Personajes

La guerrera toma el mando ‘¡aquí hubo pura y simple negligencia!’

Jacqueline van Rysselberghe, nueva intendenta del Bío Bío

Por: Silvia Peña

Pasó de siquiatra a concejala, de ahí a alcaldesa y hoy asume la Intendencia de la VIII Región. La cara más crítica de la gestión del gobierno de Bachelet ante la tragedia, repasa el horror en Concepción, acusa crisis de liderazgo y da cuenta de su particular relación con Piñera.

Fotos Claudio Doetniz
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A las pocas horas de ocurrido el terremoto concertamos esta entrevista. Con dificultades de comunicación, acordamos juntarnos en alguna parte de Concepción. A punto de partir, en medio de la crisis, recibí su llamada. Cambio de planes: Sebastián Piñera la acababa de nombrar intendenta de la VIII Región y tenía que viajar por unas horas a Santiago. Hizo un alto en su agenda para encontrarnos.

Jacqueline van Rysselberghe (45, casada, seis hijos) está agotada. Tiene ojeras, el pelo tomado, las manos ásperas y oscuras de tanto trabajo. Casi no ha comido en dos días, no se ha bañado y lleva la misma ropa hace 48 horas. De hecho, en la ceremonia de su nombramiento usó los mismos jeans y polera de estas fotos.

Siquiatra hiperactiva, ejecutiva, de misa diaria, fue la más crítica del manejo que tuvo el gobierno de Bachelet ante la emergencia detonada tras el terremoto. La más peleadora y una de las más visibles en la organización para ordenar y auxiliar a los habitantes de su ciudad. Se trasladó a una oficina improvisada —la alcaldía está con daños—, se puso la chaqueta amarilla del municipio que nunca más se sacó y salió a trabajar.

Como a millones de chilenos, tres minutos de la madrugada del 27 de febrero cambiaron sus planes para siempre. Al día siguiente tenía presupuestado viajar a Santiago para dejar a Tomás (18), el mayor de sus hijos, que con su puntaje nacional comenzaría a estudiar ingeniería industrial en la Universidad Católica. “Estaba de muerte por su partida. Después del terremoto él me preguntó: ¿estás segura que no fabricaste esto para que me quedara?”. En la capital se les uniría Catalina (16), su segunda hija, que pasaba los últimos días de vacaciones en Viña del Mar y a quien todavía —al día de esta entrevista— no había visto.

“Esa noche estaba durmiendo. Fue tan fuerte el remezón que empezaron a caer los muebles, la tele, miles de ruidos, cosas que se quebraban. No terminaba nunca. Me dieron ganas de salir corriendo a buscar a los niños, pero sabía que era la peor decisión, porque si me pasaba algo no podría ayudarlos. En mi pieza dormía la menor, Fernanda (dos años y medio), me quedé con ella, mi marido fue a ver a las niñitas —Valentina (14), Natalia (10), Magdalena (8)—. Luego salimos a buscar a mi suegra, la encontramos corriendo con un ataque de nervios en dirección a nuestra casa. Somos como diez personas en la casa, y los pedidos los hago el fin de semana. No había dónde comprar. A los dos días se nos acabó la leche, me conseguí pañales con un amigo y todavía vamos a sacar agua de una vertiente que hay cerca, para los baños. Nos hemos bañado con balde, no me he duchado…”.

conce300DESPUÉS VINO EL TERREMOTO SOCIAL. “Era predecible, fue un sismo extremadamente fuerte y largo. Las instituciones públicas entregaron información contradictoria, que no había tsunami, pero la gente se inundó, se le fueron las casas, hubo muertos… Luego empezaron a saquear las tiendas”.

— ¿Tan rápido comenzaron los saqueos?
—Inmediatamente después del terremoto. Al juntarse todas estas variantes y no saber hasta cuándo íbamos a estar así, muchos vieron que se estaban quedando sin nada y lo justificaban para alimentar a sus familias. La segunda noche fue un espectáculo impresionante, como la película El día después de mañana. Había pocos militares y carabineros, sin toque de queda. Los vecinos salieron a la calle con palos e hicieron barricadas muy altas, para evitar la entrada a sus pasajes, a sus villas.

—¿Cuándo pidió que mandaran a los militares?
—El mismo día del terremoto. No empecé a pelear al tiro. Pero cuando me di cuenta de que los buenos oficios, como dicen por ahí, no servían, alegué públicamente. Si los saqueos partieron en la mañana, qué podíamos esperar para la noche, con la oscuridad iba a ser Sodoma y Gomorra.

—¿Hizo una solicitud formal?
—Lo hice ante el comité de emergencia y las autoridades regionales, también se lo pedí al subsecretario Rosende que estaba allá. Nos confirmaron que lo harían a las cinco de la tarde. Pero no aparecieron. Después nos dijeron que enviaron mil efectivos, pero ¡no se veían por ningún lado!

—Desde entonces se transformó en la voz crítica ante la lentitud de los bomberos de rescate, del gobierno, del Ejército…
—Es que lo de los bomberos no tiene perdón de Dios. La noche del terremoto supimos que se cayó un edificio habitado. Desde los escombros se escuchaban gritos de auxilio. En Concepción no tenían el equipo especializado para cortar material y rescatar a la gente. Les pedí que lo gestionaran, me dijeron que al mediodía estaría listo. Como no fue así llamé a Piñera, él venía en camino. Lo llevé al edificio para que escuchara los gritos pidiendo ayuda y dijo: por favor, llamen a Pérez Yoma. Hinzpeter habló con él. Escuché que le contó la situación y que necesitábamos que el rescate llegara esa misma noche del 27. Respondió que lo iba a evaluar. Llegaron recién al día siguiente a las cuatro de la tarde.

—¿No había otra instancia?

—¿Y con quién más iba a hablar yo? Si el futuro ministro del Interior llama al que está en ejercicio y éste queda en evaluarlo… La Fach confirmó que tenía dispuestos los aviones dos horas después de ocurrida la situación. Y los tipos estaban listos desde las 12 del día anterior. Me lo dijeron personalmente…

—¿Qué explicación tiene para esa tardanza?
—¡Aquí hubo pura y simple negligencia! No evaluaron bien, no se dieron cuenta de la gravedad de lo que estaba pasando. Puede haber justificaciones, pero no tienen ninguna explicación.

—Usted ha hecho ver el actuar de algunas instituciones como una comedia de errores. ¿No se le pasó la mano? Concepción no era la única ciudad afectada, tampoco la más crítica.
—El terremoto fue terrible para todos, pero de ahí en adelante todo era predecible. ¿Qué costaba hacer bien las cosas? Si salvabas una vida valía infinitamente la pena. ¿Por qué si toman la decisión de sacar los militares a la calle, no lo hacen con todos de una vez? No se pusieron los pantalones, les dio miedo. No querían terminar el gobierno con una ciudad militarizada. Nunca pensé ver, en una zona de izquierda como es Concepción, a la gente de un sector popular aplaudiendo la entrada de doce tanquetas en su barrio. Todos estaban cansados de los vándalos. Porque es muy distinto que salgan militares a la calle a tomarse el poder, que vengan a defender a la gente a petición del gobierno de turno. Es mejor ver a los militares defendiendo a los chilenos que lo están pasando mal, que mostrar saqueadores llevándose las cosas a plena luz de día.

politica300—¿Usted usó los conductos regulares para ‘alegar’? Porque la vimos en todo momento exigiendo a través de los medios de comunicación.
—Lo hice por los conductos regulares, pero le bajaban el perfil. Tendían a decir que la situación estaba relativamente normal, que en realidad era porque la gente tenía hambre. ¿Y para qué robaban la ropa, los plasmas, las lavadoras? A la mañana siguiente del terremoto nadie estaba muriendo de hambre. Ese es un cuento. Se empezó a justificar socialmente el pillaje y la autoridad no tuvo la capacidad de darse cuenta de eso. Por eso alcé la voz.

—¿Y qué tal funcionó su plan de emergencia, o el municipio no tenía uno?
— Sí tenemos, pero se fue a la punta del cerro en la medida que se desordenó la ciudad. No teníamos capacidad para actuar en esas condiciones.

—¿Entonces usted tampoco actuó a tiempo?
—Hay encargados por sectores para que evalúen los daños, tienes recursos y las formas de implementarlos, también los canales para pedir la ayuda necesaria. Pero fue una locura, empezamos a evaluar los edificios que estaban con riesgos, a repartir agua en los camiones aljibes, y resulta que ese mismo día nos comenzaron a atacar, tuvimos que guardarlos a las cuatro de la tarde. Así no hay plan de emergencia que funcione.

—A propósito, su municipalidad entregó los permisos de edificación a los edificios que se cayeron en Concepción. ¿Algún mea culpa?
—Damos el permiso si están todos los certificados de los especialistas. Ellos dicen si los cálculos de ingeniería están bien. Lo que nosotros tenemos que ver es que esté el certificado del ingeniero calculista que diga que se puede construir. No tenemos cómo evaluar la estructura.

Con Piñera se conocieron en la campaña presidencial. “Ahí supimos quiénes éramos. Tiene un humor muy irónico y eso me gusta. Asegura que yo paso de la rabia a la furia. A estas alturas me conoce. Tiene claro que le voy a decir las cosas tal cual, aunque no le guste. Es una relación abierta y así de clara, básicamente de respeto. Hay algo que fue clave y me generó confianza en él: me llamó la atención la forma en que los hijos interactúan con él. Lo quieren mucho, lo abrazan y besan. Eso no me cuadra con el gallo de corazón de hielo”.

—¿Cree que el actual gobierno se habría manejado mejor ante la emergencia?
—No me cabe duda de que habríamos actuado mejor. Al Presidente no le habría temblado la mano para tomar decisiones, generar eficiencia. El temple se mide en momentos difíciles.

—¿Lo dice por Michelle Bachelet?
—Tengo una muy buena opinión de ella como persona, tiene carisma, empatía y un instinto maternal tan potente que hace que las personas tengan afinidad y la quieran, pero en una situación de emergencia no basta con acompañar y consolar, hay que actuar. Aquí había que tomar decisiones que a lo mejor iban en su contra. Entiendo que es fuerte sacar a los militares a la calle, no quería terminar su gobierno con una ciudad militarizada. Pero yo que ella me hubiera instalado en la zona de catástrofe, habría llevado el gobierno para allá para palpar la situación y tomar buenas decisiones. Quizás a sus colaboradores les faltó capacidad para diagnosticar adecuadamente o subvaloraron lo ocurrido. No se dieron cuenta de la magnitud del problema. No logro entender por qué se quedaron congelados, estupefactos.

—Asegura que a Bachelet se le fue de las manos la situación, ¿cuál es la razón, según usted?
—Crisis de liderazgo. Su cercanía era un arma fuerte para el gobierno, pero en las condiciones del terremoto se transformó en una debilidad. Se farreó la oportunidad de terminar el gobierno en alto. Esa oportunidad la vamos a tomar nosotros para que vean que las cosas se pueden hacer bien y rápido.

politica302—¿Cómo evalúa el actuar de la Onemi?
—No hicieron nada bien. No dieron la alerta de tsunami, confundieron todo. Y la ineficiencia viene de antes. Lo que pasa es que habían pasado piola. Puedo dar fe de ello. Tampoco me explico por qué la Onemi no repartió sus clásicas cajas, mandaban esos palets de supermercados y hubo que empezar a armarlas allá. Se supone que tienen bodegas para la emergencia, ¿qué pasó? Yo creo que mandaron toda la ayuda a Haití y dejaron sin nada a los chilenos, por eso estaban tan en el aire. Te acuerdas que Chile tuvo la capacidad de mandar a las 24 horas ayuda a Haití, pero a Concepción se demoraron cuatro días. Además, Carmen Fernández se manejó mal, tengo una opinión muy crítica de su desempeño. Imagínate, me vine a Santiago en un avión Hércules y me contaba un comandante del Ejército que le entregaron un paquetón gigante de carne congelada. ¿Cómo se reparte eso? No había cómo mantenerla sin electricidad. ¿Querían que rompiéramos el récord Guinness del asado más grande? ¡Qué idiotas!

HOY ES SU PRIMER DÍA COMO INTENDENTA. “Ya empecé con un sobrevuelo de la provincia para empaparme de la situación del resto de la región”.

—¿Cómo llegó a la Intendencia?

—Meses atrás, cuando Piñera era candidato, lo conversamos abiertamente. Le dije que no me gustaría ser intendenta: para qué me quieres si soy un cacho, vas a andar peleando conmigo. Le agradecí y ofrecí mi ayuda, nada más. Me contestó: por lo peleadora te queremos ahí, porque no nos vas a mentir. Bueno, por donde pecas pagas. Ya me duele la cabeza pensando que me va a pasar un lote de carpetas y 25 pendrives. ¡Es una broma! Antes me habían ofrecido ser senadora y lo rechacé porque me encanta la alcaldía, estar cerca de la gente.

—Entonces Piñera la convenció.
—Me llamaron el día anterior al nombramiento y me dijeron que el entonces futuro presidente quería que fuera una de sus autoridades regionales. Tenía que responder en dos horas. Mi primera reacción fue no. Llamé a mi marido y a algunos amigos para preguntarles la opinión. Pero pensé… soy capaz de hacer bien las cosas, tengo liderazgo en la región, puedo ayudar a ordenar las cosas… Y acepté.

—¿Qué significa el nuevo cargo?
—Hay que reconstruir la región. Eso para mí es apasionante. Será una labor difícil, con metas altas, desde ya me genera una inmensa pasión. Aunque me da mucha pena dejar la alcaldía, la gente, mi equipo… llevo ocho años.

—Usted ahora es parte del equipo de reconstrucción. Otra cosa es con guitarra…
—¡Uf! Y ni siquiera se ha hecho el diagnóstico. En esta crisis muchos han brillado por su ausencia, entre ellos los alcaldes. No los han incorporado a la situación. Creo que esa es una buena manera de empezar. En la reconstrucción de la región y de Chile hay que trabajar unidos.

—¿Y el rol de su partido, la UDI, versus RN?

—Juntos como hermanos…

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