Lo que el viento trajo y se llevó
Casarse ayer... casarse hoy
De cómo han cambiado los matrimonios en 40 años hablan dos voces autorizadas: Verónica Detmer y Milicent Macowan. Se les suman algunos actores en esto de las tendencias, como Pablo Bagnara y Francesca Margozzini; Cristián Donoso y Catalina Musalem.

Cigarrillo tras cigarrillo, Verónica, mítica periodista del diario La Segunda y dictadora absoluta de sus páginas sociales por años —la mamá del Dandy—, habla del ritual de los años ’60. “En la generación mía, los invitados eran la familia y un contado número de amigos. La fiesta se hacía en la casa… una grande era de unas 350 personas. El banquetero de moda era Pancho Jara’’.
—¿Cuáles eran las iglesias más solicitadas?
—Nuestra Señora de los Angeles en El Golf; la Divina Providencia y la de El Bosque. Se usaban arreglos de flores muy sencillos y el coro, generalmente, era el de Los Barros. Como fotógrafo, Lucho Vera.
Milicent Macowan, verdadera wikipedia en estas lides, que cumple 50 años organizando todo tipo de congresos, inauguraciones, matrimonios, lanzamientos y “hasta funerales”, agrega: “Luego se incorporaron las nuevas como San Francisco de Sales, la capilla de las Ursulinas, Jacques Cazzotte, La Dehesa, Lo Barnechea y Las Condes arriba. Paralelo a ello, el ’87 hubo un vuelco hacia el centro porque se abrió la posibilidad de efectuar fiestas en el Club Hípico, en el Museo Histórico Militar y en el Club de la Unión. Lo más fácil siempre es tener la iglesia cerca del lugar de la recepción. De allí que se volvieron a usar templos como Santa Ana, San Lázaro, la Recoleta Dominica, La Merced, los Sacramentinos y varias más’’.
¿Y quién paga qué?
No hay reglas como antes. Milicent: “Eso de que la música corresponde a la novia y el whisky al novio, ya no existe. En ocasiones el papá de la niña corre con todo; en otras, las cuentas se reparten 50 por ciento o de acuerdo con el número de invitados que cada uno pone’’.
Y otro cambio: la nueva ley obliga a las oficinas del Registro Civil a tener todos los letreros en español y en ¡mapudungún! A su vez, los sordomudos tienen derecho a pedir lenguaje de señas en la ceremonia matrimonial.
‘SE CASAN LA MITAD DE LAS PERSONAS QUE HACE UNA DÉCADA’’, afirma Cristián Donoso, uno de los fotógrafos y videístas más solicitados. ‘‘La gente no considera el vínculo como necesario para vivir con alguien. Y la concepción de la familia, en términos de tener hijos, disminuye cada día”. Cree que el matrimonio es más un deseo de ellas que de ellos (por lo menos en el ABC1). Y agrega: “La ceremonia civil ahora la organizan como si fuera religiosa”.
El topísimo dúo de la banquetería, Pablo Bagnara (30) y Francesca Margozzini (29), anota otra diferencia: se hacen cada vez más las fiestas producidas y con decoración.
—El vestido…
Verónica Detmer: —Antes, generalmente te lo hacían las Echaurren, que eran las más famosas. Y también había modistos fantásticos desde muy jóvenes como el Pollo Covarrubias, quien todavía es uno de los diseñadores tradicionales. Los Click existían, pero todavía no prendían… Y muchas veces los vestidos y el trosseau se compraban en Buenos Aires.
Milicent Macowan: —Las novias usaban blanco riguroso y cuanto más repolludo y pomposo el atuendo, mejor. Encajes y tules para adelante y para atrás. Eso ya no existe. La tendencia es la figura estilizada al máximo.
Catalina Musalem, una de las diseñadoras del momento, comenta: “Hace algún tiempo las novias querían ser princesas. Vestidos armados, con cola, velo. Hoy quieren volar, sentir la tela, estar cómodas. El blanco sigue dominando. Para las primeras nupcias prevalece el off-white o un tono más ostra. Para las segundas, blanco ligeramente dorado o plateado”.
MM: —Años atrás, los novios usaban chaqué, de pingüino y corbatas de plastrón. Hoy, con un bonito terno —no necesariamente oscuro— y camisas hasta de colores. Las novias se iban temprano y se vestían con ropa de calle para la luna de miel: tailleur, sombrerito, guantes. Ahora, los novios son los últimos en partir… me encanta. Para la fiesta, además, se pasó de las casas particulares a hoteles, centros de eventos y, finalmente, a las viñas y campos con casas antiguas como la Hacienda Guay Guay.
ADIÓS AL GARRÓN DE CORDERO a la hora de comer, afirman Bagnara y Margozzini. ‘‘Hoy es bienvenido el pato, pero no de lata, sino hecho por nosotros, y el osobuco. En los postres nos mantenemos fieles al copón de chirimoyas acaramelizadas, manjar blanco y crumble de avena. Tragos del verano: caipiroska de maracuyá, mojito de frambuesa, champaña. Igualmente obligatorio, el mesón de mariscos para los que se quedaron en Santiago: lo que no te estás comiendo en la playa te lo comes aquí. Pero acá hasta los millonarios te paran el presupuesto. Las recepciones que nos salen bien son aquellas en que nos dejan ser”.
Para Pablo y Francesca, fue Juan Pablo Johnson quien cambió la banquetería en Chile. Rica comida, pero tan importante como ella, la escenografía, las flores, la música, la carpa.
MM: — Y los ‘invitados de trasnoche’ empezaron hace unos quince años como una manera de levantar la fiesta. Después del café, los mayores se van, entonces, llegan cien o más muchachos y bailan hasta el otro día. Se sigue contratando orquestas y los DJ´s cada vez dominan mejor la técnica. Entre los muchos que circulan están los hermanos Goñi, son como diez y si envejece uno, lo reemplaza el hermano menor… habrá Goñis para rato.
Los B y M asienten, pero agregan a Matías Reyes. Para Donoso, en cambio, no hay mejores que los que proporciona su empresa…

