El otro Piñera, parte 1
En Buenos Aires le sacamos la boina y el alma al Negro
Fotos Claudio Doenitz (retratos) y Rolando Andrade (backstage) Producción Anahí Miralles Maquillaje y pelo Macarena Matte
Acompañamos al Negro en su nueva vida en Baires. En medio de ensayos, habla de los reclamos de paternidad, el polémico choque y su fama de carretero y mantenido. El, ni se arruga: “Merezco el cielo”.

Bienvenido Miguel Piñera… Un cartel blanco con letras negras destaca en la salida de vuelos internacionales del Aeropuerto Ezeiza. Lo sostiene el Ruso, uno de los hombres de la producción de Marcelo Tinelli que ha llegado a buscar al Negro. Las puertas se abren y sale junto a Belén. Cada uno empuja un carro con dos maletas. El de Piñera lleva, además, una guitarra. Los pasajeros chilenos que arribaron en el mismo vuelo se despiden del cantante con familiaridad, mientras en el barullo que se ha armado alrededor de la pareja, un policía ubicado a unos metros le dice a otro: Mirá, el hermano del Presidente de Chile.
Una cámara graba para Bailando por un sueño 2010. Piñera, canchero, le manda saludos al afamado conductor trasandino y le confiesa que también es seguidor de San Lorenzo, el equipo de fútbol del que es hincha Tinelli. En plena autopista hacia Buenos Aires lo siguen grabando. Todo queda registrado como en un reality. Ingresa a través de la puerta giratoria del hotel NH, cerca de Plaza de Mayo, y los empleados lo tratan como huésped de honor. Piñera sube a Belén a esos carros para llevar maletas y la pasea por el lobby.
Después al ascensor, parada en el piso diez e ingreso a la pieza 1014. La habitación es amplia, con una cama grandota a un lado y una sala de estar al otro. José Miguel Piñera Echenique (55) desenfunda la guitarra y con su tarjeta-llave comienza a armar un pequeño recital. Al poco rato saca una botella de champaña del frigobar y celebra su desembarco en Buenos Aires. La cámara registra la jarana y se apaga después de un buen rato. Entonces, el Negro expone sus temores ante una competencia que lo tendrá como bailarín y no como músico. Lo calman: Quedáte tranquilo Negro, mirá que está la mina que muestra el culo y las tetas, la polémica que da prensa y personajes como tú, Lorenzo Lamas o Luciana Salazar.
Piñera también aprovecha de recordar sus peticiones-condiciones a la producción de Tinelli: viajar a Chile los viernes y regresar los domingos, que usa una faja para su espalda, que la ropa que lleve debe ser siempre delgada y negra, y que no se saca por nada la boina. El Negro se despide y entrega a los muchachos su cd Cruzando fronteras, una placa que armó especialmente a propósito de la invitación al programa trasandino y que tiene, entre otros temas, Yo vivo a mi manera y Carreteando por Chile.
Al otro lado de la cordillera, mientras tanto, las polémicas no paran. Se aclaran algunos asuntos, como el examen de ADN que descartó que fuera el padre de la estudiante universitaria María Victoria Rojas Sahurie, pero otros se complican. El accidente de tránsito que protagonizó en octubre de 2009, cuando su enorme Hummer embistió a un Mini y Piñera se fue del lugar para internarse en una clínica, vuelve a la palestra siete meses después. La investigación salpicó hasta al propio ministro de Salud, Jaime Mañalich, quien recientemente debió declarar en el proceso. El asunto, incluso, hasta salió en el portal del New York Times.
El se pone serio y reflexiona: “Le están buscando la quinta pata al gato… pero no lo van a lograr”.
—¿Dinero…?
—No puedo decir eso, pero tú entiendes…
—¿Hay intereses políticos?
—Quieren molestar a Sebastián e incomodar al ministro Mañalich, que no tiene nada que ver. Mira, hay que dejar que los tribunales terminen la investigación. Desde que soy el hermano del Presidente me han pasado cosas muy curiosas. No lo entiendo y tampoco quiero culpar a alguien. Lo claro es que voy a asumir mis responsabilidades.
—¿Cuál es tu versión del accidente?
—Te aseguro: iba totalmente sano. Apenas pisé la clínica avisé a los medios, que llegaron como a la una de la mañana. La Belén les dio entrevistas.
—¿Y por qué te internaste y no pasaste por urgencia, que era lo lógico? ¿Por qué demoraron trece horas en hacerte la alcoholemia?
—Es un cuento largo, que no se lo he dicho a nadie y no te voy a contar a ti tampoco. Pero te garantizo que iba sobrio y por eso tengo mi conciencia tranquila. Me pusieron algo para el dolor y cuando desperté llegaron dos carabineros y me hicieron la alcoholemia inmediatamente. Ellos y no la clínica. No tenía ningún problema en hacérmela antes porque iba sano. Pero lo mejor es que los tribunales hagan la investigación y no hablar por detrás.
—¿Pero si el accidente fue a las diez de la noche, por qué llegaste a la clínica recién a la una de la mañana?
—Hay que dejar que el fiscal investigue…
El Negro pide disculpas por no ahondar en ese tema. Sí aclara el reclamo de paternidad que lo obligó a realizarse dos exámenes de ADN y que podría agregar otro test para tener certeza absoluta de que Miguel no es el padre de María Victoria.
—¿Te sorprendió el reclamo de paternidad?
—(Se pone serio y piensa con cuidado cada frase que lanzará). Creo que toda persona tiene derecho a saber quién es su padre y madre. Pero me hubiese encantado que fuera al principio, el primer año, y no después de 26. Hay que preguntarle a ellos por qué lo hicieron ahora.
—¿Y por qué crees tú que lo hicieron ahora?
—(Piensa un rato, entre incómodo y apenado). Sin comentarios…
—¿Motivos políticos nuevamente?
—Fue inusual, lo único claro es que dije que iba a asumir lo que dicten los tribunales. Y si era mi hija, bienvenida. Pero el examen salió negativo. Le deseo lo mejor.
—¿Habrá más adelante otros casos de reclamos de paternidad?
—Puede ser. Me ha pasado antes…
—¿Te han puesto otras demandas?
—Demandas no, sí me han dicho más de alguna vez soy tu hija o soy tu hijo, pero si no me piden el ADN, ¿cómo lo voy a saber? En todo caso, no hay problema: si alguien quiere pedirme el examen, yo hago todo lo que dictaminen los tribunales.

