Bolocco
Confesiones de la diseñadora en Manhattan
La acompañamos a Nueva York, donde inspiró su nueva colección otoño-invierno para Apology de Falabella. Anuncia que prepara su paso a la alta costura, que ya no le interesa la TV y que sigue buscando al gran amor de su vida… “¡Lástima que los hombres serios me tengan susto!”.
Fotos Ari Maquillaje y pelo Alberto Luengo

Cecilia Bolocco sabe lo que quiere y no descansa hasta conseguirlo. Se preocupa de las fotos, del maquillaje, de cada prenda… Le cuesta delegar y exige. En la habitación de su topísimo hotel de Park Avenue, concentrada, lo controla todo. Y eso que, confiesa, está menos maniática y ya no anda por la vida estresada, buscando siempre la perfección. Se ve feliz y se le sale hasta por los poros su entusiasmo por el diseño, tanto que, asegura, hasta le cambió el carácter. “A lo mejor es porque lo estoy pasando tan bien, me entretengo”.
En lo personal, después de muchas entrevistas con CARAS, Cecilia se muestra más relajada. Igual de intensa, pero más clara. Atrás quedaron antiguas tormentas, como su separación de Carlos Menem y el paparazzeo en su casa de Miami. Es domingo y el día está espectacular. El sol invade rascacielos, el Central Park, el puente Brooklyn… Así es que vamos al Soho, que a ella le fascina, con sus floristerías, decenas de cafés, tiendas de moda y edificios de ladrillo.
Se mueve por las calles neoyorquinas con propiedad. Y mientras camina bajo el atento lente del fotógrafo, la gente la mira y no la pierde de vista. Lo más impactante es la reacción de los latinos. Si bien hace años no la veían en televisión, enloquecen al mirarla pasar.
Vino a buscar inspiración para su quinta colección. “Este es el centro de la moda de América. Siempre tuve un apego con NY; aquí viví tres meses cuando estuvimos casados con Michael (Young, su primer marido), nos íbamos a quedar, pero luego salió lo de CNN y nos fuimos a Atlanta… mira tú la diferencia”, se ríe.
La ciudad de los rascacielos se ha vuelto adictiva. “Lo mío es Meatpacking, el Fashion district, el Soho; me encanta caminar por las callecitas llenas de tiendas donde venden plumas, cuentas, pedrerías, cientos de objetos que uso para crear. Me fascina hurguetear, ir donde están las costureras, los talleres. Es el Manhattan que me encanta”. Le gusta perderse por ahí tocando y sintiendo las texturas de la lana, la seda, el terciopelo, muchas de las telas que dan vida a su colección Cecilia Bolocco para Apology de Falabella, que incorpora onderos abrigos largos y negros. “Mi inspiración está en todo lo minimalista de NY; líneas muy sencillas y clásicas, con los menos accesorios posibles”. Y así la vimos por las calles neoyorquinas. Diseñó cuatro clósets, en los que destaca la clásica chaqueta negra entallada con pantalones rectos de buena caída, jumper estilo Jackie O., jeans estampados en blanco y negro, carteras con tachas y cinturones. A última hora sumó la venta de una polera solidaria cuya recaudación irá en ayuda de los damnificados por el terremoto. “Costó articularlo porque la colección estaba cerrada y muchos de los talleres con los que trabajamos quedaron dañados tras la catástrofe, pero encontramos la manera y podremos salir horas antes del desfile con estas prendas”, cuenta.
Considerada una de las mujeres mejor vestidas del país, su marca también se comercializa en Falabella Perú y Colombia con una tremenda acogida. En Chile sus lanzamientos se agotan desde el primer día. “Las mujeres no paran de preguntarme cuándo sale mi próxima colección, que cuándo voy a tener mi boutique, si llegará el momento en que les diseñe un traje a la medida… Ya lancé las cartas y empezó a correr la rueda, no puedo parar este juego a la mitad”. Así comienza a tomar forma su nuevo salto: el mundo de la alta costura. “Es un proyecto, por lo que no quiero adelantar mucho. Estoy dando los pasos correctos para cumplir mi sueño”.
—¿Pretende internacionalizarse tal como lo hizo su amiga, la colombiana Silvia Tcherassi, hoy radicada en Miami?
—Hay varios caminos; lo estoy analizando seriamente. No puedo equivocarme.
—¿Qué pasó con la TV?
—Ahora me he involucrado en esta nueva etapa que me apasiona. Coincide con que tampoco hay nada interesante que me motive a volver a la televisión, a pesar de que todo el tiempo me están comentando nuevos proyectos (Mega le ofreció la versión local de Britains got talent y, en Chilevisión, Juan Pablo González hizo un piloto totalmente a su medida). Tengo amigos, familia en este medio; siempre me acuerdo de Gonzalo Bertrán que me tomó igual que un papá, me cuidó, me construyó una plataforma y me puso sola al frente de un estelar. La TV ha sido mi vida por 20 años, ¡claro que siento nostalgia!, pero ya no es mi pilar.
—Los tiempos cambiaron, se extinguieron aquellos estelares que giraban en torno a un gran animador, son otras las temáticas, los presupuestos…
—La televisión es un espejo de nuestra sociedad, y hoy el ciudadano es el protagonista, por eso tantos realities. Experimenté la dicha de hacer grandes programas. He sido conductora de noticiario, actriz, animadora de estelares, tuve mis propios espacios de entrevistas. El primer año que postulé a los EMI fui nominada en tres categorías: Mejor programa (además era la productora ejecutiva), Mejor animadora y Mejor guión, el que yo escribía. Y eso era lo que me fascinaba.
—Entonces la pantalla quedó definitivamente atrás.
—Es que para mí ya no es un proyecto que me desvele, ¿será que estoy tan entusiasmada con lo que realizo ahora? Ya hice todo lo que quería, me vestí hasta de vedette con la Maitén Montenegro y lo pasamos bomba. Seguí mi camino, ahora me siento independiente, libre, no es algo que necesite.
—Y así como tiene tan claro su cuento con la TV, ¿le pasa lo mismo con el amor?
—Ese es mi talón de Aquiles, el amor… ¡Ahí sí me declaro incompetente! (dice levantando los brazos). Es que soy profundamente romántica y algún rincón de mi corazón espera esa reacción mágica, que aparezca alguien, decir ¡éste es! Y mientras eso no suceda, no muevo la brújula ni dos grados. Aún tengo la ilusión de encontrar al hombre de mi vida.
—¿Qué se lo ha impedido, la fama? Porque hombre que conoce, hombre que se hace público, como Luis Miguel Carmona; bastó que salieran una vez para que se les viniera la prensa encima.
—Ay, amoroso él. Aunque confieso que prefiero a los hombres de 40 para arriba, ¡por lo menos! Que haya tema de conversación, más que sólo ir a bailar…
—Pero Cecilia, también ha estado con tipos mayores de 40, como Luciano Marroquino, y mire como terminó…
—Pastel pues. Pero no hablemos de eso, si ahora estoy fat free. ¡Saquemos la grasa, por favor! (y se muere de la risa).
“EL HOMBRE QUE ME GUSTA ES EL TIPO SERIO y me juega en contra ser una figura muy pública. Hablo de ese al que no le gustaría salir en el diario, menos hacerse famoso y estar en las noticias. ¡Por eso me tienen susto, qué lástima! ¿Y por qué crees que hace rato estoy alejada de toda la bulla? He pasado tantos años fuera de la tontera, no puedo estar más tranquila ahora. Me invitan a miles de partes, pero no voy porque llevo una vida para adentro, con mi pollo (su hijo Máximo), mi familia… ¡me falta poco para el convento! (se ríe)… Pero los años pasan y no sucede nada. Los que me observan deben pensar que vivo en fiestas y lugares vistosos. Seguro dicen ¡qué lata salir con la Bolocco! Tendría que andar de punta en blanco, dónde la voy a llevar, voy a salir en los diarios… Y, bueno, es cierto que hay espacios en mi vida que son extenuantes, mi imagen pesa mucho. Es difícil buscar a alguien que valga la pena y que se acerque por las buenas causas. El último personaje que tú has mencionado quizá necesitaba fama, pero mejor hablemos de otras cosas…
—Hace un par de semanas el periodista Víctor Gutiérrez entrevistó a Michael Young, su ex marido, y le preguntó si era cierto que terminaron porque usted descubrió que él era gay…
—¡Después de 16 años divorciados y hasta con nulidad eclesiástica! ¡Qué es esto! Mira, cada cual que se mueva en su terreno, que se alimente con lo que le gusta comer y haga su vida. Yo estoy en otro corral.
—¿Pensó irse de Chile, vivir en un lugar donde la fama no le pesara tanto?
—¡Claro que he pensado irme a otro país, huir de la fama, arrancar! No te imaginas cuánto. Desde que fui elegida Miss Universo me convertí en Cecilia Bolocco, el bicho raro. Se me hizo difícil hacer una vida corriente en un ambiente donde me miraban como alguien distinto, en un pedestal. Por eso escapé a CNN, para demostrar que era capaz de algo diferente. Fue tanto trabajo, tenía tantas exigencias, que me parecía superficial ir al centro de maquillaje. Lo único que me interesaba era que mi nota saliera perfecta. Tenía que hacer valer a la Cecilia, no a la Miss Universo. Sobrellevar esa corona fue muy pesado, me carcomía el alma, tanto, que en algún momento me dio rabia y la tiré al subterráneo… Pero ya me reconcilié y la rescaté.
ACELERADA, TRABAJA EN LA CONSTRUCCIÓN DE SU NUEVA CASA EN LO CURRO. Cada centímetro, cada mueble, cada muro ha sido supervisado por ella. “Y sabes cómo soy, atroz de perfeccionista”, dice desestimando que vaya a estar lista para su tradicional fiesta de cumpleaños, en mayo. Tampoco es algo que le quite demasiado el sueño, sobre todo después del terremoto. “Me tiene afectada en lo profundo; conozco personas que tuvieron tragedias conmovedoras y esto te cambia la forma de mirar la vida. El cielo está azul, tu casa bien, pero la gente a tu lado no lo está y, aunque no lo ves, se respira…”.
—¿Cómo recuerda la noche del 27 de febrero?
—Soy ave nocturna, así es que a esa hora estaba leyendo. La cama empezó a moverse cada vez más fuerte, pero no me levanté hasta que oí a Máximo que gritó ¡mamá! Lo agarré y me lo llevé al pasillo y ahí nos quedamos atrapados entre cosas que caían, espejos rotos… No paraba, pensé que el edificio podía ceder, se sentía como un cataclismo. Recién a las seis y media de la mañana hablé con mis papás, estaban en Viña, en un departamento en primera línea. Me dolía pensar en que esto era gravísimo, que además había mucha gente pasándola pésimo… Y después, cuando prendí CNN, me impresionó ver que a las cuatro de la mañana ellos ya hablaran de tsunami y acá no se dijera nada.
—¿Cómo manejó el tema con Máximo?
—Lo involucré, le decía que ya iba a pasar, que tenía que aprender a ayudar a quien no tiene. Y solito empezó a pensar en los alimentos, en los que no tendrían qué comer, sacaba frazadas para regalarlas… Quería que Máximo cooperara, que entendiera la bendición de estar vivos, ser solidarios.
—¿Ha tenido contacto con Carlos Menem?
—El fue a la primera persona que llamé. Como a las cinco de la mañana logré contactar a la ama de llaves para informarle que acababa de ocurrir un terremoto y que estábamos bien. A las ocho él conversó con Máximo. Desconozco si han vuelto a hablar desde entonces… Creo que él no se complica demasiado porque confía mucho en mí y porque siempre le resolví todo muy fácil.
—Zulemita, hija de Carlos Menem, se quejó en CARAS de que usted no llevaba al niño a ver a su padre, que eso lo tenía emocionalmente destruido…
—Sí, lo leí, pero no es cierto. Le llevo a Máximo lo más que puedo. Pero no quiero entrar en polémica porque está mi hijo de por medio. Independiente de que ya estemos separados, siempre le hablo de su papá, en mi casa hay fotos suyas por todas partes y le vivo diciendo que él lo ama.
—¿Firmaron el divorcio?
—Todavía no. Pero en eso estamos. Espero que salga pronto.
—Pasando a otro tema, hace poco la vimos asistir al cambio de mando.
—Más allá del sistema político, me identifico más con el empresariado, por mi papá, que siempre creyó en Chile y nos enseñó a levantarnos una y otra vez.
—¿Es amiga del Presidente?
—Lo conozco a través de gente en común, pero no somos amigos. Creo que es un hombre brillante y venía preparándose hace tiempo para esta oportunidad.
—Pero se nota que tiene una sintonía con Piñera, ¿por eso fue al cambio de mando?
—Lo que ocurre es que en los gobiernos anteriores nunca me invitaron. Al menos él tuvo esa deferencia. Y no me hables más de política porque juré hace mucho tiempo que no me iba a meter. No te explico la cantidad de cosas que me han ofrecido, pero a ese baile, mejor que no me llamen.

