‘La gente de derecha es como huasa’
Marta Larraechea, más francota que nunca
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La mejor evaluación que he oído sobre los debates presidenciales y las candidatas a primeras damas provino de María Lagos Canío, mi empleada-oráculo de escasos 65 años, origen araucano, peso incierto… María es laguista-bacheletista profunda y crítica de Onami (como le dice a MEO) “porque se metió con el Papa y la Presidenta y no se disculpa para nada”. Sin embargo, le va a dar su voto a Marco porque le gusta la señora. “Le perdono todo por la Karen. Ella cocina el domingo, corre, va para acá, para allá, saluda a la gente. La de Piñera no está a la altura de nosotros los pobres; está para otras alturas. La Martita no me convence, lo que hace es levantar la mano y estirar el cuello. Durante el gobierno lo único que hizo fue salir a pasear con el marido. Y tampoco es como la señora Luisa que andaba por todos lados y bien cansada, arrastrando los pies como uno”. Respecto de Arrate, se queda con el “viejito”, porque no es prepotente y habla muy bien, aunque sabe que va a perder. Con Piñera no quiere nada, dice que sólo le interesan las empresas. “¿Y los pobres, dónde quedamos? —se cuestiona—. A Frei ya le pasó su momento y tampoco hizo nada por nosotros. Don Ricardo Lagos y la Bache han sido los que se han preocupado”.
—A ver Martita, por qué alguien como María habla de que su marido “no hizo nada por nosotros los pobres…”.
—No sé qué le tocó vivir a ella, pero el trabajo que hizo Eduardo por los pobres fue muy profundo..
—Qué responde a los que comentan: ¿otra vez Martita, con botones, niñitas y viajes incluidos?
—(Se larga a reír) Otra vez Martita… porque soy la misma nomás. La misma que se mató trabajando por los niños en edad escolar; por la mujer en Prodemu; la que hizo el Museo Interactivo Mirador, que es un orgullo nacional; la que sacó a los adultos mayores del patio trasero de la casa. Poseo vocación de servicio y quiero ayudar. Si les gusta bueno, si no, no.
—¿Y los botones?
—Pasaron de moda. Ahora lo que se usa es lo casual. Pero tengo unos vestidos guardados, sin botones, que fueron con los que cerré La Moneda y con los que la voy a abrir ahora (concluye riéndose a carcajadas).
—Los viajes.
—Los han caricaturizado de una forma absurda. La derecha, que es la que más los ha criticado, no estaba acostumbrada a que Chile saliera al mundo; no entendía esto de las relaciones internacionales ni cómo había que ofrecer los productos, porque estábamos absolutamente aislados. Afuera no querían nada con nosotros. Pero se fueron abriendo los mercados y los empresarios saben, a través de esos viajes que hicimos juntos, cómo los fuimos colocando. De hecho, pasé un buen tiempo sin poder probar salmón de tanto que me tocó comer para que supieran lo bueno que era. Cada vez que venía una visita, métale salmón. Lo mismo con el vino, cajas de diferentes viñas como regalos oficiales…
“En esos viajes estábamos trabajando, no turisteando ni paseando. Hicimos un buen papel internacional y, a raíz de eso, se logró el desarrollo que tiene Chile. De partida, Lagos viajó mucho más que Eduardo, Bachelet también, pero se quedaron con el chiste porque Eduardo fue el que abrió, como quien dice, el cauce. Es que la gente de derecha es muy como huasa. Me acuerdo cuando el presidente electo de México, Vicente Fox, vino a Chile. Huyyy… los dirigentes de los partidos de derecha se rasgaban las vestiduras. Pero a la hora de ¿quién le va a pagar el hotel? ¡Qué vergüenza más grande Dios mío! Fox dijo: Yo me lo pago. Se nota que tienen cero roce internacional”.
—¿Lo dijo Fox?
—No, lo digo yo. Fíjate lo que le han echado ahora en cara a la Michelle por llevar de viaje a su mamá, cuando la Presidenta no tiene marido. Da pena ver adultos, que se suponen inteligentes, comportándose de esta forma.
—¿A qué atribuye las críticas que se le hacen a usted: será su espontaneidad o porque… se sienta en la diferencia?
—Un poco por todo, siempre he sido muy franca. Sin embargo, cuando salgo a las regiones es al revés: me impacta el tremendo cariño. ¡Martita!, me gritan… me besan, me aprietan.
—¿Qué tendría que hacer o dejar de hacer o decir para neutralizar esos sentimientos? No hay que olvidar que estamos casi al final de la campaña…
—La verdad es que no me hago propaganda. El que va a ser electo es mi marido, no yo. Además, el cargo de la señora del presidente ha estado bien controvertido en este último tiempo. Algunos opinan que esta figura no tiene para qué estar ahí. Pero, paralelo a eso, nos han dado una importancia loca en las entrevistas. No soy una persona que me tenga que hacer querer, sólo digo que el proyecto político de mi marido es serio. Que él fue el primero en nombrar tres ministras en su gobierno; que hizo una cantidad de leyes impresionante a favor de la mujer y otras —en colaboración con la entonces ministra Soledad Alvear— como la igualdad de los niños ante la ley, que fue revolucionaria. Acuérdate que había hijos legítimos, ilegítimos, naturales. A eso se suma el trabajo de la Presidenta Bachelet. El lema de Eduardo es Ni un paso atrás.
—Se reconoce vanidosa y ha expresado que quiere que la entierren peinada por el Pato Araya…
—Y que quede bien mononita para cuando todos pasen a mirarme.
—Nadie cree que no se haya hecho alguna cirugía plástica. ¿No tendrá unos hilitos tensores por ahí escondidos?
—Eso sí, porque son sin tajo. Se trata de unos elásticos que se ponen en el pelo (se separa un par de mechones y los enseña; y ahí, evidentemente, estaban estire que estire). Luego te los cortas y te los sacas. Cuando están demasiado apretados, como hoy, duelen un poco, pero tú misma los puedes graduar. En un rato más me los saco.
—Y cuando se los quita, ¿no se viene abajo toda la estructura?
—No, fíjate. Aunque sí quedas más arrugada de lo que eres (y señala riéndose un par de arrugas cerca de la boca).
—Nelson Avila afirmó que Marta Larraechea era el bastón de Frei, que sin usted cojeaba.
—Estimo mucho a Nelson, pero no es así. Lo que sucede a estas alturas de la vida, es que con Eduardo nos necesitamos mucho. Somos bien simbióticos, siendo absolutamente diferentes. Por eso nos ayudamos y nos queremos. Me pregunta cosas prácticas: que dónde está esto, lo otro. Para ello mantengo una libretita con todas las informaciones, direcciones, teléfonos, a la que siempre recurro. Y permanentemente le digo: ¿qué sería de tu vida sin mí? Pero cuando se enfermó y estuvo tan mal, casi me morí. Después, cumplimos 40 años de casados y allí le dije: ¿qué sería de mi vida sin ti?
—Bastón o no, muchos estiman que usted es la mejor carta de Frei y que, por lo tanto, hay que sobreexponerla. En cambio, otros piensan que entre más bajo perfil, mejor. La quieren en terreno, pero calladita. ¿Cómo aporta más: muda u opinando?
—De todas las formas. En el momento que tengo que opinar, opino; y cuando debo callar, enmudezco. En las giras con Eduardo él es el que habla.
—¿Habla?
—Vieras los discursos que se manda. Estupendos, llenos de contenido. Y eso es lo que importa en una campaña. Allí yo voy de arrocito.
—¿De qué?
—De arrocito. De compañía. Saludo a la gente que es súper cariñosa y me quedo bien calladita. Pero cuando voy sin él tengo que hablar y aunque parezca raro soy tímida. Me cuesta hacer discursos ante un público masivo… Se me da más el diálogo.
—Para una persona como usted que se manda sola, ¿no es un desagrado mayúsculo que le estén dando directrices sobre cómo actuar, cómo hablar? Incluso el llamar a sus hijas las niñitas levantaba roncha. ¿Cómo tiene pensado rebautizarlas?
—La verdad es que a mí nadie me pautea. Ni antes ni ahora ni nunca. Jamás un asesor me ha dicho oye, anda por acá, no mires para allá. No. Pero sí voy a tener que cambiar el niñitas porque mis hijas ya están bien viejitas, trabajan, son madres… Son un fiel reflejo de lo que es hoy la sociedad en cualquier nivel social y me preocupa: ambos trabajan fuera de la casa y tienen que ser eficientes o pa’ fuera y que venga otro. Igualmente, los colegios son muy exigentes: que la reunión, que el paseo…
—A estas alturas las cosquillas dominicales y los nietos deben haber quedado relegados…
—Siguen igual. Los domingos son intransables.
—Karen Doggenweiler afirmó que con ella “terminarán las primeras damas gomero”.
—¿Qué quieres que te diga? No me siento aludida, me saqué la mugre trabajando; profesionalicé todas las instituciones.
—No entiendo, ¿por qué insisten en enfatizar sólo los logros de la Presidenta? Pareciera que por falta de méritos e iniciativas propias se tienen que colgar de lo conseguido por Bachelet.
—Por cierto que hablamos de los logros, pero no puedes vivir del pasado. Nuestra tesis es que gracias a lo que se ha conseguido, desde el presidente Aylwin a la fecha, vamos a continuar y aumentar lo hecho porque estamos en buen pie.
—Comentan que su marido no se presentó a la Enade porque teme enfrentarse en materia económica con Piñera. Otros lo defienden diciendo para qué desgastarse donde no sacará ningún voto…
—Eduardo es, de las personas que conozco, la que mejor se maneja con los números.
—¿Más que Piñera?
—Pero mucho más. Le da cancha, tiro y lado en esa materia. Segundo, hay muchos empresarios que no están con Piñera. El iba a ir feliz, pero tuvo que votar en el Senado la ley de presupuesto. La Segunda, que ya es una vergüenza, una cosa descarada, pone como titular que Eduardo se bajó de la Enade. Pero omiten decir por qué no asistió.
—Está claro que ustedes no sólo cargan con las glorias de la Concertación. También con pecados.
—No hemos hecho todo bien. Y para superarlo y hacer las cosas mejor es que vamos a volver al gobierno. Evidentemente se han cometido errores. Por fortuna, pocos. En el escenario mundial, Chile sale muy bien calificado. Cuando Eduardo estaba en la Presidencia tenía un departamento dedicado a detectar anomalías. De hecho, le valió el premio de Transparencia Internacional. Ahora, lograr un ciento por ciento, no puede ser. Cualquiera se te arranca por el lado.
—La ambigüedad en temas como el aborto y las uniones homosexuales enerva a un contingente importante de quienes se niegan a votar por candidatos que continuamente responden: sí pero no o todo a su debido tiempo.
—Nos hemos pasado siglos escondiendo todo debajo de la alfombra: la violencia intrafamiliar, el divorcio… Hoy los temas se deben tocar y discutir abiertamente. Respecto al aborto, soy pro vida. Pero también creo que debe haber aborto terapéutico para salvar a la madre, como fue en este país por años, hasta el día antes que el señor Pinochet se fuera. Y toda esta gente, que nunca dijo nada durante la dictadura, ahora se golpea el pecho.
—¿Incluiría a un niño que viene mal formado?
—No. Sólo cuando la madre está en peligro.
—La píldora del día después vista en el seno familiar: Eduardo, Marta, hijas.
—Estamos convencidos de que no es abortiva, ha sido demostrado. Distribución gratis y para todos igual. Así que cero problema. En cuanto a los gays, en este país existe una falencia para las convivencias heterosexuales y del mismo sexo: cuando dos personas deciden separarse o se muere uno, el tema patrimonial queda en la nada misma. De allí que se estudie una ley para regularlo.
—¿Con cuál de las opiniones —vertidas por su marido en Anatel— está más de acuerdo: con que haya calificado a Allende como uno de los presidentes más importantes del siglo XX junto a Aguirre Cerda y a su suegro, o poner nota cuatro al gobierno de éste, en una escala de uno a diez?
—Eduardo está repitiendo esto desde que empezó la campaña: que él viene en esta saga. Y el otro día lo argumentó en una reunión con el mundo sindical y parecía que los periodistas lo hubieran escuchado por primera vez. Dice, en el fondo, que es heredero de todos ellos, porque son sus partidos los que lo apoyan: Pedro Aguirre Cerda, el Partido Radical; Eduardo Frei Montalva, la Democracia Cristiana; Salvador Allende, Partido Socialista y el PPD. ¿Y por qué? Porque son los presidentes democráticos de este siglo.
—Ahora quieren incluir el Partido Comunista.
—Evidente, ¿hasta cuándo con la exclusión?
—La franja de su marido no ha sido bien evaluada por los expertos. ¿Le parece que se equivocaron en el enfoque o es una persecución con Frei?
—Nada de lo que hace Eduardo le gusta a la prensa. Ya me da lo mismo. Encuentro que la franja es buena. Es una campaña que la hemos llevado con todos los diarios en contra. En los años que tengo, nunca había visto unos medios tan comprometidos con un candidato, con Piñera, como El Mercurio, La Segunda y La Tercera.
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