posibilidades que contienen las millones de neuronas que forman su cerebro. La revolución cambia un poder por otro. La re-evolución propicia una mutación de la especie. Si no hay una variación completa de nuestra actual forma de pensar, sentir, desear y necesitar, propiciamos el fin de la humanidad junto con la muerte del planeta”.
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