Cantagoles
Claudio Negro Palma
Fotos diego bernales
Hoy es el relator más seguido por los hinchas. Quiso ser futbolista y estudió podología. Convive con una bipolaridad mientras su voz sirve como ringtone de celular. Voz oficial del Canal del Fútbol, transmitirá los partidos de la selección en DirecTV. Para muchos, es el llamado a suceder a Carcuro…

Claudio Palma está sorprendido: instalado bajo el arco de una polvorienta cancha de fútbol en medio de una villa, el hombre pone atención en la contradicción que entregan pocos metros más allá unos modernos edificios con aire de Wall Street.
El polvo se levanta y los lustrados y oscuros zapatos de Palma se entierran. El relator está impecable con su terno negro, el mismo color que comandan su piel morocha, ojos oscuros y pelo azabache. Palma se crió en una antigua villa de trabajadores de la Papelera en Puente Alto. Su casa era grande y patronal. Allí vivían los cuatro hermanos, un padre operario y una mamá dueña de casa. El era un niño flojo, pero no le importaba mucho: quería ser futbolista. El deseo se explica por la influencia de su papá, presidente de Granja Juniors, un equipo de cuarta división que aglutinaba a los vecinos.
El muchacho fue aguatero en el club, viajaba con los jugadores y después comenzó a entrenarse como arquero. Llegó a probarse a las inferiores de Cobreloa, pero fue una época de frustración: no sólo debía hacer varias veces a la semana un agotador viaje en micro desde Puente Alto hasta Pudahuel, sino que se hizo habitual en la banca de los suplentes.
Al ver que en Chile su carrera no llegaría a ninguna parte, pensó irse a Perú o Bolivia para buscar suerte en una competencia de menor nivel. Pero nunca lo hizo. Desorientado, ingresó a estudiar podología. Duró apenas dos días en los pies de otro.
—¿Todos los relatores y comentaristas son futbolistas frustrados?
—Creo que sí.
—¿Cómo se da cuenta de que el relato de un partido ha sido bien logrado?
—Cuando lo grabo, lo escucho y me sorprendo por alguna frase que dije en un momento álgido del encuentro. El problema es que soy autoflagelante y obsesivo. De hecho, mi doctor me dijo que no me escuchara más para que no siguiera complicándome.
—¿Es verdad que tiene un cuaderno donde apunta todos sus errores?
—Sí, siempre estoy anotando. Escribo para construir ideas que después uso en los relatos. Por ejemplo, hay una canción de Los Prisioneros que dice No te pares frente a mí. Una vez la apunté y después la usaba en los tiros libres. Pero como soy autoflagelante, la recomendación fue que no lo hiciera más.
“Autoflagelante” es una palabra recurrente en el diálogo con Claudio Palma. Es su manera de referirse al tratamiento de su bipolaridad, una enfermedad que se gatilló hace años y que gracias a un largo tratamiento siquiátrico ha logrado mantener a raya, pero que en algunos momentos de su vida lo llevó, por ejemplo, a enviar a su familia lejos en Navidad, con tal de pasarla solo.
—¿Cuál ha sido el error más grave que ha cometido en una transmisión?
—No relatar un gol de la Universidad de Chile en un clásico con Colo-Colo en el Monumental. Creo que los albos ganaban 3 a 1 y me puse a tomar bebida. Dante Poli, que estaba al lado, me dijo: ¡Weón, es gol! ¿Cómo que gol…?, le contesté. Me di vuelta y los de la U ya iban al centro de la cancha. Abrí el micrófono y dije: ¿Fue gol? No lo puedo creer… Al final lo tiré a la talla, pero me lo comí. Llegaron muchos e-mails de gente de la U reclamando e insultándome.
—¿Recuerda cuál fue su mejor relato?
—Creo que estuvo bien el de Chile-Argentina, aunque cuando vuelvo a escuchar el gol chileno no me emociono como debí hacerlo. La construcción del relato me gustó, pero el remate no. También me agradó el último gol de Colombia-Chile, porque lo armé sobre la marcha.
Esa tarde, en octubre de 2009, cuando Chile selló su viaje al Mundial, Claudio Palma se largó en un extenso discurso en honor a su papá muerto: Padre, padre, padre querido. Tú que me llevaste por primera vez a un estadio. Viejo, tú que me hiciste conocer de cerca las estrellas del fútbol y que te fuiste antes de lo previsto para estar más cerca de ellas…
—¿Estas frases son espontáneas o hay una pauta previa?
—Hay algo de preparación, pero muchas cosas surgen en el momento. Como el discurso de Don Francisco cuando partió la Teletón para el terremoto.
—Entonces llevará algo más o menos listo por si Chile le gana a España y pasa a segunda ronda…
—Sí, claro. Debiera ser algo como que este país que se cae del mapa derrota al monstruo del fútbol. Que David nuevamente vence a Goliat…
Palma se inició en el relato arriba de un furgón, cuando se encargaba de recorrer los barrios anunciando los partidos de Granja Juniors. Un día su padre lo recomendó con un amigo que trabajaba en radio Yungay. El muchacho se convirtió en una suerte de corresponsal deportivo en Puente Alto, luego fue notero de cancha y de ahí pasó a narrar encuentros amateur. Hasta se compró una radio de onda corta para analizar y sacar ideas de los relatores argentinos.
Hoy, el Negro —40 años, casado, dos hijos— está en radio ADN y tiene una sorprendente legión de fieles que siguen su particular estilo en el CDF. Una adhesión que quedó clara cuando muchos hinchas preferían ver los partidos de la selección en el cable y no por el canal de televisión abierta que los transmitía.
Por eso no son pocos los que consideran que Palma está destinado a una posta mayor: convertirse en el sucesor de Pedro Carcuro como el cantagoles de La Roja.
—¿Qué le pasa cuando ve comentaristas que tienen trabajo en TV, radio y diarios? ¿Tres sueldos no son un exceso por hablar simplemente de fútbol?
—Y hay algunos que tienen más de tres trabajos… Si el mercado da y tienen tiempo, no me parece un exceso. Eso sí, no sé si pueden responder bien en las tres pegas. No conozco uno que sea seco en las tres partes.
—¿Cree que existe relación entre los sueldos que tienen los comentaristas y el grado de especialización y rigor en la labor que desarrollan?
—Uno ve programas en TV que tienen golpes noticiosos, incluso se adelantan a las policías. En eso creo que hay una deuda del periodismo deportivo, que juzga mucho pero que no investiga.
—¿Suelen ser los comentaristas simples opinólogos del fútbol?
—Hay muchos que son omnipotentes, hablan desde el estrado, a lo Mauricio Israel. Son una especie de ‘mesías’. Eso no me gusta. Tampoco me agrada que las radios se llenen de ‘rostros’.
—¿Y usted acaso no es un ‘rostro’?
—Mira, no sé la razón, pero soy uno de los tipos que más quiere la gente en el deporte. Debe ser porque me ven cercano. No soy de los que dicen mira, vengo llegando de Italia. La gente esperaba que apareciera alguien como ellos, que hablara como ellos, que tirara tallas como ellos. No sé si soy bueno o malo, pero soy distinto.
PALMA TIENE CLARO LOS GOLES QUE LE HABRÍA GUSTADO CANTAR: el tiro libre “imposible” de Jorge Aravena a Uruguay de 1985 en el Estadio Nacional, el de Marcelo Salas en Wembley y el de Zamorano que sacó campeón al Real Madrid. Entre Salas y Zamorano, no se decide por ninguno. “Los dos fueron muy grandes”, dice. ¿La mejor liga del mundo para él? La española. ¿El mejor jugador del planeta? Clarito: Lionel Messi.
—¿Se relata con la misma pasión un Colo-Colo con la U que un Palestino-San Felipe?
—Es distinto. Lo que pasa es que existe un tema con el público que está en el estadio y el sonido ambiente. Eso es clave para el relato. Me gusta sentir a los hinchas en los fonos. El público me lleva a la emoción y uno a emocionar al tipo que quizás está escuchando en Isla de Pascua.
—¿Y cómo lo hace cuando narra los goles de su equipo favorito?
—Es que hoy no me gusta ninguno.
—¿Ninguno…?
—Mis preferencias pasan por las campañas que han cumplido los clubes a nivel internacional. Por ejemplo, me gustaba mucho el Colo-Colo de Borghi. También la Católica de Pellicer. Y la U de 1996. Ahora, si me preguntas por alguna afinidad más permanente, te diría que es Magallanes.
—¿Le importa, por ejemplo, la suerte de Pellegrini y el Real Madrid?
—No me corto las venas. Lo respeto, pero mi tema es la competencia chilena. En vez de leer sobre Pellegrini me gustaría saber más de los jugadores de Lota o la suerte del estadio de Naval de Talcahuano. Este es mi fútbol, no la Champions League con sus páginas y páginas de cobertura. ¡Me empelota la Champions League!
—¿Y se identifica con el mundo de los futbolistas? ¿Es amigo de ellos?
—Soy cercano con los ex jugadores con que trabajo en el Canal del Fútbol. Con lo demás no. Es un mundo distante para mí. Yo no vivo de los futbolistas, así que no me interesan.
—Juéguesela: ¿hasta qué ronda llegará Chile en el Mundial?
—Es de pronóstico reservado. Creo que nos va a ir bien. Eso sí, ojalá no nos topemos con Brasil…
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