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Personajes

“Le pediré el divorcio al Negro”

Belén Hidalgo ya decidió...

Por: Rodrigo Barría

Fotos Ari Producción Marcelo Madariaga Maquillaje y pelo John PÉrez

Camino a convertirse en la ex cuñada del Presidente, Belén Hidalgo repasa y evalúa la historia de su matrimonio marcado por un amor en el que muy pocos creyeron. Su vida aparentaba ser una ‘luna de miel’ permanente pero en la intimidad debía lidiar con la celopatía de su marido. Y a pesar de que niega rotundamente episodios de violencia y drogas con Miguel Piñera, asegura que “no hay vuelta atrás”.

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Camila tiene 57 años, vive en el tercer piso en un amplio departamento de Carlos Antúnez y desde hace ocho años es la mejor amiga en Chile de María Belén Hidalgo. En realidad, ha sido como la ‘mamá sustituta’ de la argentina. A ella recurrió luego de cada crisis que enfrentó con el Negro Piñera. A fin de cuentas, se ha convertido en confesora de las penas y dolores más íntimos de la modelo.

Los enojos de la pareja llevaron a Belén a quedarse en varias ocasiones en una de las piezas de este departamento. Ahí lleva instalada poco más de un mes. En tres por tres metros y una cama grandota, apila sus pertenencias en un clóset que no da abasto, mientras dos maletas medianas llenas de ropa descansan en un rincón.

Belén no ha dormido bien. Su sueño está sobresaltado. En su nueva rutina de “separada de hecho”, hay días en los que se levanta temprano y energética —ahí el trote ocupa un lugar privilegiado—, pero a veces se queda encerrada, triste.

“He llorado harto, especialmente antes de que se supiera la noticia públicamente. Pero ya no”, explica mientras la pantalla de su iPhone destella incesante con una avalancha de llamados de la prensa que quiere conocer detalles de su historia.

Efectivamente ya no se le ve apesadumbrada. Claro, no anda especialmente alegre, pero en ningún instante de la conversación aparecieron ojos llorosos o quiebres en el relato.

belen-texto-1—¿En qué etapa está hoy?
—Mmm… (piensa para dar con las palabras precisas). Todavía estoy con pena… Hace poco más de un mes tomé la decisión de separarme, pero vengo triste desde mucho antes. Estoy juntando fuerzas para empezar a hacer nuevas cosas y superar este mal momento…

—¿Con ayuda sicológica?
—No creo. Ya me la comí sola antes. Además, no he tenido una pelea a muerte con mi marido, se trató de un desgaste. No es que no lo quiera ver más. Pretendo separarme de la mejor manera posible. No hay resentimiento.
Belén se topó por primera vez con el Negro en la discotheque del Casino de Viña del Mar el 2002. Apenas tenía 19 y se intrigó con ese hombre casi 30 años mayor y tan distinto de los tipos que había conocido. Estuvieron tres años como pololos-novios y seis casados con la bendición de Bernardino Piñera.

—¿Y fue amor a primera vista como alguna vez contaron?
—Ni rápido ni lento. Cuando lo conocí, como era tan mayor, pensé que estaba casado. Sólo después de saber que no era así comencé a sospechar que podríamos tener algo. Poco a poco nos fuimos acercando. Y él le puso mucho empeño.

Como Belén (entonces una tenista con aspiraciones deportivas) se quedó en Chile ante la insistencia del Negro, sus padres enviaron al hermano mayor para que averiguara qué pasaba con “la niña”. Ahí supieron de Miguel Piñera y el informante regresó con un completo reporte para la familia.

—¿Cómo lo presentó a sus papás: empresario, músico o qué…?
—Dije que era empresario de restoranes y discotheques. Puse lo de restoranes para que hiciera balance…

—¿Se sorprendió de haberse enamorado de un personaje como él?
—Sí. Nunca pensé que me enamoraría de un hombre casi 30 años mayor que yo. Sospechaba de esas relaciones con tanta diferencia de edad. Pero cuando me pasó, entendí que uno habla sin saber.

—¿FUE EL NEGRO EL GRAN AMOR DE SU VIDA?
—Ciento por ciento.

Eso, pese al potente recuerdo de un viejo amor que la marcó con dureza cuando tenía 16. Su pareja de entonces tuvo un serio accidente de tránsito donde murió una persona. El novio de Belén quedó con serias secuelas y la situación la hizo caer en una profunda depresión. “Ahí sí que debí ir a terapia. Hasta tomé medicamentos para recuperarme”, reconoce.

—¿Es fácil para una mujer enamorarse de una persona como el Negro?
—No lo creo. Esa mujer debe tener cierta cuota de locura. Y yo la tenía… Ser aventurera, rebelde y que no le guste la rutina.

—Si en un tiempo más se fija en otro hombre, ¿debiera tener las mismas características?
—¿Ya me estás haciendo una carta de presentación para un futuro pololo?

belen-texto-2—Para nada. Pero según lo que dice, no podría estar con un oficinista, por ejemplo.
—Puede ser oficinista, pero desordenado. Que no haga todo perfectito.

—Belén, ¿Miguel Piñera fue su marido o un hijo?
—Las dos cosas. (Piensa y aclara…) Pero más mi hijo… El es como un chico de 18 años. Es simplemente su forma de ser.

—¿Y le gustaba estar con un hijo más que con un marido?
—Me gustaba. Era tierno, sensible, divertido y humano. En ocasiones también tenía unos 30.

—¿Y 7 años?
—Noooo. A lo más 13 ó 14 (se ríe cómplice).

—Pero imagino que había cosas que no le gustaban de estar con ese marido-hijo…
—Las rebeldías y rabietas. Muchas veces me enojaba por eso, pero la verdad es que nunca fue un gran problema porque en algunas ocasiones él igual se comportó como mi papá.

—¿Cómo manejaron lo económico durante el matrimonio?
—Yo me encargaba del orden y administración de la casa. Veía la nana, lo que se comía, la decoración…

—Okey, ¿pero quién pagaba las cuentas?
—Él daba la plata y la nana las iba a pagar.

—Y a usted, ¿le daba plata su marido?
—No, yo me pagaba todos mis gastos: teléfono, gimnasio, bencina… Siempre fue así. Cada uno tenía su propia cuenta corriente.

—¿Supo cuánto dinero tenía él?
—No, nunca. Sé que es raro, pero en nuestro caso la situación se dio de esa manera.

—¿Se casaron con separación de bienes, sociedad conyugal o participación de gananciales?
—Con separación de bienes. Así me lo propuso el Negro y yo no tuve problema en aceptarlo.

—¿Pero algún bien tendrá?
—No.

—¡¿Nada?!
—Ni un auto. Sólo ropa, maquillaje, teléfono, notebook. Lo único mío está en el clóset.

belen-texto-3—¿Y el auto que le regaló para su cumpleaños?
—Bueno, ése sí iba a estar a mi nombre. Tramitábamos los papeles cuando nos separamos… Debí haber esperado… (se muere de la risa).

—¿Le preocupa no tener bienes?
—Es que ya tengo un departamento en Argentina que me regalaron mis padres. También una sociedad con mis hermanos en los fundos del papá. Sinceramente no sé los bienes que tiene el Negro. Además, él no tiene cosas a su nombre, sino a través de empresas que se los administran. No hay forma de saber lo que tiene. Alguna vez me dio curiosidad, pero después no me preocupé de preguntarle.

LE HAN CRITICADO SU ACTITUD de aparecer en la TV y desfiles pese a que su marido seguía internado. Ella, sin embargo, defiende su derecho a trabajar: “Yo me pago mis cosas, así es que debo laburar. Varios de esos compromisos estaban pactados con mucha antelación. No me estoy aprovechando de nada. Al contrario, algunos los cancelé”. Y advierte que se quedará en Chile, que pronto buscará departamento y que seguirá adelante con la televisión, el modelaje y los eventos.

—Usted parece haber renacido laboralmente las últimas semanas…
—Es verdad. Lo que pasa es que ahora no tengo nadie que me cele… (se ríe). Estoy feliz porque me encanta trabajar. Me gustaría haber estado así cuando estaba casada, pero parece que no se puede tener todo bien al mismo tiempo.

—Tiene claro como organizará su vida, ¿pero en qué pie queda con Miguel Piñera?
—Muchos especulan con una reconciliación, pero la decisión la tengo tomada: le pediré el divorcio al Negro.

—¿Comenzó los trámites?
—Aún no, pero sí fui a Carabineros para dejar constancia de que ya no vivo en el ‘domicilio matrimonial’. He estado averiguando, quiero reunirme con algún abogado para ver los pasos a seguir. Cuando el Negro esté bien de salud me reuniré con él, con su familia y con quien lo asesore con tal de hacer las cosas de la mejor manera posible.

—¿Será conflictiva la resolución económica?
—No creo. Me interesa separarme con respeto. Si algo me corresponde por ley, bien. Si no, bien también. No voy a pelear por un auto o un departamento, son cosas que yo puedo comprarme.

—¿Fue buena o mala idea no tener hijos?
—Mmm… No lo sé. Quizás en un principio fue una mala idea. Él me lo propuso muchas veces, pero yo no me sentía preparada. Aunque también fue bueno porque comenzamos a estar mal y con hijos todo habría sido más complicado.

—¿Y le habría gustado como padre de sus hijos? Se lo pregunto por el estilo de vida que él lleva…
—Sí. El es muy tierno con los niños. Mis sobrinos lo siguen todo el día cuando vamos a mi casa. Habría sido un excelente padre.

—¿Es efectivo o no que Miguel tiene hijos?
—No tiene. Quisieron achacarle uno, pero no era cierto. Él me contaba todo, son falsos los rumores.

—Estuvieron separados en varias ocasiones, especialmente el último año. ¿Por qué volvía con su marido?
—Porque aposté por el matrimonio. Hice todos los esfuerzos para no llegar a la separación. Los problemas más serios comenzaron hace un año y medio. Yo me iba de la casa y luego volvía.

—¿Le faltó carácter para irse de una buena vez?
—No sé. Creo que volvía porque lo seguía amando. Pero entre tantas idas y vueltas, al final, el amor terminó por desgastarse.

Belén y Miguel tuvieron un encontrón fuerte en el verano de este año. Y ella, una vez más, tomó sus cosas y partió. La celopatía no hacía más que acentuarse en Miguel Piñera. El músico no paraba de hacer llamados: a sus suegros para comprobar si efectivamente ella estaba en Argentina; a la peluquería para saber si se estaba arreglando o no; y a los productores para que no le dieran más trabajo en eventos. También sospechaba si su señora usaba mucho rato el computador y se indignaba si es que no contestaba rápido su celular.

“A mis amigas las encaraba porque pensaba que estaban interesadas en separarme o que querían presentarme hombres. La verdad es que resultaba agotador”, recuerda.

De pocos amigos (Belén detesta especialmente a los personajes que aparecen en la prensa como “íntimos” de Miguel), una noche salieron a comer con una pareja de su círculo más cercano. Todo iba perfecto, hasta que él, inexplicablemente, comenzó a ofuscarse y la acusó de infidelidad. La velada terminó abruptamente y la trasandina se convenció: se iría y no volvería más. Esa misma noche armó una maleta y partió donde Camila.

“Y sucedió que ya no lo extrañaba, no tuve ganas de volver. Entonces nos reunimos, conversamos y le dije que el asunto no daba para más”, revela.

—¿Qué respondió él?
—No me creyó.

La modelo solía llamar a Sebastián Piñera —quien ofició de testigo cuando se casaron— para contarle los problemas que tenía con su hermano.

Era cuando el Presidente intercedía y le llamaba la atención severamente al Negro. Pero en el último tiempo las crecientes ocupaciones del mandatario y de Cecilia Morel —con quien Belén solía tener extensas conversaciones antes de llegar a La Moneda—, hicieron que su confidente predilecta ahora fuera su cuñada, Magdalena Piñera. Fue precisamente ella la primera en conocer la decisión final. Días después los hermanos Piñera (Magdalena, Pablo y Guadalupe) se reunieron con Belén para concretar que Miguel se internara. “Esa reunión se hizo porque estábamos preocupados por su salud. Me preguntaron si mi decisión era definitiva o había una opción”.

—¿Intentaron convencerla de regresar con él?
—No, nunca. Siempre respetaron mi decisión.

—Belén, ¿es el Negro emocionalmente estable?
—Es muy sensible… Sí, es estable.

—¿Y cómo puede ser emocionalmente estable alguien con ese nivel enfermizo de celos?
—…No sé si ser estable en distintos aspectos significa que no pueda sentir celos. Quizás influyó la diferencia de edad y el tipo de trabajo que yo tenía. No lo tengo muy claro.

—Es difícil creer que al convivir con una persona con ese nivel de celos no haya existido violencia intrafamiliar…
—Es cierto que peleábamos mucho. Hay gente que desahoga su enojo hablando, gritando o pegando. El Negro es extrovertido y nunca tuvo problemas en decirme lo que le molestaba de manera directa.

—¿SE PEGARON, HUBO GOLPES?
—No. A lo más algunos almohadonazos. Volaban plumas, pero nada que hiciera daño.

—¿Él tuvo que perdonarle un affaire?
—No.

—¿Y usted a él?
—Tampoco.

—Tiene claro que pocos creen que Miguel Piñera no tenga líos con el alcohol y las drogas…
—Me lo han dicho muchas veces, pero yo nunca vi a mi marido en una situación de drogas. Estoy convencida y tengo certeza de que no tiene problemas con la droga.

—¿Y con el alcohol?
—El salía y se tomaba unas copas de vino o whisky. Se ponía contento, pero jamás hubo que llevarlo en andas.

—¿Le molestan todos los comentarios que se hacen de él sobre drogas y alcohol?
—No me preocupa. Nadie puede decir nada porque no han convivido con él nueve años. Yo sí estuve con el Negro y sé como es. Sale todas o casi todas las noches y se comporta mucho mejor que otros que salen apenas una y se portan pésimo. Miguel siempre me respetó.

—¿SIGUE HABLANDO CON EL PRESIDENTE?
—Sí. Estaba preocupado por la situación, pero no me pidió nada. Me preguntó si estaba segura de la decisión y si necesitaba algo. Dijo que hiciera lo que mi corazón sintiera.

—¿Por qué motivo el Negro se internó en una clínica siquiátrica?
—Por una angustia muy fuerte con probabilidad de pasar a depresión.

—¿Lo hizo contra su voluntad?
—No. Él lo decidió. Entendió que era necesario.

—¿Cree que en algún minuto de angustia pensó en el suicidio?
—No. A él le encanta disfrutar la vida y siempre ha dicho que le gustaría vivir mil años. A lo más hubiera tenido una depresión profunda.

—¿Qué cree que será de Miguel separado y cerca de los 60 años?
—Salir de noche, cantar, viajar… No me lo imagino haciendo otro tipo de vida.

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