La villana
Ignacia Allamand, actriz
La mala de Mujeres de lujo dice lo que piensa sin medias tintas. Defiende a su padre ante las críticas y ataca al gobierno saliente por descartar el tsunami y llamar tarde a los militares. Y aunque nunca creyó mucho en el matrimonio, resulta que ahora se casa.

Ignacia Allamand, la actriz que debutó con Alberto Fuguet en Se arrienda (2005) y protagonista de todas las teleseries de Chilevisión, dejó de ser la hija rebelde del senador RN Andrés Allamand. A los 28 años, tiene carrera y opinión clara, rodaje televisivo y planes laborales de sobra. Y aunque es un nombre consolidado de ese canal, no descarta considerar otros proyectos en televisión o simplemente dedicar la segunda mitad del año a viajar a India con su futuro marido, el actor Tiago Correa.
En cine la veremos en la nueva película de Nicolás López (director de Promedio Rojo), interpretando a “un personaje entretenido, en tono de comedia”. Y mientras decide si viaja o amarra proyectos en las tablas y en la TV, colabora con Tiago llevando obras de teatro a sectores populares.
El terremoto la pilló en su casa de Ñuñoa, donde apenas se quebraron algunas cosas. “No me di cuenta de la magnitud hasta el día siguiente, cuando supimos que habían desaparecido pueblos enteros. Sufrí porque mi hermano estaba en Talcahuano y una amiga en Dichato, pero pronto supe de ellos”, recuerda.
—Ante la catástrofe, ¿cómo evalúa la reacción del gobierno saliente?
—Fue un error descartar el tsunami, se pudo salvar más gente… Y cuando sacaron a los militares a la calle, era tarde. Quiero suponer que les faltó información porque, más allá de sus razones personales, ante una catástrofe como ésta debían pedir ayuda a los que saben.
—¿Y cómo ve a las nuevas autoridades?
—Están tratando de ser eficientes, aunque se les desarticuló su plan inicial. Esperaría de ellos que su prioridad siga siendo la gente y la reconstrucción del país. Dicen que en las crisis se ve la verdadera naturaleza de las personas y vamos a conocer rápidamente sus capacidades.
Ignacia, observadora, detallista y de ideas fijas, se hace cargo de sus propias contradicciones. No quería casarse, ahora sí, ya tiene todo listo para abril. No se estresa por ser mamá, pero “si resulta, será”. Tampoco participa en política, aunque cree necesario un cambio. Y no comparte los prejuicios contra los actores de derecha.
En la sesión de fotos de CARAS aparece la Allamand rockera, dura, poderosa… revelación en látex que recuerda a esa Madonna en el vinilo de True Blue. Tiene fama de mal carácter y malas pulgas.
“ME PONE MAL GENIO EL ENGAÑO, lo poco directo, el típico te llamamos y los abusos donde el más grande le pone la pata encima al más chico. Además, soy bien leona con los míos, no acepto que me vengan a hablar mal de ellos. Eso me descompone”.
—¿Y cómo reacciona ante las críticas hacia su padre por decir que existen “flancos débiles” en el gabinete de Piñera?
—El siempre se ha caracterizado por decir lo que piensa y me parece que se exageró la situación. Dijeron que estaba enojado y ni un segundo lo vi así. Tiene su opinión y yo sólo le pongo oreja a él, no a las interpretaciones. Con el tiempo se sabrá si se hizo bien o mal.
—Tras el impasse con el Presidente, a Andrés Allamand no se le ha visto ni el pelo…
—Pero si estuvo de vacaciones y ahora está retomando sus actividades de senador… ¡todavía le quedan cuatro años! (evita la confrontación).
—¿Apoya la designación de Luciano Cruz-Coke en Cultura?
—Sí, le tengo cariño. Es un muy buen gestor cultural. Su proyecto Lastarria 90 es excelente. Lo hará bien en el ministerio, sería prejuicioso no reconocerle méritos. En cuanto a los demás del gabinete, hay que esperar a ver qué pasa, no tengo ideas preconcebidas respecto de que sean ministros y empresarios…
“Por Piñera siento cariño, respeto. Me acuerdo haber pasado años nuevos con él y su familia, cuando chica”. Eran otros tiempos, cuando los Piñera y los Allamand andaban uña y mugre, antes de la ‘travesía por el desierto’ de su padre en EE.UU., del regreso y El Desalojo.
—¿Es amiga del clan Piñera-Morel?
—Los conozco, aunque no tengo relación con ellos. Si los veo los saludo, no son parte de mi vida cotidiana.
—¿Piensa que el nuevo gobierno debe girar el timón en las políticas culturales?
—Mi sensación es que está un poco sectorizada la entrega de fondos. Hace tiempo que los jurados no cambian y los recursos se los dan a los mismos. Resulta difícil entrar a la tómbola. Además, los aportes privados no tienen que ser censurados en cultura. Es mucha responsabilidad para el Estado subsidiar todo. ¿Por qué no generar aportes privados en los aspectos carentes de este país? Si LAN quiere donar un hospital, ¿no lo aceptaremos?, ¿qué importa de dónde vienen los recursos? A menos que sean del narcotráfico o la prostitución infantil…
—Ninguna donación de LAN sería bien vista por estos días…
—¡Obvio! Es un ejemplo nomás…
—¿Votará en la próxima elección? Esta vez no se inscribió…
—Creo que sí.
—¿Le preocupa lo valórico en el nuevo gobierno, donde hay sectores UDI bastante ideologizados?
—Tengo algunos reparos porque siento que si se legislara para todos basándose en la fe, sería un poco egoísta. Temas valóricos como el matrimonio homosexual, el aborto terapéutico o la píldora del día después ¡son un derecho! para los que tienen mayoría de edad. Los grandes cagazos de la Humanidad se deben a personas que creen saber qué es lo mejor para todos en temas como la fe.
—¿Tiene fe?
—Sí, aunque no en la Iglesia. Creo que existe algo más, llámale amor o lo que sea. En cuanto a la Iglesia Católica, existen cosas a revisar porque no es una institución intachable…
“ME GUSTAN LAS COSAS AL PAN PAN, VINO VINO. Se pierde mucha energía con los malos entendidos, las cosas por detrás, los pelambres. Soy de decir lo que pienso, a pesar de que tengo que manejarlo porque una cosa es ser honesta y otra, imprudente. La gente que me conoce y me quiere, sabe que de repente lanzo la pachotada sin mala intención”.
—Mujer decidida.
—Tomo decisiones. A veces ando súper arriba y tengo claro todo, y otras me pongo más insegura. Trato de no predisponerme a las cosas, de aceptar los cambios, de fluir… no siempre me resulta.
—¿Cómo la recibieron los actores cuando llegó a protagonizar Vivir con diez (2007), la afectó ser hija de un político de derecha en un mundo que en general se identifica con la izquierda?
—Aunque nunca lo sentí, me imagino que siempre existen prejuicios. No entiendo por qué uno no puede tener opinión. Yo vine a Chile a actuar en teleseries, no vamos a decir que llegué a hacer teatro callejero ni mucho menos. La misma gente que critica el capitalismo hace publicidad, trabaja en el canal privado de un empresario de derecha o en uno católico, y resulta que yo soy contradictoria por ser hija de mi papá, cosa que no elegí, aunque no tenga ninguna participación política. Finalmente el prejuicio siempre se termina cuando te conocen.
—El actor César Caillet de Dónde está Elisa? contó en una entrevista que lo había pasado pésimo en la escuela de teatro porque los profesores atacaban a los “bonitos y cuicos”, ¿es cierto?
—Al contrario, tengo buenos recuerdos, a pesar de que académicamente no era lo que yo buscaba. En la universidad sentía que no tenía vida. Siempre se piensa que el teatro es lo más importante y la verdad es que ser actriz forma parte de mí, es un lado súper relevante, pero no todo.
—¿De ahí su fama de conflictiva?
—Puede ser. Lo que pasa es que tengo claras mis prioridades y, en ese sentido, soy mañosa, no me gusta que me jodan.
—Ya van varios papeles de mala-mala…
—Es entretenido. Las buenas son sensibles, sufridas. Las malas, mentales, y yo me muevo más por la cabeza. La heroína es un personaje clásico que pasa llorando, en cambio la mala actúa. A una le suceden cosas y la otra hace que pasen.
Ella ‘hace que las cosas pasen’, igual que Tiago Correa. Después de tres años de relación decidieron casarse. Claro que ella, antes, no se mostraba muy interesada en el matrimonio. ¿Qué pasó?
“¿POR QUÉ TE CASAS? NADIE SABE MUY BIEN. Sí estamos tomando la decisión de enfrentar el futuro juntos, de pasar de ser un ente independiente que se adapta a vivir con otro, a tomar las decisiones entre los dos, a tener confianza en que podemos contar incondicionalmente”.
Ignacia vive con Tiago y dos perros. Ahí cocina y aprovecha el poco tiempo libre que por estos días le deja su trabajo en televisión.
—Pero según declaraciones anteriores suyas eso lo podrían tener sin necesidad de casarse, ¿qué cambió?
—Sí, pero nos parece natural dar este paso, tal vez por nuestras personalidades. Para mí es una tranquilidad saber que alguien se compromete conmigo. El matrimonio es una forma de hacer participar a los demás del rito, de compartirlo, tiene que ver con un compromiso.
—La Ignacia liberal sí tiene un gen conservador.
—Más que conservador, que se asocia a lo valórico, es tradicional.
—Antes contaba con orgullo que su abuelo decía: el matrimonio es un invento de cuando la esperanza de vida llegaba a los 50 años. ¿Qué opina ahora?
—Si pudiera hacer una apuesta a largo plazo, diría que alucino con esos viajes de abuelitos jubilados… Así quiero ser yo, tener a mi viejo y partir a cualquier parte. Me hace sentido la vida así.
—¿Y se casa de blanco?
—¡Me voy a disfrazar de novia!

