Parsons & Yarur non stop
La supermodelo y el heredero
Santiago, Londres, Nueva York, Saint Tropez… esta dupla no para. Pero fuera de las fiestas, comparten trabajo, cariño, intimidad y más de alguna pena. Hasta podrían haber sido hermanos… Hoy desclasifican su amistad secreta.

Podrían haber sido hermanos, si no fuera porque la mamá de Carola Parsons (30) prefirió ser amiga de Amador Yarur en vez de polola… “Habría nacido bonito”, dice muerto de la risa Juan Yarur (25). Pero lo cierto es que recién se conocieron hace tres años y nunca más se separaron. Hoy son la pareja chilena más internacional. Ella ha sido portada de las principales revistas de moda, amiga de figuras como Naomi Campbell y ex pareja del millonario norteamericano Giuseppe Cipriani, con quien terminó una relación de ocho años y de la que hoy prefiere no hacer más comentarios. El, hijo menor y heredero del poderoso empresario Amador Yarur Banna, que murió dejándole parte de su imperio. Nadie imagina que son una dupla afiatada, íntima, cómplice, que recorre el mundo con códigos, vivencias, miradas y un mismo lenguaje.
Las últimas semanas han sido agitadas. Primero estuvieron en el cumpleaños de Naomi Campbell en Mónaco, donde Juan fue de acompañante. Una fiesta insuperable. “¡Uf, increíble! Cantó Grace Jones, los Black eyed peas, ¡y sus canciones las coreaba Marc Anthony con Jennifer Lopez! Todo el mundo conocía a la Carola. Yo decía: yaaa, ¿en serio? Un groupie más entre puros fans”, dice Juan.
Luego, vino una fiesta en Cannes, ella con abrigo de chinchilla y él de etiqueta, ambos diseños de un amigo en común, el chileno Adolfo Fernández. Hasta les enviaron un Maserati para llevarlos desde el hotel… Y ahora están volviendo de Saint Tropez donde pasaron unos días en el yate de un amigo…
Para esta entrevista el escenario fue Wall Street, en pleno corazón de Manhattan, donde Carola acaba de inaugurar su departamento de soltera. Un edificio antiguo, espacioso y remodelado, que los neoyorquinos llaman residences, “porque posee los mismos servicios de un hotel: ni siquiera tengo que bajar la basura”, cuenta. “Es que te mueres lo lindo que es. Wall Street está de moda”, reconoce Juan, quien con un amigo arrendó un piso en Chelsea, el barrio cultural y gay, a pasos de las galerías y del ondero Meatpacking District.
—Te pedí que te quedaras conmigo y no quisiste… (le reclama ella).
—Es por un tema técnico (aclara Juan). Chelsea queda cerca de los lugares a los que tengo que ir. Habría sido buena onda estar contigo, pero dos meses es como irse al chancho, ¿o no?
—¿Y cómo sería esa convivencia?
—(Los dos ríen): ¡Nos llevamos súper! No nos complicamos.
Juan lleva dos meses en la Gran Manzana. Está dedicado a ampliar su red de contactos y detectar nuevos artistas y tendencias para la Fundación Ama, que creó en honor de su padre, además del rol como miembro del comité de adquisiciones de la Tate Modern Gallery de Londres. Ella sigue imparable con su carrera de modelo y por estos días negocia cambiarse de agencia.
“Todo el mundo debe pensar que lo pasamos bomba, puras fiestas y vida social… Aunque no lo parezca, trabajamos harto, hacemos muchas relaciones públicas, vamos a comidas, y eso a los dos nos sirve. No estamos acá para carretear. Si toca, divertido, pero no es nuestro objetivo…”, agrega la modelo.
—Cualquiera se los imaginaría de club en club, con una copa de champaña en la mano…
—Carola: Cuando salimos nos gusta ir a los nightclubs que acaban de abrir para ver qué está pasando, cómo es la decoración, el lugar…
—Juan: En este momento lo top es el Boom Boom Room, en el último piso del Hotel The Standard. Acaban de estrenar una terraza increíble. Y ahora dicen que se convertirá en un club privado. También está el Kenmare, el Bowery Hotel con sus upstairs parties, el Jane Hotel, The Lyon, Cipriani downtown donde se come siempre muy bien, Il Bucco y el Hotel Griffou.
Juntos entregan los imperdibles en tiendas de ropa: “Seven New York (Mercer Street), Jeffery’s, Opening ceremony, Oak y Kirna Zabete”.
Juan lanza lo que hay que ver en arte por estos días: “Boltanski en Regiment Armory, ir a a la Neue Galerie y a la Frick Collection que celebra 75 años”.
—O sea que, además de una amistad, lo de ustedes es como una sociedad…
—(Juan se apura en aclarar): Es una complicidad. Nos queremos, nos protegemos… Y como Carola vivió 16 años en NY, me ayuda y yo a ella. Somos muy amigos.
Hay dos versiones sobre cómo se conocieron. Confidencia Juan: “La primera, es que hace muchos pero muchos años, mi papá perseguía a su mamá… (Carola le pega un codazo, no quiere hablar de eso…). ¡Pero qué tiene! (dice Yarur y sigue como si nada). Un día él se puso fresco y ella, que es una señora increíble a la que adoro, lo mandó a la punta del cerro. Le dijo: ¿sabes qué? No soy una cualquiera, ándate… Lo divertido es que después se hicieron muy amigos. Tanto, que cuando él conoció a mi mamá le preguntó la opinión a ella. Y, como le pareció perfecta, se casó… Las dos familias siempre estuvieron comunicadas”.
—Por poco fueron hermanos.
—J: ¡Verdad! ¡Y yo habría salido bonito!
La segunda versión se remonta a hace tres años. Carola llegó al cumpleaños de Juan con un amigo en común que los presentó. “Hablamos toda la noche, no pescamos a nadie más”, cuenta Juan.
—Carola, ¿qué impresión tenía antes de él?
—Lo encontraba increíble. En ese tiempo mis visitas a Chile eran muy puntuales, trabajaba y luego volvía a NY; todo lo que sabía de él era por las revistas que veía en el avión. Cuando por suerte lo conocí, fue un alivio. ¡Al fin una persona con la que me podía entender! Porque en Chile me cuesta mucho coincidir con alguien que esté al día con lo que está pasando no sólo en el país, también en Londres, NY… Además que Juan es muy humano, hace un esfuerzo enorme por ser sencillo.
—J: Tú me conoces bien y sabes que me da vergüenza mostrarme tal como soy.
—C: Pero no puedes avergonzarte por estar al día en lo que haces y saber exactamente cuáles son las tendencias, las modas, los artistas…
—J: En NY a Carolina le decimos Carolinapedia… ¡Sabe todo! Me siento inculto a su lado.
—C: ¡Qué exagerado!
—J: O sea, hablas cinco idiomas, contestas lo que te pregunten.
—C: Es que leo siempre el diario. Y con internet estoy actualizada de lo que ocurre en mi país.
—Y usted Juan, ¿sigue suscrito al diario?
—J: Sí. Fue el regalo de una amiga para que yo estuviera al tanto de lo que pasa…
—¿Por ejemplo, Juan, qué opina del Acuerdo de vida en común, que apunta a regular patrimonialmente a las parejas de hecho?
—Cuando supe que Allamand estaba en eso, llamé a su hija Olivia —que conozco harto— para ayudarlo en algo. Cuando vaya a Santiago veré en qué puedo aportar, me gustaría cooperar.
—¿Haciendo qué?
—Lo que pueda. Para la mayoría de las parejas de hecho, independiente del sexo, hay injusticias… Por ejemplo, si tu conviviente está en coma sólo lo pueden ver los familiares directos y no tú porque no hay un vínculo legal ¡Na’ que ver! Lo mismo con la herencia; hay personas que se quedan en la calle después de haber pasado la vida juntos sólo porque la familia no acepta la relación.
—¿Está a favor del matrimonio homosexual?
—¡Yo full! Pero vivimos en Chile… Igual la sociedad se está abriendo, pero falta…
—(Carolina agrega): La unión entre personas del mismo sexo siempre fue parte de nuestra realidad, no podemos hacernos los ciegos. Debemos darles los derechos legales correspondientes. Que Piñera lo haya propuesto es valorable, ojalá que cumpla.
—¿Qué dicen del conflicto de la Iglesia, hoy acorralada por acusaciones de abuso tanto en Chile como a nivel internacional?
—C: La Iglesia me decepcionó, al igual que a muchos católicos en el mundo, pero no culpo a todos los sacerdotes sino a las autoridades por su falta de acción. Por ejemplo, el cardenal Bertone en su visita a Chile dijo que en un estudio (que nunca se demostró) existía un vínculo entre pedofilia y homosexualidad, ¡qué irresponsable! Tampoco creo que haya relación entre celibato y pedofilia: es gente enferma independientemente de su vocación u orientación sexual.
Juan agrega: “Los pedófilos son lo peor. Un tremendo crimen jugar con la mente de los niños. Si alguien tocara a uno de mis sobrinos, yo lo mato”.
Apasionados, intensos, ninguno ha tenido una vida convencional… Carola fue supermodelo a los 17 años y Juan ya era millonario a esa edad.
—¿Se sentían muy aislados?
—C: Me gusta esa definición.
—J: Pero los dos tenemos amigos y familiares que nos adoran. Es extremista pensar eso…
—C: Es que Juan y yo somos muy familieros. El se va de vacaciones con sus sobrinos, y yo ahora viajo a Chile a la confirmación de mi sobrina.
—¿Qué costos tiene la vida que llevan?
—J: En Chile me siento menos libre. Hablan cosas que no son ciertas… No me duele, pero me afecta que los que están cerca mío sufran por eso. La Carola y yo estamos conscientes de que nos van a prejuzgar y tenemos que esforzarnos por demostrarle a la gente cómo somos realmente.
—C: No he dejado de gozar las cosas y situaciones que la vida me regala. Pospuse momentos con mi familia, pero la recompensa ha sido enorme…
—Y en esta amistad, más allá del trabajo o las salidas, ¿hay más intimidad, si es que alguno está con pena o quiere un consejo?
—(Juan es categórico) ¡Obvio!, de lo contrario sería muy frívolo. Hay fondo, pero no puedo dar ejemplos porque son cosas súper personales, situaciones que le puedes contar a muy poca gente. Pero nos damos consejos sentimentales, de todo tipo…
—También les ha tocado estar juntos en los desengaños y rupturas amorosas, ¿o no Carola?
—C: De todas maneras, estoy agradecida de Dios de tener un amigo como Juan. El me hace sentir que me escucha, aunque esté pensando en cualquier cosa o metido en Twitter, con el blackberry o peinándose por enésima vez (risas)…
—J: La Carola me explica cómo son las cosas… No siempre le hago caso… pero después me da rabia ¡porque tiene toda la razón!
—¿Carolina lo reta?
—J: No, pero igual me dice que la cagué…
—C: Me encanta decirte, ¡te lo dije, te lo dije!
—Por ejemplo, en su ruptura con Giuseppe, ¿Juan estuvo cerca?
—(Responde él): Eso fue un tema largo y tranquilo. Nos juntamos en Santiago y hablamos.
—Carola advierte: Tengo que recalcar que somos muy optimistas. A lo Scarlett O’Hara: Mañana será otro día… Juan es una persona muy sensible y apasionada, con la fuerza y optimismo de encontrar rápidamente el lado feliz de la vida.
—J: ¡Me estoy emocionando!
—C: Es que a la gente se le olvida que Juan ha sido muy solo, que ha tenido que romper un montón de barreras desde chico.
—¿Qué prejuicios han sufrido?
—J: Por lo general son los amigos de la Carola que tienen otras ideas de mí, y ella siempre sale a defenderme… Me cuesta darme a conocer… Me da nervio. Es un tema que he trabajado.
—¿Se han peleado alguna vez?
Los dos a coro: “¡No!”.
—Juan: Aunque no me han faltado las ganas cuando te tengo que abrochar el vestido…
—¿Cómo?
—C: Para el cumpleaños de Naomi me puse un diseño de Dior con 60 botones ¡enanos! Y adivina quién me los tuvo que abrochar… ¡Pobre Juan!, y yo más encima retándolo, ¡ya pues, apúrate!
—J: Y yo de smoking, ¡todo transpirado!… ¡no tengo las manitos tan chicas!
—¿Vieron a Chile en el Mundial?
—J: Sí… La Carola mirando un partido es cosa seria…
—C: Es que soy hincha. Son todos tan estupendos, buenos para la pelota… Mark González, por ejemplo, ¡qué guapo! Y qué te puedo decir de Sánchez, de Vidal, ¡regios!, con unos cuerpos salvajes. Me hicieron muy feliz y estoy orgullosa. Y si ganaban, ¡juro que me hacía un tatuaje con La Roja!
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