Mane Swett… Atrevida
Actriz
Fotos Claudio Doenitz Producción María José prado Maquillaje Maca Matte Pelo Mauricio Jiranek

Sus aventuras en La ruta de Shangri-la lideran la sintonía cada domingo. Un viaje alucinante que la obligó a superar trancas y puso a prueba el matrimonio con Felipe Braun. Así, renovada, se apronta a grabar la próxima teleserie de TVN, basada en el espinudo Caso Rocha.
Cuesta creer que detrás de esa voz grave, actitud segura e ideas claras se escondía hasta hace poco una mujer temerosa e insegura. Que ni siquiera su exitosa carrera de actriz, con una década de roles protagónicos en Canal 13 y ahora en TVN, había logrado revertir. Al punto que recién hace cuatro años aprendió a conducir. “Y hace apenas unos meses me atreví a manejar en la carretera”, confidencia. ¡Y todo por miedo!
María Elena Swett (31) insiste en que la ‘locura’ que cometió de dejar todo, incluso a su marido Felipe Braun, y partir cuatro meses a recorrer Asia fue precisamente para enfrentar esos fantasmas que la reprimían. Un proceso al que hoy le da una segunda lectura, mientras cada domingo en horario prime aparece en pantalla la travesía que hizo con Ricardo Astorga. Y aunque ahora sí reconoce que tuvo costos —sumado al desajuste inicial en su matrimonio que contó a CARAS cuando recién bajaba del avión—, bien valió la pena. “El viaje interno que hice fue igual de importante, tuve que defenderme de los demás y de mí misma. Estoy más fuerte, segura, me atrevo…”.
Descubrir los pueblos más recónditos de Laos, Camboya, Vietnam, Tailandia, Filipinas y el sur de China; conocer a hombres que se crucifican en vida; convivir con las Tribus del Norte; y estar con el último matriarcado no sólo pusieron a prueba su carácter en condiciones extremas. También llevó al límite sus miedos, como cuando tuvo que caminar por un campo de minas antipersonales. El no tener nada bajo control acabó con esa rigidez con que solía enfrentar las cosas. “Soy cuadrada, pero en La ruta… todos los días eran distintos. Había que estar dispuesta a salir corriendo con lo puesto. Y me quedé con algo de eso. Ahora, si voy camino a mi casa y me llama una amiga, me doy la vuelta y parto. Antes no lo hubiera hecho”.
Actitud que con el tiempo ha incorporado a su relación con Braun, con quien cumplió cuatro años casada. Tanto así, que cuando iban camino a su casa de Tunquén con el auto cargado de comida, “veo pasar un avión y le digo a Felipe: ahí deberíamos estar. Nos miramos… ¿¡y si nos vamos!? Al rato estábamos rumbo a Río de Janeiro…”.
Por estos días partirá las grabaciones de La casa de al lado, la nueva teleserie con que TVN competirá el segundo semestre, basada en el caso de Gerardo Rocha y Verónica Espinoza. La actriz, por primera vez, protagonizará una producción dramática con un rol intenso, de peso. Será Pilar, sicóloga, madre de una adolescente de 15, casada con un celópata (Jorge Zabaleta) controlador y manipulador, cuya enfermedad empuja a su mujer a caer en los brazos de un amante (Alvaro Rudolphy).
—¿Justifica la infidelidad en estos casos?
—No, hay que salirse antes, aunque tengas hijos. Las mujeres que aguantan una situación así niegan la realidad, juegan a no darse cuenta.
En Filipinas se sumergió en agua bendita para sanarse de una soriasis que se le manifestó a los 17. “Mucha gente se iba a curar la lepra. Tenía tanta fe, que me metí en unas catacumbas a pesar de que tengo claustrofobia”. Coincidió con Semana Santa, y Swett se impactó al conocer a Rubén Enaje, el hombre que por más de 20 años se autoflagela y crucifica para esas fechas.
—¿Su experiencia más límite?
—Camboya, lo más duro. Conocimos a Akira, un guerrillero que durante la guerra con EE.UU. y Francia fue obligado a poner minas antipersonales en su país; de ahí tantos niños mutilados. Me costó sobreponerme. Su tarea ahora es encontrarlas y detonarlas. Para acompañarlo, tuve que firmar un papel en que me hacía responsable de mi vida. ¡Sentí pánico!
En el lago Lugo encontró a las Mosuo, el último matriarcado. Mujeres de armas tomar que usan a los hombres sólo para procrear. Estos nunca se casan y viven siempre con sus madres. “Apenas nos divisaron agarraron un palo. Empezamos a acercarnos, agachaditos, y cuando me vieron se dio una conexión especial: dos gordas me agarraron entre sus chales y al resto del equipo les decían cuyi cuyi para que se fueran”.
“Cuando revivo mis días en Asia tomo el peso de lo que hice, ¡y fue heavy! Al margen de conocer miles de lugares hermosos, tuve que superar mis aprensiones, mi soledad, mi condición física, mi tolerancia, ver hasta dónde era capaz de reír, superé mis límites”.
—¿Haría otra Ruta…?
—Bajé del avión y dije: ¡nunca más en mi vida! Estaba destruida. Pero ahora que ha pasado el tiempo, podría ser… aunque no sé si estaría dispuesta a que mi marido pase por lo mismo.
“FUE MÁS DIFÍCIL PARA FELIPE DE LO QUE ME CONTÓ, recién con el paso de los meses me he dado cuenta. El quiso hacerme el trabajo fácil, apoyarme, y se la ‘comió’ solito. A lo más me decía ¿cuánto falta? Ni siquiera a mi regreso se desahogó. Después supe que fue terrible. El sabía que yo estaba al otro lado del mundo caminando horas, y que si lograba una conexión por teléfono era un milagro; entonces decía sólo las palabras precisas”.
—¿Qué tanto afectó su matrimonio la distancia?
—Nos puso a prueba. Esta separación tan brutal nos jugó a favor. Estamos consolidados, contentos con nuestros logros y preparados física y sicológicamente para cuando lleguen los hijos.
—Pero el riesgo de dejarlo por tantos meses era grande…
—Me fui tranquila. Quizá pololeando no habría ido, ¡no iba a perder al novio!, ni lo hubiera expuesto a ese vacío. Pero cuando después de muchas dudas Felipe me tomó la mano y me dijo anda, te voy a esperar, partí confiada que se haría cargo de nuestra familia.
—¿Habría perdonado una infidelidad?
—Casada, jamás. Porque hay una elección, un compromiso. Y si voluntariamente elegiste estar con otra persona, mejor sepárate, para qué ser infiel. Con Felipe elegimos casarnos, podríamos optar por separarnos, él no está obligado a estar conmigo. Soy muy orgullosa en eso, no perdono.
—¿Le han sido infiel?
—Sí, una persona. Me gorreó 38 mil quinientas veces y lo perdoné siempre, ¡qué tonta! Tenía 15 años, fue mi primer amor y me engrupió como quiso.
—¿Es celosa con Felipe?
—Me falta serlo más. A mis 31 tengo que ser un poquito más mal pensada, marcar más terreno; soy súper confiada.
—¿Ni siquiera lo es con las ex parejas actrices de él?, deben toparse a menudo…
—Antes sí, me moría de celos cuando empezamos a pololear. Tenía la autoestima más baja, estaba partiendo, insegura de si Felipe me quería o no. Y ellas eran más grandes, actrices consolidadas. Pero las he ido conociendo y tenemos buena onda. La Amparo (Noguera) va seguido a mi casa, conozco a su pareja, nos tenemos cariño… Una manera de hacerse más fácil la vida, ¿o muy moderna?
—¿QUÉ LE PARECE LUCIANO CRUZ-COKE COMO MINISTRO DE CULTURA?
—¡Fantástico! Sé que viene de una familia política y que lo puede hacer muy bien. Ahora, nos pilló de sorpresa, nunca piensas que alguien tan cercano, con quien te juntas a comer y a piscinear sea nombrado ministro. Somos muy amigos, pero aún más con Felipe que es padrino de su hijo.
—Ellos eran socios de Lastarria 90, ¿qué pasó con eso?
—Tuvieron que hacer un arreglo legal, porque él como ministro no puede tener empresas.
—No le tocó fácil, asumió un organismo casi quebrado, investigado por varias irregularidades.
—Desconozco los detalles. Lo escuché decir que los fondos de cultura no se iban a reducir, con eso se las tendrá que arreglar. Sé que está trabajando full, que de a poco ha ido armando su equipo y ahora podrá delegar, ordenarse. Desde que asumió no lo vemos. Felipe habla con él los fines de semana para ponerse al día. Cuando lo nombraron, su mamá hizo una reunión con los más cercanos, una especie de despedida…
—¿Qué espera de su gestión?
—Por supuesto quiero que se amplíen los fondos para la cultura, pero con Luciano me suceden cosas más personales. Quiero que lo haga bien, que estos cuatro años sean buenos y le tape la boca a mucha gente.
—¿Y cómo evalúa el trabajo de Paulina Urrutia?
—Fue la primera actriz ministra, creo que lo hizo bien. Sé que ellos se juntaron mucho, ya que hay varias cosas heredables que quedaron en el camino. No es fácil asumir un ministerio, pero Luciano estaba preparado. Sabe lo que tiene que hacer, tiene el talento y los genes. Lo que es yo, ni para encargada cultural de un colegio. Mira, puedo ser la asistente del rey, dirigir su reinado, pero si me ponen la corona, me desarmo. La presión me cohíbe la creatividad, la cabeza, el impulso, la valentía. Mi estado más pleno cognitivo y emocional es al lado, no de protagonista.
—¿Trabajaría con su marido en gestión cultural?
—No, a lo más me atrevería a dirigir una obra. La ruta… es lo más extremo que he hecho. Me cargan los números, por eso tengo un representante que me ve los contratos. A mí lo que me gusta es actuar.
Envíe su opinión sobre este artículo a actualidadcaras@televisa.cl

