La Reina y El Guachaca
Mary Rose Mac-Gill y Dióscoro Rojas juntos por primera vez
Soberana socialité versus monarca del populacho. Mary Rose fue criada por nannies y Dióscoro surgió de la pobreza en Lontué. El critica al cuiquerío y ella el recelo de los pobres hacia quienes los pueden ayudar. El la postula a reina guachaca. Ella acepta. Las dos caras de Chile en un inédito encuentro.
Fotos Diego Bernales.
A este lado Dióscoro Rojas, músico, nacido en Lontué hace 59 años, el noveno de once hermanos, hijo de padre alcohólico, separado, una hija y una nieta.
El comandante en jefe de los guachacas ostenta varios pergaminos. Por ejemplo, es Huésped Ilustre del Hogar de Cristo y por eso tiene asignada la cama número 18 de la hospedería central, por lo que puede hacer uso del refugio cuando quiera o lo necesite. También ha sido honrado como Garzón suplente de La Piojera, por lo que ante cualquier inasistencia de alguno de los mozos oficiales del popular bar, Dióscoro debe asumir de inmediato. Otro reconocimiento: el primer vino guachaca, de la cepa Cabernet Pipeñón, llevará el nombre de Gran Guaripola; es decir, él.
Por acá se ubica Mary Rose Mac-Gill. Estupenda ella a los 76, hija única de empresario escocés, amante del arte y reina madre socialité. Al contrario de Dióscoro, sus padres se conocieron en el Club de la Unión, su progenitor murió jugando golf, fue criada por nannies, desde muy joven viajaba a Europa y hasta alguna vez tomó té con Churchill.
El primero en llegar al encuentro en el restorán Raza es Dióscoro. Al poco rato aparece Mary Rose. Radiante con su rubia y elevada melena siempre cuidada, su enorme sonrisa alba, labios rojos y figura sin gramos de más. Dióscoro no la ha visto y sigue dando sorbos de cafeína en medio de su pequeña humareda.
Al fin, sus miradas se topan, se saludan y se inicia la primera cumbre entre estos dos rostros del Chile de hoy.
—¿Se conocían?
—Mary Rose: Mucho de nombre. ¿¡Quién no lo va a conocer pues!? De hecho, en alguna oportunidad, alguien me comentó que tu grupo me quería nominar reina guachaca. Yo dije que bueno, cualquier nominación es altamente honrosa. Pero después me bajaron. Parece que me encontraron muy rubia.
—Dióscoro: Yo claro que la ubicaba. Una vez hicimos un juego de presidente y a usted la teníamos para relaciones exteriores.
—MR: Me acuerdo, de lo más simpático…
Van a almorzar juntos. Dióscoro, preocupado, arregla su tenida antes de pasar a la mesa. Hasta saca de uno de sus bolsillos una corbata colorinche y se la anuda con dedicación.

—Dióscoro, ¿su imagen de Mary Rose?
—Muy vital. Es muy lúcida y siempre pone alegría donde está. No le importa lo que digan. Es de una personalidad fuerte. Le reconozco su buen humor, pese a que es como una figura bien lejana que aparece en esos eventos en que los guachacas estamos distantes.
—¿Y usted de él?
—Me saco el sombrero por él y su grupo, que se preocupan de preservar lo netamente chileno. Lo encuentro fantástico. Lo admiro porque hay que tener gran personalidad y convicción para ir en contra de la marea.
—Dióscoro, ¿es Mary Rose una cuica?
—D: Bueno es un ícono de esto que llaman la socialité. Pero creo que es más guachaca que cuica. No es despreciativa. Va a estos seminarios con empresarios donde dicen cómo comportarnos, pero pienso que asiste más para conversar, como hacemos los guachacas.
—Usted podría ser reina guachaca…
—D: Claro. Hay que tirarla nomás…
—MR: Pero deben tener a chiquillas más jóvenes pues. Yo estoy para reina madre…
—D: Nooo, está para reina guachaca. A todo esto, es bien sorprendente que estemos aquí…
—¿Por qué?
—D: Es que nunca me imaginé que iba a estar en la revista CARAS. Y menos con Mary Rose. Hasta me había preparado con algunas frases, como por ejemplo: “Vengo saliendo de un infierno, pero he vuelto a creer en el amor…”.
—(Mary Rose ríe con ganas y lanza) ¡Qué cosa más divertida!
—¿Mary Rose, se ve en La Piojera tomándose un terremoto con Dióscoro?
—Es que casi no tomo trago. Pero si me dan una Coca-Cola, perfecto. Ahora, no sé por qué se llama La Piojera si no debe haber ningún piojo. A todo esto, ¿por ahí no estaba este lugar donde llevaban a los perritos?
—D: ¿La perrera? Está más allá.
—Dióscoro, ¿usted se ve en alguno de los eventos a los que suele ir Mary Rose?
—(Ella interrumpe) Te aseguro que si lo convido a un regio concierto iría feliz…
—(Ahora sí toma la palabra Dióscoro) Es que cuando uno va a una parte es para pasarlo bien. Y yo creo que lo pasaría mal en esos eventos. ¿De qué vamos a hablar?
—(Vuelve a la carga Mary Rose) Es que en mi invitación ibas a escuchar, no a hablar.
—D: Pero si a la temporada de conciertos he ido como hace diez años…
Suena fuerte el celular del guachaca. Contesta y habla cubriendo la boca con su mano.
—(Mary Rose reflexiona cómplice) Mira, guachaca será el hombre, pero tiene su regio teléfono…

—D: Muchas veces el cuiquerío se refiere a los guachacas como que no tuvieran nada que decir. Y en Chile el arte viene en buena medida de los sectores más guachacas. Este es un país de esfuerzo, donde nos ha costado sacar nuestras riquezas de la tierra. Y los populares tenemos ese ejemplo.
—MR: Pero las cosas han cambiado, Dióscoro. Te voy a contar algo: años atrás, cuando presidía Amigos del Arte, recuerdo que cuando se hacían las postulaciones a las becas llegaban muchas solicitudes. No sabes las discusiones que tenía con los muchachos jóvenes cuando les decía que había que ir a buscar un empresario que lo apoyara. Veía el recelo espantoso que ellos, de estratos bajos, sentían contra quienes los podían ayudar. Pero cuando los juntaba y se conocían caían estas corazas. Hay recelo, es cierto, pero cada día menos fundado.
—D: Es triste, pero los chilenos estamos divididos. Hay gente que jamás ha visto alguna de las casas de Lo Curro. Lo que pasa es que los guachacas queremos cosas simples: una mujer a quien amar, unos hijos para educar, un amigo con quien compartir y una casita pequeña para pintarla todas las primaveras. Cuando pretendemos otras cosas nos empezamos a dividir. Es algo que hay que romper. Debemos juntarnos más y humanizar al cuiquerío. Muchos de ellos te tiran el cargo, vivimos con gente que se cree institución y no persona.
—DIÓSCORO, ¿QUÉ ES LO MÁS PITUCO QUE HIZO EN SU VIDA?
—(Mary Rose se ríe y lanza…) ¡Me gustó esa pregunta!
—D: No sé… Ah, ya me acordé: fue una comida una vez en un castillo francés. Había como un kilómetro de puros postres, cachai. Era una bacanal.
—Y usted Mary Rose, ¿qué es lo más popular que ha hecho?
—Es que yo voy a todas partes. Prefiero que me preguntes directamente si he hecho algo y yo te contesto.
El toma la palabra:
—A ver, ¿sabe qué es un pipeño?
—MR: Una cuestión que se toma…
—D: ¿Pero lo ha tomado?
—MR: Pero si tuve marido, tengo hijos y todos han tomado pipeño pues…
—D: Le pregunto otra cosa entonces: ¿le gusta el huevo duro?
—MR: Es decir, sacarle la cascarita y comerlo así con sal (y se lleva los dedos a la boca haciendo el gesto técnico de la mordedura), me fascina. Me gustan los maniceros, los estiro-somieres y me encantan los afiladores de cuchillos. Si eso es ser guachaca, soy guachaca.
—D: Lo raro son estas cosas del cuiquerío que, por ejemplo, ahora tienen rutas para el vino. Los guachacas no necesitamos rutas, sofisticación ni complejidad.
Mary Rose acaba de pedir un express y replica a Dióscoro:
—Es que hoy Chile tiene los mejores vinos del mundo. Es increíble lo bien que nos ha ido. Por eso se hacen estas rutas para que la gente haga sus degustaciones. Es lo mismo que pasa con la ruta a los cerros de Valparaíso, que sé que tú los quieres mucho y que yo también adoro, ¿te fijas tú? Ahora, tu pipeño lo vas a encontrar en todas las rutas…
—D: Nooo…
—MR: Bueno, ¿y qué es el pipeño?
—D: Un vino blanco dulce…
—MR: Ahhh, o sea tres tiritones…
—D: Nooo, si es el vino más sano que hay.
—¿Y qué vino toma usted Mary Rose?
—Tinto, Casa Real de la Viña Santa Rita.
—(Dióscoro le lanza como niña pillada…) Ahhh, o sea al final igual algo le pone…
—Hablemos de política…¿Huérfanos o identificados con el proceso político que vive hoy el país?
—MR: Yo estoy identificada. Y no tengo ningún problema en decir que voy a votar por Piñera. Lo peor es mentir. Podrán no gustarme algunas cosas, pero entonces debería hacer un injerto de cinco personas distintas para sacar un candidato. ¡Ridículo pues! A la gente hay que tomarla como es.
—D: Los guachacas somos extremistas de centro. Ahora, si me preguntas por la Concertación y su política cultural, nunca he estado de acuerdo, jamás. Y es la primera vez que lo digo. Los populares no se sienten representados por lo que dice el oficialismo.
—¿Pero tiene claro su voto, Dióscoro?
—Mi padre era obrero y del Partido Conservador y mi mamá campesina DC. Para elegir a alguien yo recurro a la infancia, que es cuando uno decide cosas en forma honesta. Soy de Lontué y allá llegó el padre de Frei Montalva, que era un bodeguero. Y fue él quien creó una ley para que se pagaran, por ejemplo, los días de lluvia en el campo. Dicen que el hijo es feo y fome, pero no lo quiero para tony. Lo único que sé es que es más honesto que los demás. Pero ojo, que no hablo por todos los guachacas.
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