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Luciano Cruz-Coke, Sergio Hernández, Sebastián Layseca y Francisco Reyes
Cuatro artistas se la juegan por los aspirantes a La Moneda. Comprometidos, dicen que hoy son pocos los que en el medio se atreven y admiten que sus apuestas tienen costos. Estas son las razones de Luciano Cruz-Coke (Piñera), Sergio Hernández (MEO), Sebastián Layseca (Arrate) y Francisco Reyes (Frei).

En la cuenta regresiva, los presidenciales parecen máquinas proselitistas que apenas se detienen algunas horas para dormir. La marcha es frenética, extenuante, y todos los apoyos vienen bien. Tan importante como los candidatos son los rostros, esos famosos —casi siempre actores reconocidos de la TV— que ayudan a crear un puente —más virtual que real— entre el postulante y las grandes masas de electores televisivos.
No importa la potencia de la candidatura: todos deben contar con un pequeño grupo de estrellas que contribuyan a dar una apariencia ‘cultural’ a la propuesta. Con los debates terminados y las grandes encuestas entregadas, sólo queda la franja política como última instancia para la seducción…
Luciano Cruz-Coke, Sergio Hernández, Sebastián Layseca y Francisco Reyes se la juegan y defienden a sus elegidos. Una apuesta de compromiso público que hoy, sin embargo, pocos actores están dispuestos a asumir.
—¿POR QUÉ LOS CANDIDATOS QUIEREN UN ACTOR AL LADO?
—Sergio Hernández: Es que observamos la realidad; estamos muy cerca de los hechos que enfrentan en su vida las personas. En principio, somos pensantes. Por eso un candidato al lado de un actor da cuenta de cierta imaginación y capacidad de creación. Y la política debe ser creativa.
—Luciano Cruz-Coke: Les sirve estar con gente conocida, reconocida, cercana al público. En general, se respeta nuestro trabajo y por eso resulta una manera eficaz de acercarse al electorado. Además, tenemos cierta “legitimidad cultural”.
—Sebastián Layseca: Las personas suelen encariñarse con nosotros. Formamos parte de las familias al entrar a sus casas… Pero también sucede algo cuestionable: si existiese una cultura potente acá, el público engancharía más con su escritor, director de cine o pintor favorito. No con actores.
—Francisco Reyes: Se trata de que el candidato logre acercarse. De lo que no estoy seguro es de que esa proximidad se convierta en votos. Algunos creen que somos un aporte “cosmético”. ¿Por qué no están los intelectuales de peso? Yo, al menos, me siento más allá de mero aporte “cosmético”.
—¿Por qué no hay animadores, excepto Felipe Camiroaga que está con Frei, que se la jueguen abiertamente?
—SL: Es que no tienen ese nivel de pasión y extroversión nuestra. Los conductores son productos que cuidan hasta cada pelo con tal de proyectar una imagen.
—FR: Están en contacto directo con la gente. Mostrar su posición política puede ser complicado.
—¿Habrá un elector que decida su voto por ver a un candidato con un rostro de la TV?
—SH: Si la gente de Piñera y Frei se enojó tanto con Karen Doggenweiler es porque tiene relevancia. Lo que importa es que exista concordancia de imagen entre candidato y rostros. Por eso imagino que para Pancho debe ser complicado que, por ejemplo, aparezca Frei bailando con una niña medio en pelota frente a La Moneda…
Reyes toma el comentario de Hernández y se desmarca del baile del team:
—Sí, difícil, no sólo por ese caso. Yo simplemente aconsejaría que el candidato sea lo que es nomás. No intenten despeinarlo.
—¿Qué costos tiene para ustedes esta apuesta política?
—SH: En el país del chaqueteo, de los pitutos, donde se discrimina y difícilmente se acepta la diversidad, habrá algunos que se molestarán porque los ‘abandonaste’ (me refiero a concertacionistas). Y a más de alguno capaz que se le pase por la cabeza castigarte si es que ganan la elección.
—LCC: Estar con Piñera ha tenido costos para mí, incluso dentro de los mismos actores… Pero también me ha servido para encontrar gente que escucha puntos de vista distintos, que contradice eso de que los artistas debemos estar siempre en la centroizquierda. Mi idea es contribuir a crear una derecha más tolerante.
—FR: Algunos me paran en la calle y me dicen ¿cómo está usted con Frei? Claro, uno no quisiera esos reproches. Aquí se suele ser cabrón con los que manifiestan sus preferencias políticas, pero en TVN han sido pluralistas. Tengo claro que esto de la campaña es importante, pero circunstancial. Primero que todo soy actor.
—SL: Puede ser que la gente se prejuicie y genere ciertas antipatías hacia uno.
—¿Y los beneficios de estar al lado del candidato que resulta ganador?
—SH: Mira, todo lo que he hecho en mi vida, tanto en política como en creación, no fue pensando en que eso me reportará beneficios. O que seré ministro, como Luciano… (lanza como broma a Cruz-Coke)
—LCC: No seai…
Hernández vuelve a la carga:
—¡Pero si no tienen a nadie más, pues…!
—LCC: En la comisión Tantauco de cultura hay 15 integrantes y hemos hecho un programa muy bueno. No sé qué beneficios tendrá apoyar al ganador, pero uno está en esto por convicciones. Yo, por una derecha con compromiso social.
—SL: No estoy con Arrate para conseguir poder, sino para ganar conciencia. Si triunfa Piñera, perdemos todos. Si gana Frei o MEO, ganan los que lo acompañan. En cambio, si gana Arrate se implementa una verdadera revolución cultural.
—FR: Un beneficio es que resulta más fácil que te abran la puerta si es que quieres plantear un tema… Apoyé a Lagos y Bachelet y con ellos hay una relación, la que no existe con el candidato de la derecha. No tengo aspiraciones a cargos. Si Frei pierde, pierde nomás.
—LUCIANO, SI EL CANDIDATO FUERA JOSÉ ANTONIO KAST, ¿hubieras sido rostro de la campaña?
—LCC: No.
—¿Por qué?
—LCC: Respeto a Kast, pero cuando te tratan de imponer posturas dogmáticas en vez de políticas públicas, entonces la cosa está mal.
—Y tú Sergio, ¿si MEO hubiese perdido en una primaria con Frei?
—SH: No sería rostro de Frei. Me daría vergüenza. ¡Si está muy gagá! Eso sí, habría hecho lo necesario para que Piñera no sea presidente.
—Sebastián, ¿tan distinto es Marco de Arrate en propuestas culturales?
—SL: No hay que centrarse en la diferencia de Arrate con Marco, sino en que la opción de la izquierda es diferente a las otras tres. Con Arrate el arte se distancia del negocio y se libera de la calidad de subproducto de los medios y el mercado.
—¿Cómo te imaginas el país con Piñera?
—SL: No sé, pero cuando fuimos resistencia a la dictadura funcionó mejor la movida cultural. No había esta espera de que llegaran las arcas fiscales. En esa comodidad hemos perdido un norte. Por eso, si está Piñera, probablemente volveríamos a recuperar esa mística.
—Francisco, ¿y tú cómo lo ves?
—Me remito a los anuncios que hizo él en el sentido de pasarle la pelota al público y hacer lo que las masas deseen. Eso, que parece democrático, es tremendamente totalitario. Experiencias parecidas han terminado en desastres porque las manifestaciones culturales más pequeñas, menos llamativas e independientes, desaparecen.
—Cada uno diga por qué habría que votar por sus presidenciales…
—LCC: Porque podemos ser un buen gobierno y sacar el país de la pobreza. Y hay un equipo joven, con ganas de hacer bien las cosas. Estamos convencidos de que se puede.
—SH: Porque quiero un Chile que siga creciendo, pero sin olvidar nuestra propia historia ni a nosotros mismos. Debemos hacer un rescate de la cultura. Hay que confiar en que Marco pueda recuperar el país para nosotros.
—SL: Porque Arrate es un hombre intelectualmente potente, que tiene ideas de renovación, y porque Chile está preparado para un socialismo moderno. Representa los idearios libertarios.
—FR: Frei tiene un proyecto serio. Plantea reformas importantes con los pies puestos en la tierra. Pondrá coto al mercado, al capital y a la usura. Se han hecho cambios notables en Chile en estos 20 años y él no sólo los seguirá realizando, sino que se la jugará por rectificar los errores cometidos. Es el más sensato de los candidatos.

