‘A los cuarentitantos el sexo es mejor que nunca’
Katherine Salosny
Imparable. Coanima el matinal de TVN, tiene un programa de radio y está fabricando vino junto a un enólogo. Liberal y concertacionista, no está dispuesta a que le pongan mordazas.
Fotos Pía Vergara. Producción Jessica Bawlitza. Maquillaje Macarena Matte. Pelo John Pérez

Katherine Salosny estaba en un rincón del sur grabando un documental para TVN cuando sonó su teléfono. Había mala señal y no entendió bien: la directora de programación del canal, María Elena Wood, le comunicó que era la nueva animadora de Buenos días a todos, el buque insignia de la señal estatal. Eso fue un jueves. Pasó el viernes en reuniones acomodando sus proyectos —como el programa Nunca es tarde en radio Romántica— y sus otros espacios de TV, mientras asesores le buscaban ropa frenéticamente. El lunes siguiente abrió el matinal junto a Felipe Camiroaga. “Mostró su oficio”, tituló un diario.
Desde el primer día se vio opinante, liberal. Se sale de los moldes. “La Constitución francesa tiene una postura notable frente al individuo —me comenta cuando entra en confianza—. En Chile se habla mucho de la defensa de la familia y no de la persona. No es que esté en contra de la primera, pero antes está el individuo, que tiene derechos, como tomarse su tiempo para decidir su opción sexual o religiosa, sin que la sociedad lo condene. Aquí te casas o eres un paria, por eso hay tantas familias disociadas”.
A los 44 años —tras pasar de animadora a actriz y ahora a conductora de nuevo, distintas parejas y cambios de casa— Salosny se da sus licencias. Es tajante, fuerte para ser tan pequeña pero tiene una mirada nostálgica atravesada por aventuras y tragedias. Sé que se guarda cosas inconfesables aunque a ratos —sólo a ratos— deja ver la fibra de la que está hecha.
—Sus opiniones generan cierta tensión con Camiroaga o Bustamante.
—Esas diferencias son las interesantes; que haya debate, diálogo, aunque generar polémica no es mi afán. Tengo algo que decir respecto de cosas que me superan. Lo de la píldora del día después fue insólito; el fallo apareció cuando estaba haciendo un reemplazo y me salió del alma decir que un puñado de hombres no podían decidir por millones de mujeres. Al día siguiente salió en portada: La férrea defensa de Katherine Salosny a la píldora…, pero eso no tendría por qué ser tema. No me interesa ser monedita de oro, no sería coherente.
Kathy se maneja con la exposición desde que la conocimos en los ’80, primero en el comercial del Pepsi Challenge y luego en Extra jóvenes, el programa que sería también trampolín de Camiroaga. Le pavimentó el camino a Felipe y ahora, más de 20 años después, él la acoge ya convertido en divo. Kathy regresa a la primera línea y por eso anda sonriente por la vida. No le importa levantarse al alba, y como es aplicada, se acuesta temprano para dormir ocho horas. Busquilla, no está dispuesta a dejar la radio ni ninguno de sus proyectos. Con el enólogo Alvaro Arriagada está fabricando un vino —tinto, como le gustan—, pendiente hasta de mínimos detalles como la botella y la etiqueta. Serán varios meses de guarda en barricas francesas los que darán vida al vino de la Salosny, que estará a la venta en edición limitada. Pero su plato fuerte es el Buenos días a todos.
“Me tomo esto con mucha precaución para no marearme. Es una enorme compensación. La TV es una pega más, y en ese sentido soy muy cautelosa, consciente. Hay una serie de cosas que no transo: para mí es importante no abandonar la radio, también pretendo hacer una obra de teatro este año y el deporte es una forma de vivir…”.
Estamos en el living de su casa en Vitacura, donde vive con Amelie, su regalona perra Golden, y una gata que ronronea mientras conversamos. Todavía hay sol, ella usa un buzo que deja ver su piel mate y los brazos tonificados por la natación.
—¿Pensó que animaría un programa prime?
—No, en primer lugar porque después de los 30 ó 35, las mujeres tienen pocas posibilidades si se arrugan un poco. Ahora la TV y la sociedad están mostrando algunas señales distintas. Fue súper positivo que empezaran ofreciéndome reemplazos porque yo no ansiaba salir en pantalla. Además, no temo opinar de ciertos temas, es un ejercicio natural y permanente gracias a los caminos que he seguido: soy actriz, he hecho clases, y eso me da una mirada más amplia. A estas alturas, uno es lo que es y así me presento. Fue potente y muy sorpresivo que las cosas fluyeran así, después de los 40.
—¿Por qué no apoyó a algún candidato presidencial como sí lo hizo Camiroaga?
—Ya hice mis jugadas, hoy no me interesa. Toda la gente sabe que soy concertacionista, pero más allá de eso… Antes estuve en campañas, que hoy las hagan otros.
—¿Se curó de espanto cuando siendo muy joven apoyó el Sí y eso le trajo críticas?
—Ese no es tema. Y ya está —corta el asunto de una sola vez, sin dejar espacio a comentarios—.
—Siendo de la Concertación, ¿le parecería dramático un presidente de derecha?
—Me preocupa el conservadurismo de la derecha y, en lo cultural, que se retroceda respecto de lo que hemos avanzado; que todo tenga que ver con decisiones radicales como en el caso de la delincuencia, donde la solución pareciera ser siempre la cárcel. Me sorprende tanto discurso del cambio… este país ha cambiado mucho en los últimos 20 años; por supuesto que falta, las cosas no se hacen de un día para otro. Además, veníamos de muchos años de dictadura. Cuánto ha costado que la gente salga a la calle a luchar por sus derechos, Chile no está mal porque sus habitantes protesten. Esas reflexiones no salen en la prensa, y nos vamos embruteciendo con lo que dicen los diarios. Me tiene aburrida el eslogan del cambio… Eso ya fue; qué maravilla que estemos en democracia y haya voz ciudadana.
—Siempre está partiendo. Estaba construyendo una casa en La Reina, por ejemplo, pero no resultó y hoy tiene una nueva en Vitacura.
—¡Menos mal que me establecí aquí; si no, no sé a qué hora tendría que levantarme!
—También terminó con su pareja, cerró el capítulo de tener hijos…
—Tiene que ver con una estructura de personalidad, un impulso de vida que me ha salvado de muchas miserias. He vivido a concho, me levanto una y otra vez. Se me ha ido alivianando la carga y más ganas me dan de vivir… De hecho, me asusta tener tantas ganas de vivir ahora que estoy empezando los descuentos.
—¿Qué la asusta?
—Quisiera más tiempo. Me da cierto vértigo, es que soy una gozadora. Me acuerdo que alguna vez renegué de la tele cuando estudiaba teatro, y me puse medio dark, me fui a unas profundidades… Pero siempre muy consciente de mis procesos.
—Qué racional.
—Sí, súper.
—¿Y no se agota?
—A veces me dan ganas de sacarme la cabeza y meterla un rato en cloro, dejarla en blanco. Porque soy muy analítica, menos controladora que antes, pero me quiero así.
—¿Está sola?
—Sin pareja. No tengo ansiedad. A veces me dan ganas de estar con alguien, llegar a la casa y compartir con él lo que me ha pasado, o pegarnos un viaje juntos. Son imágenes románticas pero no quiero quedarme pegada ahí porque eso me quitaría energía. Por supuesto que es un anhelo, pero ¿quién me va a tolerar a los cuarentitantos?
—Si la Hansen aguanta a Camiroaga, con todas sus mañas, ¿por qué no la van a tolerar?
—Eso espero. Me siento mucho más disponible que antes en todo sentido. Mis últimas experiencias fueron exquisitas, he tenido relaciones de pareja muy lindas, potentes. Esta es la forma de vida que elegí, la que tengo, y es distinta a la de otros pero con muchas riquezas y satisfacciones. La sociedad en que vivimos te interroga ¿por qué no te has casado? ¿Por qué estás sola? A mí me gustaría que tantas mujeres se dieran permiso para preguntarse si quieren ser madres o no, porque muchas tienen hijos por deber ser; y cuántas cosas no resueltas se proyectan en esos niños.
—¿Cómo es el sexo a los cuarentitantos?
—¡La raja poh, mejor que nunca…!, aunque es algo particular de cada persona. Hay mujeres que a los 40 han renunciado al sexo; ya mayores, ni hablar.
—¿Le gusta el galanteo, que la inviten a comer y paguen la cuenta?
—Me encanta que me inviten, por cierto, no me ando haciendo la chora. Con los amigos es distinto, pagamos entre todos, pero me gusta lo romántico y también invitar yo.
—¿Qué intimida más a los hombres, el ser independiente y con opinión, o la fama?
—Las dos juntas son muy fuertes, sobre todo para los cogeneracionales. Con los más jóvenes hay un diálogo distinto y atracción también.
—¿Podría estar con alguien más joven?
—Sin ningún problema, ya lo he estado y fue una relación muy bella, de las más lindas.
—¿Le preocupa el paso del tiempo?
—Me molesta que te recuerden permanentemente la edad que tienes. ¡Las mujeres se andan operando para ser eternamente jóvenes! No estamos acostumbrados a verlas envejecer en pantalla; como si ser vieja fuera una falta de respeto sin más opción que esconderse en un asilo. ¡Qué maravilla que los hombres puedan ser guatones, pelados…!
—¿Se haría algún retoque?
—No, porque me da terror y porque quiero ser una vieja seria. Por ejemplo, ahora que viene la alta definición andan todas aterradas porque se empiezan a notar los lunares, las manchitas… una ojera puede ser tema para mucha gente en la tele. Eso sí, por supuesto que yo me cuido, tengo un buen dermatólogo porque estoy todo el día con maquillaje, nado y tengo personal trainer.
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