‘No quiero ser consecuente’
Boris Quercia de los '80... al 2010
Fotos Diego Bernales
Actor, director y ahora escritor. Hastiado del esfuerzo que significa hacer cine en Chile, encontró refugio en la aplaudida serie de TV Los 80 —que arrasa los domingos— y su exitosa primera novela, titulada Santiago Quiñones, tira. ¿Todo bien, entonces? Ni tanto. “Uno tiene el temor de saber en qué momento las cosas se irán a la cresta”.

En avenida Italia, una vieja casona fue remodelada y hace las veces de minúsculo mall con algunas onderas tiendas de ropa, muebles y obras de arte. En medio, en un patio abierto, se reparten las mesas de un pequeño restorán de comida italiana. Boris Quercia Martinic se sienta, pero busca rápido otra ubicación para evitar el viento que llega desde un largo pasillo. Ahora sí, se instala, hace su pedido de pastas con vino tinto, parte por la mitad una marraqueta crujiente y la unta con un buen paté que reemplaza la mantequilla.
En la medianía de los 40, su fisonomía está dominada por la delgadez y una cabellera canosa cortada en leve diseño mohicano. “No estoy tan flaco”, replica mientras, con las palmas de sus manos, toca su vientre.
—¿Estás viejo a los 44 años?
—Es una sensación terrible, porque por dentro me siento de 25. No hay caso: no logro acomodarme a mi edad. Creo tener una indefinida, entre veintitantos y treintitantos.
AMIGO DE LA BUENA MESA, NO COCINA MUCHO, pero se relaja entre los fogones. También es un hombre feliz en su trabajo —especialmente en la serie Los 80—. Reconoce encontrar placer ahí donde otros suelen toparse con malos ratos y monótona rutina.
Italianos-croatas, el hogar de los Quercia Martinic estuvo siempre plagado de cultura. Lectura, música y arte salpicaron con fuerza a los cinco hermanos. Por algo, además del actor-director-escritor, hay un arquitecto, un pintor y una bailarina.
Estudió en el Patrocinio San José y luego siguió teatro en la Universidad de Chile. Ahí comenzó una carrera tan ascendente como multifacética que lo ha tenido desde protagonista en el Gran Circo Teatro a director de cintas como ‘Sexo con amor’ o el ‘Rey de los huevones’. Eso, con varias escalas intermedias en teleseries y el mando supremo en la exitosa serie Los 80.
—¿Qué tipo de jefe eres?
—Eso depende mucho del equipo que tenga. Con quienes trabajo en Los 80 no debo estar persiguiéndolos, llamándoles la atención o pidiéndoles explicación. Cada uno hace lo que debe hacer, por eso no hay estrés. Todo resulta súper sano y grato.
Para Quercia existe algo clave en la vida: el humor. “Si uno se pone serio es mejor pegarse un tiro. Como alguien dijo por ahí, el problema de la gente es que suele andar con una copa de menos… Pero sé que la vida no es fácil. Si las cosas están bien, uno tiene el temor de saber en qué momento se irán a la cresta”, reflexiona pensando en la buena época por la que pasa.
Quizá por eso en sus creaciones intenta conseguir una mixtura: entretención y profundidad. Divertir y hacer pensar al mismo tiempo. “Lo que pasa es que muchos creen que la profundidad está en la gravedad. Entonces, se comienzan a pisar la cola haciendo cosas ultraaburridas, crípticas y, al final, se alejan de los espectadores”, dice.
Pide otra copa y habla un poco en italiano con el dueño del restorán.
—¿Eres un tipo de plata?
—No creo, pero sí estos últimos años, al menos, puedo pagar todas las cuentas. Antes de ‘Sexo con amor’ fue muy complicado. Para el estreno estaba tan endeudado que hasta tuve que vender porcentajes de la cinta. En Chile uno debe estar empezando siempre de nuevo. No importa el éxito que hayas logrado antes.
—Debe ser agotador partir de cero cada vez.
—Por eso ya no hago películas. El esfuerzo es tan enorme y el riesgo tan grande que no me dan ganas. No quiero buscar subvenciones, inversionistas y volver a poner la cara. Cansa mucho.
Entendible entonces que esté tan a gusto en la TV, donde sí hay una industria activa, con presupuestos relativamente generosos y equipos estables con los cuales puede trabajar por años.
TENÍA 14 AÑOS EN LOS ’80.
—¿Quién era Boris Quercia en esos años?
—Un tipo con melena de rulos, chaleco chilote, pantalón de cotelé y mocasines con suela crepé. Casi con morral. Muy lana.
—¿Ibas al Café del Cerro, escuchabas a Silvio?
—Iba mucho al Café… También pasaba metido en el cine arte Normandie, pegado viendo a Herzog. Pero, además, con harto carrete. A pesar de lo que estaba ocurriendo en el país, había que vivir. Uno no podía detenerse en el tiempo y decir voy a ser feliz cuando vuelva la democracia.
—¿Metido en la agitación política?
—Participaba en protestas, pero en la escuela de teatro teníamos un tono más creativo. Eran “acciones de arte”. Igual, alguna vez los carabineros entraron a la escuela repartiendo palos.
—¿Te llegaron algunos?
—Siempre me salvé. Me escondí en los baños y alguno me pasó por el lado nomás.
Quercia, eso sí, no formó parte de movimientos políticos. Tal vez por su espíritu gregario, que le ha impedido adherir a causas ideológicas y religiosas. “Quiero pensar un día de una manera y al día siguiente de otra, no ser consecuente con lo que alguna vez creí. No me interesa”, aclara. Ni siquiera se inscribió para votar en el Plebiscito de 1988.
—¿Por qué resultan tan inolvidables los ’80?
—No sé si son tan inolvidables. En 25 años más dirán lo mismo del 2000…
Para Quercia, la nostalgia sola no significa nada. Por eso cree que el poderío de la serie televisiva está en su estructura dramática, no en el recuerdo ni en el simple hecho de mostrar una zapatilla North Star.
—Muchos piensan que es más para TVN que para Canal 13.
—Para el ex TVN…
—¿Por qué ex TVN…?
—Es que ha cambiado mucho, no sabemos cuál va a ser el nuevo canal. Todavía vemos los resultados de la antigua estructura. Lo nuevo se notará a mediados de 2011. En Televisión Nacional tenía que morirse alguien para que entrara otro. Estaban súper apernados.
—Tampoco se sabe lo que pasará con el 13.
—Sí, y es algo bien emocionante. Se vive un momento atractivo y entretenido para los canales.
Empezó a escribir a comienzos de año. Ya había tenido dos o tres intentos fallidos de lanzarse con una novela, por eso quería concretar la idea. Y se hizo más fácil después de haber consumido largo rato cine policial y negro. Así, poco a poco, las páginas se empezaron a copar con la historia de Santiago Quiñones, tira, su primera obra lanzada hace unas semanas y bien reseñada por los críticos. “El personaje agarró vida propia. Más que inventar la historia, la fui descubriendo”, comenta.
—¿Qué diferencia hay entre crear un personaje literario y uno televisivo, teatral o de cine?
—La materia prima es la misma. En todos se explora al hombre.Además, todos parten en la literatura, de la palabra escrita.
—¿Dará Quiñones para película?
—Pero sin sufrir… (se encarga de responder rápido, seguro de que ya no quiere pasar malos ratos con tal de concretar alguna idea creativa). Me imagino a Santiago Quiñones, tira en una entrega por capítulos.
—Actor, director y ahora escritor. ¿Con qué te quedas?
—Con escribir. Quizá sea porque tengo mayor control sobre las cosas. En TV hay demasiados elementos inmanejables. Uno está siempre lleno de dudas.
Vea la primera parte del capítulo final de la tercera temporada
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