La estrella de Belén
Personajes
Dudó ser tenista o terminar meditando en la India, pero vino de vacaciones a Chile, se casó con el carretero número uno del país y terminó como cuñada del Presidente. Con chofer y guardaespaldas, esta es la nueva vida de María Belén.
Fotos Claudio Doenitz

10 de febrero. Falta poco menos de una hora para que el Presidente electo anuncie los nombres de su gabinete y Belén baja de ese enorme Hummer que conduce Miguel Negro Piñera. Vienen caminando y, de lejos, todo contrasta: la silueta estilizada de ella versus la anatomía desbordada del Negro; los veintitantos de ella contra cincuentitantos de él; el colorido de las tenidas contra la eterna oscuridad de él…
Se sientan y el vozarrón de papurri contrasta con la dulce melodía de mamurri. La adora. Y ella, claro está, se deja mimar. El Negro le trae un café y varios vasos de agua, le hace cariño, la aconseja y tapa de piropos. “Se merece no el Ministerio de la Cultura, sino el de la escultura. ¡Mira qué linda es!”, dice embobado. Su mujer le devuelve el gesto con mirada tiernucha.
Nos encarga que la tratemos bien, le da las últimas caricias y se va. Y ahí queda Belén, con su cuerpo perfecto que se eleva casi al metro 80, su pelo iluminado, maquillaje meticuloso y unos ojos escoltados por enormes pestañas postizas.
María Belén Hidalgo Prado se crió entre cosechas y cabezas de ganado en las entrañas de Córdoba. Pudo ser jugadora profesional de tenis, pero terminó en el modelaje. Recién iba a comenzar a conocer el mundo cuando pasó por Chile, se topó con Miguel y nunca más se fue.
—Debe ser extraño para ti: venir a Viña de vacaciones un verano y años después terminar como la cuñada del Presidente…
—Es verdad. Si me lo hubieran anticipado alguna vez habría dicho que era imposible. Pero me llena de orgullo, porque es una familia buena, súper linda gente que me ha apoyado todos estos años.
—¿Y qué habría sido de tu vida si no te hubieras topado con Miguel?
—Quizá sería deportista o estaría meditando en la India. Eso sí, no me imagino en Argentina, sino en otra parte, probablemente en Europa.
—Llevas ocho años acá. ¿Qué es lo que más te disgusta de Chile?
—¡Nada! Al contrario, cada vez me gusta más.
—Imposible, algo te molestará…
—Los temblores me dan mucho miedo. Al comienzo me producían taquicardia. Después caché que era algo habitual.
Lea la entrevista completa en CARAS 571 del 19 de febrero.






