¡Mamma mia!
Claudia Di Girolamo
Cual matriarca italiana ha criado a sus tres hijos, a los que no pretende soltar hasta que muera. Cierra dos décadas en TVN y abre una nueva etapa protagonizando la primera serie chilena de HBO.

Claudia Di Girolamo reconoce que nunca llora, que no le gustan los melodramas, que los evita en el trabajo, en la vida… “Para eso está el teatro. Ahí libero todas las emociones, por eso no tengo úlceras. Y olvídate como duermo, ¡estupendo!”. Ni se acuerda de la última vez que dejó escapar una lágrima, sí reconoce que tuvo muchas ganas cuando su pareja de años, el director de teleseries Vicente Sabatini, fue despedido de TVN en 2009. “Pero no me salía de la rabia que tenía… Es que soy muy orgullosa”, confiesa revolviendo un café cortado, a cara lavada, guapísima a sus 53 años.
Acaba de terminar las grabaciones de Vrolok, la producción noctámbula del canal público, donde interpreta a una feroz vampira. Cuenta que la gente se le acerca en la calle, sobre todo los hombres, y con un dejo de coquetería se tocan el cuello y le dicen ¡no me vayas a morder! Se ríe al recordarlo. Y, con más alivio que nostalgia, adelanta que es su última teleserie en TVN. Cierra dos décadas en ese canal del que por años fue su principal actriz, con producciones emblemáticas como La Fiera, y Romané. “Formalmente me voy en noviembre próximo… Llegué a un acuerdo con los ejecutivos para que mi contrato, que era por tres años, se redujera a dos. La teleserie Vrolok cubre mis compromisos de este año; mientras, deberé abstenerme de trabajar en otros canales, aunque tengo permiso para grabar Prófugos”. Habla de la serie de HBO, con guión de Pablo Illanes y realizada en Chile por los hermanos Pablo y Juan de Dios Larraín, dueños de la productora Fábula, donde será la jefa de un cartel de narcotraficantes. Incluso está evaluando raparse para el papel. En la producción también participan Néstor Cantillana, Alfredo Castro, Marcelo Alonso, Amparo Noguera, Francisco Reyes, Luz Valdivieso y Luis Gnecco, entre otros. “Todos hicimos el casting y el orgullo es que nos eligieron en HBO”.
—Parece que en CHV Vicente Sabatini prepara una teleserie con usted como protagonista.
—¡Ah, no me ha contado nada! (ríe).
La verdad es que se muere de ganas de trabajar otra vez con él. “Además que en ese canal están mis amigos… (Alfredo Castro, José Soza, Ricardo Fernández, que han emigrado a la estación privada). Ahora, si me voy, dependerá del proyecto más que de otra cosa. No necesariamente partiré a CHV porque estén ellos. No quiero esa amarra”, afirma categórica.
Quizá por esta forma de ir por la vida, es que Claudia tampoco convive con su pareja, a pesar de que llevan más de diez años juntos. “En realidad se dio así, no fue una imposición. Vicente tiene hijos que proteger y yo también. Pero compartimos un espacio súper intenso en vacaciones y fines de semana, tanto, que cuando me deja en mi casa le digo ¡no quiero que te vayas, te echo de menos! El me abraza. Los dos sabemos que queremos envejecer juntos”.
—Parece que en casas separadas todo es mejor.
—A nosotros nos ha funcionado. El pololeo es lo máximo, exquisito. Encontrarse a ver una película a las diez de la mañana, almorzar un sándwich e irse cada uno al trabajo —porque así son nuestros horarios—, resulta perfecto.
—¿Quién visita a quién?
—Vicente es el que va a mi casa; yo siempre estoy estudiando o leyendo alguna obra, memorizando una teleserie y necesito mi espacio. Soy autista, pero lo echo mucho de menos y necesito llamarlo, decirle aló, te amo, chao… Me concentro, pero no me desconecto de lo que necesito para vivir: Vicente, mis padres y mis hijos.
HEREDERA DE UN FUERTE MATRIARCADO, su madre y su abuela jugaron un rol potente. “Mi mamá trabajó en la Vicaría de la Solidaridad; aún recuerdo verla llegar muy triste, apesadumbrada después de escribir los informes en los que se daba cuenta de desapariciones y torturas. Ella fue nuestra conexión con los horrores de la dictadura”. De su nonna italiana recibió entre otras cosas la calidez, la pasión por la cocina. Claudia colecciona cucharas de palo y cuchillos, y su receta de sopa de verduras es famosa. Protectora, se le sale a cada rato la mamma que lleva dentro y que ha marcado a fuego a sus tres hijos: Raffaella (32), sicóloga especialista en sexualidad; y los dos de su matrimonio con Cristián Campos: Antonio (25), físicamente igual a su madre, quien debutó en la teleserie Manuel Rodríguez (Chilevisión); y Pedro (21), viva copia de su papá, que ahora termina la carrera de teatro en la Universidad Mayor.
El día de las fotos, los tres le tenían preparada una sorpresa: aunque los retratos para este especial serían sólo junto a Raffaella, ella se encargó de convocar también a sus hermanos. “¡Mis guaguas!”, gritó Claudia cuando los vio llegar y partió a abrazarlos. Ya en escena, resultaron ser un desordenado grupo: se empujaban, los dos hombres tomaban a las mujeres en brazos y el escenario por poco se vino abajo. Más tarde, Claudia confesaría: “Mis hijos siempre van a estar primero. Me gustaría comérmelos para cuidarlos… Son grandes, pero no lo suficiente y quiero velar por sus vidas”.
—Pero sus ‘niños’ ya se fueron de la casa.
—Sí, la Raffa vive con sus mellizos (Roberto y Gabriel, de 9), y Antonio comparte casa con unos amigos hace un año. Sólo falta Pedro. Pero no he pensado en el momento en que me voy a quedar sola sino en prepararlos, darles una estructura sólida para que puedan pararse con sus ideas, con sus intereses, defender sus creencias, tener convicciones, puntos de vista; que no se dejen abatir, que sean luchadores, guerreros. Y que crean en las utopías, no sólo en lo práctico, lo económico o el bienestar.
—¿Lloró cuando se fueron?
—No me gustan los melodramas. La vida tiene reglas y una de esas es que un día los hijos parten. A veces la embarran, se equivocan, pero el trabajo de una madre es estar atenta, apoyarlos y jamás salir con un ¡te lo dije! La Raffa y Antonio tienen que vivir su espacio, Pedro eventualmente también lo hará. La vida es así.
‘EL PROBLEMA SEXUAL LO TIENEN LOS CURAS. Es ahí donde la Iglesia debe abocarse a resolver el asunto con los sacerdotes pedófilos y el celibato —dice sobre las acusaciones de pedofilia—. Se debiera apuntar a una educación no discriminatoria, responsable y libre. Ese ha sido mi tema durante toda la educación de mis hijos: no decirles cómo, cuándo o por qué deben hacer las cosas; no meterme en lo que hacen en la cama, tal como lo hace la Iglesia con nosotros”.
—¿Cómo evalúa entonces este primer tiempo de Piñera?
—El terremoto movió el plan de gobierno; obligó al presidente a tener una visión mucho más real de Chile, en el que se destapó una diferencia social gigantesca. Era tanto el crecimiento económico que nos olvidamos del país, de dónde estábamos, ¿y a costa de qué era ese crecimiento? Hay que aprovechar esta oportunidad para zanjar las diferencias. Por lo mismo, espero que no sea un gobierno de fanfarria, donde cada paso que se da, cada campana que suena en una escuela de emergencia, sale en las portadas de los diarios como algo absolutamente extraordinario.
—¿Qué le pediría a Piñera?
—Que no descuide lo que ha hecho la Concertación en términos de política social y cultural. Me preocupa cuál será su impronta, qué va a pasar con el Fondart, si habrá o no censura, quién designará a los jurados para los concursos, las platas. Son puntos que debe aclarar.
—Con las elecciones quedó claro que la derecha logró permear el mundo de la cultura. Roberto Ampuero y Jorge Edwards, por ejemplo, apoyaron al candidato…
—Para mí sigue siendo una incógnita que intelectuales, que además son referentes de opinión, que analizan los hechos, tengan esa postura… Están en su derecho, pero son los menos. Y si llegaran a ser un grupo más importante, ¿por qué lo esconden, acaso tienen miedo? Vivir en democracia es dar la cara.
—Tal vez entre actores se sigue pensando que la derecha no es una opción.
—En el mundo del teatro, donde todo es tan difícil, donde pones plata para hacer obras sin ganar muchas veces un peso, donde en dictadura fueron muertos y torturados muchos artistas, me parece freak —por decirlo suave— que un actor sea de derecha.
—¿Qué visión tiene del ministro de Cultura, Luciano Cruz-Coke?
—Lo respeto mucho, es un gestor cultural e hizo una labor muy importante con el teatro Lastarria 90, donde se acogen obras de jóvenes emergentes. Además, me dejó tranquila cuando dijo que los fondos culturales no se van a tocar. Eso demuestra que él pretende continuar con lo que se ha venido realizando.
—Hace algunos días se supo de una millonaria deuda por 1.400 millones de pesos con que se habría encontrado el ministro, provenientes de la gestión anterior. Se deberían a facturas impagas a hoteles, productoras de eventos. ¿Qué opina?
—Me parece muy delicado. Hay que aclarar lo antes posible la situación, por el bien de la gestión de Luciano Cruz-Coke y por el trabajo que realizó Paulina Urrutia.
—Y usted, ¿qué papel pretende jugar en este período?
—Es muy pronto para decirlo. Además que mi rol en la televisión y el teatro nunca ha cambiado; siempre me han interesado obras con contenidos relacionados con la mujer, con el desarrollo del hombre en el mundo moderno, rescatar la memoria, no olvidar. Si Piñera logra entender que el gran aporte cultural que podemos hacer los artistas desde la oposición es útil para su gobierno, sería estupendo. Si protestamos y salimos a la calle, lo ideal sería no reprimir esas expresiones.
—¿Llama al mundo de la cultura a ejercer una oposición constructiva?
—Sí, pero tampoco quiero decir que vayamos a salir inmediatamente a protestar; sería una estupidez. Los artistas, tanto en la Concertación como en dictadura, tienen que seguir haciendo lo que saben: ubicar a la sociedad en lo que está viviendo. De eso se trata nuestro trabajo.
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