¿Vivir juntos? ¡Espérate un ratito!
Kel y Pablo Schilling en la línea de fuego...
Foto Diego Bernales Backstage Camilo Melús Maquillaje y pelo Taly Waisberg
Es la pareja del momento. Lucharon contra críticas, malos augurios, el grito en el cielo de la Argandoña y hasta de sus propios prejuicios. El, celoso. Ella, posesiva y mimada. Ambos frontales, onderos, con humor y también piñeristas. Los pololos más mediáticos de hoy cuentan cómo han sido estos meses de romance.
Aparecen en el hall del Hyatt tomados de la mano. De anteojos ultragrandes, altos, fachosos… juntos se ven bien. Y enganchados. Durante la entrevista no se sueltan las manos, se abrazan, aunque también discuten. “El es mucho más celoso que yo, ¡olvídate!, no deja que nadie mire a su mujer”, acusa Kel. “Perdón, ¿y tú?, tienes la manía de llamar y en vez de saludar lo primero que preguntas es ¿dónde estai?”, se defiende él. “No es por controlarte, soy así con todos mis amigos”, replica.
A pesar del tremendo carácter de ella, es Pablo Schilling (26) quien toma las riendas de la conversación. Una oportunidad para limpiar su imagen bastante ninguneada cuando comenzó su pololeo con Raquel Calderón Argandoña (19), por su fama de Don Juan, y por las polémicas y expuestas relaciones con la modelo argentina Mariela Montero y la hija de la Geisha, Angie Alvarado, a quienes conoció en el reality Pelotón. Lo acusaron de oportunista, de poco hombre (por no reconocer que andaba con Angie), de salir con mujeres mediáticas para conseguir pantalla. Y hasta la Argandoña ocupó su tribuna en el Buenos días a todos para patentar que no estaba de acuerdo. Pero Raquelita, confrontacional, la encaró en público y se la jugó con todo por su nuevo amor. “¿Por qué no le iba a dar una oportunidad? Es mi vida, no voy a guiar mis relaciones por lo que digan los demás o los paneles de farándula”.
Para Schilling, tener a los suegros en contra fue un aliciente en su conquista: “Me propuse doblarles la mano. No quería que cambiaran de opinión, sí que supieran cómo soy. No podían calificarme por mis últimos pololeos”, se defiende.
Llevan cuatro meses juntos. Se conocieron en mayo de este año, en el estelar de CHV Fiebre de baile, donde ambos participaron. Kel apostó por combinar la TV con su primer año de Derecho en la Universidad de Chile. Su cuento con la pantalla es largo: actuó en Karkú de TVN, integró el grupo musical Six Pack, que ganó el MTV Latino 2007, y formó su propia banda con la que pretende sacar un segundo disco en el verano. Hace unos días se incorporó a Acoso Textual de Canal 13. “Este proyecto me gustó porque podré desarrollar otra faceta, como entrevistar cantantes, ministros… Me encantaría conversar con Golborne, Hinzpeter… Soy la más chica de las panelistas, me puedo dar licencia para ser irreverente o preguntar lo políticamente incorrecto”. En su debut se robó la película: empinada en tacos ultraaltos hasta bailó reggaetón con Eduardo Bonvallet; la prensa y las propias panelistas del espacio aplaudieron su disposición, rapidez e inteligencia. Aunque también mostró su carácter cuando protestó ‘al aire’ por el inesperado saludo de su pololo; “¡nunca estuvo en pauta!”, reclamó Kel.
Pablo comenzó en la TV el 2005, en el reality La Granja Vip, dejando atrás una exitosa carrera de atleta del Centro de Alto Rendimiento (CAR) por una lesión a la rodilla. Se transformó en modelo, montó una productora con el ahora concejal de Estación Central Pato Laguna, y comenzó a recorrer Chile desfilando y animando eventos. Después de su paso por Pelotón de TVN, hoy conduce en el cable News box y Rankeado.
Pocos saben de su veta comercial. Con su hermano Francisco tienen inversiones inmobiliarias, y Pablo es dueño de siete propiedades. Estudia, además, un diplomado en desarrollo de nuevos negocios en la Universidad Adolfo Ibáñez (dicen que mandado por Raquelita), y no descarta partir a Hawai para abrirse camino como empresario.
“A KEL LA ENCONTRABA ESTUPENDA, PERO LA TÍPICA NIÑITA MIMADA”, recuerda Pablo. Ella cuenta que “aunque atractivo, no era mi tipo. Nunca había salido con un musculoso, con fama de carretero y fresco. ¡Fue una sorpresa que me gustara!”.
“¡Ah, tú eres el famoso Pablo Schilling!”, le dijo ella canchera la primera vez que lo vio en los ensayos de Fiebre de baile. “No más famoso que tu apellido”, le respondió él. Y recuerda: “No me identificaba con el grupo, y a ella la veía muy sola, nos empezamos a acercar”. “Nos hicimos compinches, enganchamos en el humor… y me empezó a gustar. Fue un proceso, con tanta gente diciéndome que las cosas no iban a resultar bien”, agrega Raquel.
A los dos meses de coqueteos y rumores de romance, un día la invitó a comer. “Eso fue clave: conversamos horas, ¡nos echaron del restorán!”. Kel coincide: “Me impresioné, tenía una imagen errada de él y había mucho en común. Es un caballero y me di la oportunidad”.
—¿Y a usted Pablo, le cambió la imagen de niñita mimada?
—La encontré súper independiente, madura, responsable, no sabía que trabajaba desde chica…
—(Interrumpe ella muerta de la risa) Y ese día le tocó conocer a su suegra, que te cuente…
—Pablo: Sí, ¡a los leones! Subí, Raquel estaba con un amigo llamado Cristián. Me saludó hola Pablito, siéntate, ¿una copa de champagne? Muy agradable. La Kel al lado mío, yo muy nervioso, y partieron las preguntas… ¡Me estaba sacando la foto!
—Bien valiente usted, pocos se atreverían a tener a ‘la Geisha’ y luego a ‘la Argandoña’ de suegra. ¿Cuál es más brava?
—Raquel es muy distinta a su imagen en TV. Es como cualquier mamá preocupada por su hija. Con la madre de Angie no tuve más contacto que una vez que llamó a Primer Plano… Y en otra oportunidad, animando un evento, me pidió el micrófono para pedirle al público que no catalogaran a su hija por lo que ella había sido en el pasado.
—Kel: Mi mamá no tenía nada puntual contra Pablo, sino con sus pololeos anteriores. No quería que me metieran en el mismo saco. Me decía: no lo conozco, pero va a dañar tu imagen. Siempre me repitió que el prestigio del nombre no se compra.
—Y a usted, ¿no le pesó su prontuario amoroso?
—Sí, obvio, no quería caer en la categoría de sus ex. Somos de perfiles distintos, y no lo digo por clasista ni por un tema de plata, sino por las actitudes y manera de resolver las cosas. Pero entendí que no podía juzgarlo por su pasado. Se los dije a mis papás, les pedí que confiaran en mí; entraron en razón, lo conocieron y hoy le tienen cariño.

—Pablo, hasta Hernán Calderón lo llamó.
—¡No, si le tocó duro! (se adelanta Kel).
—Pablo: Me dijo no tengo nada en tu contra, pero estás manchado por tus últimas relaciones, creo que las escogiste muy mal. Eres como esa raza de caballos blancos, llamativos, pero con dos manchas re’ feas. Le respondí que concordaba con él, y que por eso duraron lo que duraron. ¿Qué quería que hiciera?, ¡no tengo una goma para borrar lo hecho!
—¿Tan arrepentido está de sus ex?
—Debes sacar lección de los aciertos y errores. Aprendí a evaluar mejor con quién voy a estar.
—Pero fue chueco: a Montero le fue infiel con Angie, y a ella la dejó por Raquel.
—Con Angie terminamos tres semanas antes de entrar a Fiebre de baile. Y no fue pacífica la separación. De hecho, pedí a la producción no toparnos para evitar problemas.
—¿No espera un tiempo antes de otra relación?
—Es que el duelo con Angie lo empecé mientras estábamos juntos. Duramos un mes y medio, pero al mes ya te das cuenta si algo funciona o no. Ella se quedó una semana en mi departamento a la espera de que le entregaran uno que había arrendado; estaba peleada con su mamá, se iba a vivir por primera vez sola.
Se ven poco. Entre los estudios de leyes y el cargo de Raquel como representante transversal en el Centro de Estudiantes; y el diplomado y los eventos que anima Pablo, se juntan algunas tardes, los fines de semana salen a comer, a cumpleaños.
Pablo ya la llevó a conocer a su mamá a Viña. Ella recuerda: “Se demoró en presentármela, pero no tenía apuro, ¡mis suegras nunca me han querido mucho! Escogí la tenida dos semanas antes, ¡traumadísima! Y le advertía: Pablo, ni se te ocurra darme un beso, atiéndela sólo a ella… Es estupenda, ¡un amor!, muy preocupada de sus hijos. Buena onda, me sentí súper cómoda”.
—Pablo, dicen que Raquelita lo pulió, que hasta lo mandó a estudiar.
—Entré al diplomado antes de conocerla.
—Sí le exigió no desfilar más en ropa interior.
—Con lo posesiva que es, no le gusta que otras mujeres ‘disfruten’ a su pololo.
—Raquel: ¡Eres mío! (dice muerta de la risa)… No es bonito que tu pareja se suba a un escenario para que le griten ¡rico! No quiero eso para él, tiene capacidades y potencial para hacer muchas otras cosas que desfilar en calzoncillos.
—Pablo: Tuve que bajarme de una campaña de ropa interior para Alemania que tenía firmada. Estábamos recién saliendo, y cuando le conté me dijo: ¡¿cómo?!, ¡¿qué?!, ¡estás loco! Vi que le molestaba y me salí.
—¿Enamorado o macabeo?
—Macabeo, ¡obvio! Para darle en el gusto.
“SOY CELOSA, PERO PARA ENOJARME EN MALA, ¡ME TIENE QUE DAR MOTIVOS! Eso sí, él es mucho más que yo. Le costó entender que mis amigos me llamen, almuerce con ellos…”.
—Pablo, ¿es de hacer escándalos?
—No. Soy celoso con la ropa. Si vamos al vip de una discotheque, ¡no puedes andar con minifalda! Pero ella no acepta críticas.
—Raquel: ¡Qué barsa! ¿Sabís qué?, ¡soy súper ubicada! Nunca nadie me ha pedido que me cambie, ni voy a aceptar que me digan cómo vestirme, ¡ahí tenemos problemas! Soy grandecita y tengo gusto, ¡así de celoso es este niñito!
—Pablo: ¿Y tú? La primera vez que salimos con su mamá y hermano fuimos a un restorán en el Cajón del Maipo. Entramos tomados de la mano…
—(Interrumpe ella) ¡No, para!, yo sigo porque tú lo vas a suavizar… Mira, estaba el típico grupo de mujeres solteronas buscando marido, y una mira a Pablo de arriba a abajo y le dice: ¡ah no, lo más espectacular que he visto en la noche! Y mi mamá salta: Raquelita, ven para acá; no dije nada. De vuelta, la misma: ¡ah no, es que te juro, ¡estupendo! Ahí colapsé: ¡hey gorda!, ¡¿qué te pasa?!, podría ser tu nieto, ¡ubícate!… Estaba furiosa, ¡vieja barsa!
—Pero él también es coqueto, Francisca García-Huidobro lo acusó de enviarle mensajes de texto.
—Pablo: Nunca, ¡jamás! ¿por qué no los muestra? Fue una estrategia de su programa (Primer Plano). En ese momento mi ex polola (Angie) hablaba pestes de mí. Y si todos decían que era infiel, ella quiso aportar su grano de arena. Contó que mientras estaba con la Kel, yo andaba con otras. Le mandé un mensaje para que lo aclarara…
—Y Raquel, ¿no le afectaron esos rumores?
—Fue penosa la situación: la Fran con los supuestos mensajes, que andaba con niñas, ¡si estuvo con más mujeres que días de la semana! Mira, no me voy a meter con la Francisca García-Huidobro, le dejó de crujir cuando terminó con Julio César (Rodríguez)…
—(Schilling la apoya) Tiene resentimiento con los hombres porque no ha tenido suerte en el amor. Es más fácil meterlos a todos en el mismo saco: malos, incapaces de hacerla feliz. Debería evaluar por qué realmente no ha tenido suerte…
—¿No le da lata su mamá siga opinando de sus intimidades y critique a sus pololos?
—Mis papás tienen derecho a hacerlo, pero a estas alturas no me pueden imponer nada. Yo también fui súper crítica con sus parejas, aunque entendí que son libres de elegir; claro que con límites. Si andan con un atarantado, ¡me voy a meter!
—¿Le gusta Karla Müller, la nueva pareja de su papá?, se dijo que esperaban un hijo.
—Es un rumor, él me confirmó que era mentira. Finalmente, es su decisión y su familia, no me meto.
—A Alejandra Alvarez, en cambio, le hizo la guerra. Ella la acusó a usted de robar las famosas fotos en que aparece desnuda.
—No hablo más de esa mujer. Esas fotografías fueron una vergüenza para todos, lo pasamos muy mal, entonces es bastante ridículo lo que plantea.
—Kel, ¿tendría un hijo sin libreta?
—Sí, ¡obvio! ¿La otra opción es abortar? ¡No podría, jamás! Sí quiero casarme y formar familia con mi marido. Tal vez no resulte para siempre, pero darme la oportunidad. Y si toca que me separe, no lo haría mediático como mis papás. Nos hizo mucho daño con mi hermano.
“Es indispensable convivir antes de casarte —sostiene Schilling—. Matrimonio son palabras mayores. También soporté la separación de mis padres y no quiero que me pase. Ahora, si no funciona, un hijo no te puede amarrar”.
—Raquel, ¿se iría a vivir con Pablo?
—Llevamos cuatro meses, soy cauta. Sí creo que convivir es importante, es muy distinto puertas adentro. Me iría con alguien cuando lleve años.
—Pablo: En el futuro, y si seguimos bien, no sería malo experimentar vivir juntos con la Kel. Es necesario avanzar, quemar etapas.
—Raquel: ¡Espérate sentadito nomás! Tan luego no mi amor…
—Pero usted dijo que a los 18 se iba de la casa.
—Ya compré mi departamento, al lado de mi mamá; me lo entregan en julio del próximo año. Quiero irme a vivir sola, pero cuando estás estudiando y llegas tarde, es rico que te esperen con un plato de comida. Y ahora que está mi hermano, menos quiero irme. Con una propiedad me siento segura: puedo partir cuando me den ganas.
—¿Y con permiso para dormir afuera?
—Da lo mismo, son detalles de la relación. Mis papás me dan libertad con Pablo, confían en él, aunque tampoco me dan chipe libre. Mi mamá es muy estricta. Ella es racional, fría, así me crió, pero salí más sentimental, soy más débil en ese sentido.
—¿Enamorada, Raquel?
—No sé.. A veces pienso que lo amo, otras ¡lo quiero matar!, cuando llega tarde…
—Y a usted Pablo, ¿le dan ganas de matarla?
—Mmm… Sí, de repente. Que pretenda que la relación gire en torno a ella es complicado. Está acostumbrada a que los hombres le den en el gusto, que sus papás la consientan, y la vida no es así.
—¿Enamorado?
—Lo estaré el día que quiera que una mujer me dé un hijo. Lo normal es que al comienzo, más que amor, haya enamoramiento…
—Raquel: Ya no te amo, ¡pesao! (lanza una carcajada). Aunque él es indispensable en mi vida, no me ciego a que llevamos sólo cuatro meses.
Ambos se declaran piñeristas y Raquel no descarta una futura carrera política: “Lo decidiré más adelante, me gusta, aunque es difícil y debes tener cuero de chancho. Primero quiero sacar mi carrera”. Y agrega: “Piñera tuvo muy mala suerte: terremoto, mapuches, mineros, aun así ha hecho un muy buen gobierno. Su mente empresarial es buena para el país, aunque la gente prefiera el estilo Bachelet: mamá de todos los ssshilenos”, lanza irónica.
—Y usted Pablo, ¿tiene alguna postura política?
—No me abandero con los partidos, sí con las personas. Sebastián Piñera me logró encantar.
—Como ex deportista del CAR, ¿le tocó ver alguna irregularidad en la entrega de becas deportivas? Se lo pregunto a raíz de las últimas denuncias.
—Partiendo porque mientras estuve ahí, uno de los directores pololeaba con una chica a escondidas, y sólo a ella le aprobaban los proyectos. En Chilerecortes (dice irónico por Chiledeportes) muchos de los que ponían la firma para que te aprobaran financiamiento se quedaban con la mitad. Si pedías 20 millones anuales, se quedaban con diez. Tenías que quedarte callado y arreglártelas; más valía tener algo a no tener nada. A mí nunca me aprobaron un fondo deportivo, pero lamentablemente fue lo que me tocó ver.
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