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Personajes

Los horizontes de Javiera Díaz de Valdés

Javiera Díaz de Valdés

Por: Alfredo López

Fotos Claudio Robles Backstage Camilo Melús Producción Carmen Rosa Echenique Maquillaje y pelo Pablo Gálvez

Odia los lugares vacíos, el minimalismo y el desierto. Para la actriz, que este año será rostro fuerte en el cine y la publicidad, no hay nada mejor que perderse en un canal del sur de Chile y pasar la tarde frente a una chimenea. Y sobre su matrimonio con el escritor y conductor de TV Pablo Mackenna, confiesa que siete meses de separación no son más que una anécdota, “sobre todo si piensas que es una relación para toda la vida”.

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Javiera Díaz de Valdés (29 años, casada, una hija, Rosita) nos recibe en su nueva casa de Vitacura, un lugar donde convergen muebles antiguos, piezas de arte contemporáneo y cientos de objetos que van de lo kitsch a lo étnico. “Prefiero lo recargado, desordenado. No me importa si son cosas pequeñas, lo importante es que sean bonitas”, cuenta mientras pasea de la mano con su hija por el jardín, que parece una postal del sur en medio de la ciudad.

Hace dos años se separó y cambió departamento por casa. “No soy para vivir en edificios. Después, cuando regresamos con Pablo, buscamos otra casa en Vitacura. ¡Era horrenda! Pero mi marido es visionario y pudo darse cuenta de que tenía un tremendo potencial. Los amigos decían: ‘pero por qué se vinieron a este lugar. ¡Es un desastre!’ No nos importó nada y nos entretuvimos arreglándola, muy lentamente… Ahora es un agrado estar aquí”.

Dos café marcan su día. Uno a media mañana y otro a media tarde. Los necesita para funcionar, sobre todo ahora que inicia un año con proyectos en cine, TV y publicidad. En el segundo semestre estrenará To Leave, una película de Domingo García Huidobro grabada en la Laguna de Aculeo. También será dirigida por Germán Bobe, quien hará un filme sobre su hermano Andrés y un disco póstumo a una década de su muerte. En publicidad será rostro de Ripley por dos años y mantiene su contrato con Rapsodia. Sabe que cerró un buen 2010, con roles importantes en Mujeres de Lujo (CHV) y Primera Dama (Canal 13), pero no se muere por estar siempre presente en las áreas dramáticas de los canales más grandes. Se declara versátil y un día puede organizar el concierto-debut de Celine Reymond como cantante, o promover las joyas que diseña Constanza Dörr. “Me aburre hacer siempre las mismas cosas. Soy inquieta. A veces en teatro hay gente demasiado prejuiciosa y cerrada de cabeza… Es agotador. No hay nada mejor que convivir con distintas opiniones, realidades y trabajos. Eso me entretiene más que encerrarme en un mundo autorreferente”.

javiera-300Tiene tres gatos. Juanita es la mayor, la gata himalaya que hace un par de meses desapareció. “Cuando la compramos fuimos a buscarla a Valparaíso. Siempre dijimos que era nuestra primera hija. Es muy especial, odia a todo el mundo, menos a mí y a Pablo. Considera que todos son unos imbéciles y puede llegar a ser insoportable. Tiene una personalidad muy marcada, a veces se enoja conmigo, se aleja y me mira de mala manera”, argumenta entre risas.

—¿Es cierto que cuando se perdió fue a una vidente?
—Es verdad. Lo primero que ella hizo fue tranquilizarme. Me confirmó que la encontraría y me aseguró que la tenía una mujer rubia. Era todo cierto. También dijo que la gata estaba enojada conmigo.

—¿Por qué?
—La Juanita era la reina, pero luego tuve guagua, la Rosa, que se convirtió en el centro de todo. Obviamente la Juanita sintió que la estábamos dejando de lado. Más tarde llegó la Rubí, otra gata que apareció de repente por la casa y se sentó al lado. Me obligó a adoptarla. La llevé al veterinario y se puso linda.

Después de siete meses separada de su marido, admite que se dio cuenta de que su familia es lo más importante. “Cuando existe amor, cuidas lo que tienes. Lo aprendí ahora. A veces uno es un poco desafiante, tal vez por inseguridad. Es como si te vieras obligada a andar probando”.

—¿Intuyó que volvería?
—Dije se acabó. La posibilidad de darnos un tiempo no iba conmigo, menos eso de ver cómo se van dando las cosas más adelante. Era un corte definitivo. Pero de un día para otro nos juntamos y todo fue como antes. Ahora pienso que si uno logra que sea para siempre, siete meses de separación no son nada. En una vida, es una anécdota.

—¿Se fueron juntos de vacaciones?
—Al sur. Me siento cómoda en esos paisajes. Tal vez tiene que ver con que son lugares llenos, lejos del vacío, frondosos, con plantas, árboles, pájaros, lagos y nubes. Me encanta que se ponga a llover y que después salga el sol. En cambio el norte tiene esa cosa minimalista que no me gusta. Cuando he estado, por ejemplo, en San Pedro, me he tenido que ir. Esa cosa áspera, seca, vacía, no me hace bien. Los paisajes me afectan demasiado anímicamente.

—¿Qué prefiere entonces?
—Me encanta la playa, pero Pablo prefiere la cordillera. Al principio de nuestra relación yo lo acompañaba, y me daba cuenta de que algo me sucedía con las alturas, esas montañas tan altas. Era como un límite, siento que me duele estar ahí, que se oscurece pronto, que se me cae la piel y se me secan los labios. Es algo violento. El mar es distinto, amplitud y libertad.

Lea la entrevista completa en CARAS HOY del viernes 25 de febrero.

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