Especial HOMBRES. El embrujo de Américo
Música
Fotos Claudio Doenitz
Fue baterista y rockero. Tímido, alumno de 6.8, alguna vez pensó estudiar Medicina. Una pena de amor lo hizo escapar de Arica. Tiene 32, dos hijas teen y una pareja de años. Monarca de la música tropical, está a punto de lanzar su autobiografía.

Pocos conocen a Domingo Jhonny Vega Urzúa, un personaje anónimo, desconocido y lejano. En cambio, Américo es un tipo popular, vendedor e idolatrado.
La mitad de su vida Domingo ha sido en realidad Américo, y por eso es que el actual ídolo de la música tropical en Chile ha consultado al registro civil y planea oficializar su alias: ahora se llamará Domingo Américo. Un treintón de apariencia adolescente, tímido e introvertido. Conversa en un tono bajo y en sus palabras siempre hay una sensación de pureza y sinceridad. Bueno, bueno. Con él no hay dobles sentidos, polémica o juicios severos.
Nació en Arica, en medio de una familia de esfuerzo comandada por un padre empeñoso que se dedicaba con igual entusiasmo al fútbol, el comercio y al canto. Melvin Corazón Américo era el cantante-patriarca y fue quien acercó a su hijo al mundo de la música popular. Su mamá, María, entusiasmaba a Domingo para que dejara el rock y pusiera atención en las alegronas cumbias con aroma a altiplano.
Domingo tenía apenas siete años cuando acompañó por primera vez a su padre sobre un escenario. Pero a él le gustaban más los acordes duros del rock pesado. En vez de estar con un micrófono prefería golpear con unas baquetas los tambores de la batería.
Fue una especie de nerd nortino que jamás estuvo cerca de juergas ni vicios. Su grupo más próximo era su familia y algunos amigos eternos del liceo que incluso tenían llave de su casa. Domingo se juntaba con ellos a cantar, si armaba algún carrete era en la casa de uno de sus compinches, avisaba a su mamá en qué pasos andaba y buscaba trabajos esporádicos para tener dinero.
Alumno destacado, Domingo Jhonny jamás dio problemas de conducta y sus notas siempre lo ubicaron en el podio de los estudiantes premiados a fin de año.
—Es curioso que haya sido metalero…
—Sí, me gustaba el rock pesado. Nos juntábamos con amigos y escuchábamos a Slayer o grupos así. Pero después fui buscando otras tendencias y me acerqué a Nirvana, Soundgarden, Radiohead o Stone Temple Pilot, que es hasta hoy mi conjunto favorito.
—¿Y en esa época soñaba con ser el vocalista de una banda?
—No, quería ser baterista.
—¿Y era el tipo de adolescente rockero bueno para tomar en las playas de Arica?
—Para nada. Tenía un grupo de amigos que eran atinaditos para estudiar y que se dedicaban a buscar trabajo en las vacaciones y fines de semana para juntar algo de plata. No éramos buenos para salir.
—Debe ser extraño terminar como monarca de la música tropical…
—Sí, es raro. Es que mi papá insistía en que me dedicara al canto. Decía que me iba a perder si seguía como baterista. Lo que pasa es que en Arica había harta de esta música andina electrónica, como cumbias, y a mi mamá le gustaban, me pedía que las cantara. Yo le decía no pasa na… Muchos tocaban en salones bailables y tenían espacio en las radios. Ahí me di cuenta de que les iba relativamente bien y decidí probar en una de estas bandas, para ganar algo de plata. La primera fue Combinación tropical. Tenía como 15 años.
—¿Es verdad que pensó estudiar Medicina en la Universidad Austral?
—Sí, fue a raíz de un accidente en auto que sufrimos una vez que íbamos a Calama. Nos dimos vuelta. Después de eso me tocó estar mucho tiempo acompañando a mi hermana menor en su proceso de rehabilitación y curaciones. Creo que ahí se produjo la conexión con la cosa médica. Pero al final ganó la música.
—¿Y sus padres preferían verlo como universitario o como cantante?
—A mi papá le gustaba la música. Ni se tomaba la molestia de saber de qué se trataba la universidad. Mi mamá, después del accidente quiso que yo optara y fuera feliz nomás.
—¿Y usted?
—Lo tenía decidido. Pero la determinación también tuvo que ver con las ganas que tenía de salir de Arica. Soy muy romántico y cuando terminé con mi primera polola lo único que quería era irme. Eso ayudó a elegir la música.
—Su padre tuvo equipos de fútbol en el norte. ¿No quiso ser futbolista?
—Nunca. Jugaba bastante, pero era más apasionado que talentoso. El deporte se acabó después del accidente, debido a las complicaciones que tuve en la cadera.
Reportaje completo en CARAS Especial Hombres del 4 de junio.
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