‘Lo peor de la política es que te corta la lengua a la mitad’
Cecilia Morel

Nos juntamos a almorzar en Bellavista, en lo que debía ser una entrevista formal. Pero después de cuatro horas es imposible mantener a esta mujer a raya…
Un periodista no debiera decir esto, pero como no lo soy, y la mesura no está entre mis cualidades, lo digo: me gusta Cecilia Morel. Tiene esa mezcla de fragilidad y entereza, sensibilidad y humor destemplado. Una chilena como muchas, aunque no lo crean, pero ungida con el traje del emperador. Traje que jamás buscó y que a veces le incomoda…
“Perdona el atraso, ando como loca. ¿Como a qué hora crees que terminemos? Pensaba pasar a Patronato a comprar regalos de Pascua. Entre los comandos, los asistentes, uff, tengo que hacer miles. ¡Ay, pero no pongas eso!, van a empezar que la Coca Cola, que la crisis, que soy apretada… ¡Qué terrible!, si no se puede hablar tranquila…”.
La miro intentando descifrar su ánimo. Sería la primera de cientos de veces en que atropellada por sus pensamientos intenta decir lo justo.
—¿Te imaginaste alguna vez en estas lides?
—Jamás. ¿Tú te imaginas a una niñita jugando a la Primera Dama? Andábamos en bicicleta, nos juntábamos los del barrio. De hecho, a los 5 años me hacían darme besos en la boca con un vecino.
—¿Cómo se llamaba?
—Cristian Boner, un alemán con una mamá que tocaba piano como los dioses. Fíjate que es curioso, tengo las mismas amigas desde kinder hasta hoy. Con ellas nos reímos de esto, en lo que terminó mi vida. Todas, ni cercanas a la política.
—¿Cuándo realmente te diste cuenta de que la presidencia era una opción?
—La vez pasada. Y me costó mucho aceptarlo. Yo soy media caída del catre, así es que nunca imaginé la posibilidad de ser Primera Dama, ni tampoco la vida que tengo económicamente. Eran bien gansas mis pretensiones. Eramos bien hippies. En todo caso, ha sido harto entretenida la versión que me tocó. Me ha dado oportunidades de viajar, de abrirme al mundo, de tener amigos afuera.
—Te fuiste a vivir sola a París, justo antes de la candidatura anterior. Una especie de viaje iniciático. ¿Tenía que ver sólo contigo o fue un momento de crisis de pareja?
—Yo cumplía 50 años y siempre había viajado con Sebastián y vivido su vida. Quería ver si podía descubrir cosas nuevas en mí; pero no estaba huyendo, sólo buscando. Me correspondía.
—¿El suicidio de tu hermano, es lo más duro que te ha pasado?
—Así de golpe y porrazo, sí. Pero hay otros dolores, procesos, en que pasas años como en negro…
—Y como proceso, ¿cuál ha sido el más duro?
—Estuve dos años después de la muerte de mi hermano en una crisis muy fuerte. Cuando te cuesta levantarte de la cama. Y luego están las crisis en el matrimonio. Entenderás que en 37 años por supuesto que hemos tenido. Períodos malos, buenos y normales. Las crisis son extrañas, hay momentos en que piensas que no puedes estar peor, que es absolutamente insalvable y a los seis meses estás más feliz que nunca, más unidos. Es importante dar la pelea, no porque sí, o por los niños, sino porque las cosas sí cambian. Y el compromiso vale la pena.
—¿Te produce culpa el dinero?
—Me produjo mucho tiempo.

—¿Cómo fue el proceso de asumirlo?
—Tanto va el cántaro al agua… El dinero no te pertenece. Así como viene, se va. Hay que armarse desde otro lado. El dinero no es mi identidad, no me define como persona, ni la manera en que me relaciono con la gente, con los afectos ni con las cosas.
Cecilia es una mujer simple y llana. Viste sin artificios y pide la pizza más fome que uno se pueda imaginar. Sólo tomate. “¡Me encanta!”, dice al mismo momento en que se chorrea el vestido… “¡Pucha, con todo lo que tengo que hacer y como no tengo cambio…! Soy atroz. Pero los Piñera son peores, ¡esos sí que son chorreados! Sebastián, el Polo, Miguel… como que les sobraran los brazos”.
—Son bien competitivos los chorreados, ¿quién se cree el más inteligente?
—Yo diría que Pepe… Aunque me la pusiste difícil, son todos bravos.
—¿Sientes que ser Primera Dama es una pega de 24 horas o simplemente un trabajo en que luego llegas a tu casa y cocinas tallarines como Bachelet?
—Trato de que sea así, pero creo que éste es el momento más difícil, el de mayor desgaste. Si Sebastián es Presidente voy a tener que manejar muchas instituciones y tendré que aprender sobre la marcha, pero nada será más duro que la campaña.
—¿Cómo te imaginas tu papel? Por ahí dijiste que es importante contener a la pareja…
—Yo también necesito, y mucho, que me contengan.
—¿Y tienes un espacio para ser tú la contenida?
—En este momento no con Sebastián, pero tengo a mis hijos y a la Patricia, mi mano derecha desde hace 20 años.
—¿Prefieres salir de gira sola o con él?
—Sola, porque lo manejo a mi ritmo y siento que le aporto más a Sebastián. El papel que menos me gusta es el de niñita ordenada al lado, cuando sólo eres una imagen. He trabajado 30 años en el tema social y creo que puedo aportar desde mi experiencia como un ser independiente que le suma. Me habría gustado quizá llegar a estas alturas con un don título, un doctorado, pero me casé a los 19, tuve 4 hijos y la vida me tocó así.
—¿Elegimos sólo un Presidente o miramos para el lado a la mujer, a los hermanos, a los hijos?
—Se elige un Presidente, pero lo que ves a través de su familia puede sumarle o restarle. Incluso una pregunta como la del último debate, el de las virtudes y defectos de sus contendores, te da una dimensión humana que puede sumar o restar. Frei la encontró frívola y la rehuyó. A mí me pareció bien, soltó a los que saben soltarse, los desafió y fueron simpáticas las cosas que se dijeron.
—¿Qué te pasa con los Frei?
—Están enojados, frustrados, no pueden creer lo que les está pasando. Frei nunca imaginó que podía estar bajo el 30 por ciento. Ahora, sinceramente, Chile sería un país demasiado esquizofrénico si Bachelet tiene un 78 por ciento de apoyo y Frei sale tercero. Significaría que estamos todos locos.
—¿Tú entiendes el 78 por ciento de Bachelet?
—Me cuesta una parte, la política. La izquierda es muy ideologizada. Santos y demonios. No se puede dividir el mundo de esa manera. Bachelet tiene un muy buen tono, una cosa amable que funciona bien, aunque no deja de tirarle sus buenos palos a Sebastián con esa sonrisa. Es muy inteligente en la forma y la protegen mucho. Pero lo que más admiro en ella es su estabilidad emocional… yo no podría con tanta presión. Y su mamá es fundamental en eso. Angela Jeria es la madre del cordero.
—¿Dudas de tu estabilidad emocional?
—Con ese nivel de presión me muero. Fíjate que incluso en el plano amoroso valoro la estabilidad emocional más que el amor. El amor es un motor pero no un vehículo, no se mueve solo. La estabilidad te da la carrocería necesaria para que exista el amor. Y con carrocería y sin motor, con estabilidad y sin amor, igual te puedes mover, ¡como Los Picapiedras!, haciendo un esfuerzo.
—¿Encuentras buenmozo a Sebastián?
—Cada año se ha puesto mejor.
—Pero se viste demasiado mal y eso, discúlpame, habla mal de ti.
—¡Si nunca me he podido meter en su ropa, se compra una talla más, no resiste andar apretado ni las poleras polo! ¡Y él encuentra que se viste estupendo! Todos han tratado de ayudarlo. Los Cueto una vez se metieron en su clóset y le acortaron las mangas de las camisas.
—¿Siempre tuvo tantos tics?
—Cuando pololeábamos, un día le pregunté por un paso de baile muy particular que hacía, una cosa como con la cabeza tipo breakdance. Mi hermana, la Mane, que estaba oyendo, casi me mata. ¡Era un tic! Si en la noche, mientras duerme, se arregla el cuello del pijama, lo mismo que hace en el día pero en una posición de una dificultad técnica mucho mayor. Un asunto complejo…
—¿Qué te parece el 5 por ciento de Arrate?
—Lejos el mejor candidato que ha tenido la izquierda dura. Y con el discurso más fácil de articular: prometerle al pueblo no cuesta nada.
—¿Y qué opinas del fenómeno Marco?
—Si Marco realmente representara la renovación… ¿Pero lo hace? El hizo un análisis correcto de los problemas en la Concertación, pero hacia dónde va, ¿hacia Chávez?, ¿hacia Cuba? No te olvides de la amistad profunda de su jefe de campaña, Max Marambio, con el régimen de Castro. Plantea demasiadas incertidumbres. El mundo cambió. Me molesta profundamente que para cierta gente no exista una opción legítima que no sea la Concertación. ¿Por qué y hasta cuándo se van a sentir depositarios del dolor, de la acción social y de la cultura? Hay una frase de Sebastián que me gusta mucho: el bien y el mal pasa por el medio del corazón de cada uno, no parte a la sociedad como un todo entre buenos y malos.
—¿Qué hacemos con el Negro…? ¿Dónde lo escondieron después del choque y la pelea?
—El Negro es un niño inmaduro y cariñoso. Sebastián tiene un tema paternal con él que me emociona. Si bien se enoja, termina protegiéndolo. Lo que sí está claro, es que no es un delincuente.
—¿Leíste la biografía de Sebastián que escribió Manuel Salazar?
—La verdad no tengo tiempo. Quizá más adelante. El me parece un muy buen periodista pero demasiado politizado a la izquierda.
—En ese libro aparece una descripción de Piñera: “Creo que es poco atento con la gente que lo rodea, no saluda ni mira a los ojos y, como dicen algunos, no tiene militantes sino empleados. Para él la gente son subordinados que no le interesan realmente”. ¿Te haces cargo en parte de esta visión?
—El problema de Sebastián no es de poco atento, es de atención. Anda a una velocidad dentro de su cabeza que lo distrae de quienes lo rodean, pero sólo en la forma. Nunca ha considerado subordinados a la gente que lo acompaña.
—Hay liderazgos que tienen que ver con el carisma, la empatía. Y Piñera pertenece a otra estirpe. Como es pragmático, es seguido por razones prácticas: pondrá orden y cabeza al gobierno. Pero no desata pasiones o sueños, nadie está dispuesto a dar la vida por él… ¿te parece?
—Vamos mañana a Viña y acompáñame de gira con Sebastián. Estás equivocado. Desata muchísimas pasiones. Se le tiran al cuello, lo besan en la boca, le pellizcan el poto. Es bien rockstar, no te creas, se convierte en un verdadero Arjona.
—¿Qué críticas que le hacen compartes?
—Reconozco que en parte no es cercano, pero lo conozco y sé que es tierno, que sabe oír, aunque le cueste exteriorizarlo. Cuando conoces de cerca a alguien le puedes perdonar todo, porque cada cosa responde a un contexto, a una historia… De cerca puedes perdonar a cualquiera, incluso al torturador. La vida es muy compleja y tiene muchas vueltas.
—¿Tienen bienes juntos o separados?
—Separados… ¡me da una rabia inmensa! (se mata de la risa).
—¡En qué estabas pensando! En esa época era raro no casarse con comunidad de bienes.
—Pero si tenía 19 años y no me enteraba de nada, mis hijas me dicen: mamá, tú no eras ingenua, ¡eras retardada mental!
—¿Te has hecho partícipe de sus negocios?
—Algunas cosas, pero no sé realmente lo que tengo… Envidio honestamente a la gente que puede ser feliz y que por opción se desprenden de todo. No como aquellos que sufren en su precariedad.
—En una entrevista confiesas tus defectos: que no reconoces lo bueno en ti, que no eres indulgente contigo, que te cuesta aceptar que no puedes hacer todo y que eres excesivamente sensible. ¿Por qué nadie puede contestar algo realmente malo y siempre son cosas positivas que en un mundo cruel te juegan en contra? ¿Tienes un defecto de verdad?
—Lo peor de la política es que te corta la lengua a la mitad. Pero si quieres algo concretamente malo, te digo: soy enferma de picada y competitiva. Olvídate jugando cartas. Mis hijas dicen que me hago trampa en el solitario. ¡Y qué tanto, el solitario es mío y me doy un gusto! Mi abuela francesa era terrible de tramposa. Cuando aprendí de chica a jugar bridge… no, si no se puede… hablar de bridge es muy cuico. ¡No puedo hablar por la…! La política coarta tu naturalidad. No puedo hablar libremente porque soy dispersa, me voy por las ramas y no tengo el sentido de lo políticamente correcto. Hay demasiadas formas que cuidar.
A ratos, veo a una mujer encamisada por la fuerza en las formas de la política. Peor me parece que no se termine la pizza con el hambre que tengo. No puedo dejar de mirarla, y se da cuenta. “Yo no voy a comer más, si quieres…”. Dos segundos después me estoy zampando su pizza…
—¿Tú entiendes a Longueira?
—La verdad, no. Para mí su cabeza funciona de una manera muy misteriosa. Pero te voy a decir algo de la UDI, le valoro mucho cómo hacen para crear mística en el mundo popular y en los jóvenes. El único partido que recluta jóvenes y mujeres. ¡Se lo quisiera Renovación! ¿Cómo se explica que es el partido con más concejalas y alcaldesas?
—Los temas valóricos han sido claves en la campaña y un punto de conflicto en el mismo comando de Sebastián Piñera…
—Para estos temas soy bastante dicotómica, como MEO. De repente me sale un lado conservador, pero avalado en datos empíricos; y luego me pasa que cuando te encuentras con las personas y ves la realidad, no puedo sino comprender las opciones de cada quien. Hay que entender que un Presidente es de todos los chilenos, de los homosexuales, de los que abortan… Pero al mismo tiempo tienes que buscar el bien común, y para encontrarlo es imposible ser objetivo. Yo puedo ser contraria al aborto, pero no puedo pensar que quien decide abortar sea una asesina. Son temas muy complejos.
—¿Está preparado un gobierno de Piñera no sólo para aceptar las uniones civiles homosexuales sino para admitir a un gay abierto en su gabinete?
—¿Tú crees que no ha habido? Me encantaría que hubieran abiertamente. Pero no sé si en cuatro años pasará algo así. Tampoco sé si es bueno o malo, pero hacia allá vamos. Todavía creo que es mejor que haya un papá y una mamá. Aún no se han demostrado daños en los hijos de parejas homosexuales, porque los estudios son muy recientes. Es como el tema de la píldora, hasta el momento no hay conclusiones concretas de daño. Pero mira qué curioso, hoy en día cada vez más homosexuales se quieren casar, mientras la tasa de matrimonio en heterosexuales baja día a día. ¡Explícame eso!
—¿Se acabarán los negociados con un gobierno de Piñera?
—En un principio sí. Ahora, nunca vas a poder controlar la corrupción como un todo. Es parte del ser humano, pero 20 años de Concertación han sido un verdadero caldo de cultivo. El poder corrompe.
—¿Te has hecho algo, un retoque?
—Un poco de botox y las bolsas de los ojos, imagínate cómo estaría que todavía tengo…
—¿Hicieron un combo?
—No, pesado. Pero seguramente si yo no me lo hago, Sebastián tampoco.
—¿Eres pretenciosa?
—Reconozco que todas las mujeres somos cínicas en no aceptarlo. Como los hombres que se cachiporrean entre amigos que tienen más minas y con sus mujeres de su fidelidad… Tengo una gran duda con los hombres en cuanto a género; y no estoy hablando de Sebastián: creo que son esencialmente infieles. La monogamia es aprendida.
—Sebastián dice que opinas de todo aunque no sepas y que tienes que definirte en lo que son tus temas. ¿Si eres Primera Dama, vas a ser una opinóloga de lo humano y lo divino?
—Ahí me baja de nuevo la dicotomía de MEO…
—Te gusta mucho más MEO que Sebastián, te tengo cachada…
—No idiota… lo que pasa es que soy más parecida a él que a Sebastián, que es más estructurado. Me he preparado para ciertas áreas de mi rol que tienen que ver con lo mío, con lo social, los temas de violencia juvenil, drogas, delincuencia. Prefiero la prevención, trabajar con las niñas a punto de…
—¿Se picaron los de la Coca Cola con tus medidas anticrisis?
—Al principio sí. Me dijeron que no me iban a invitar más a las olimpiadas y tú sabes que todo lo que es deporte mata a Sebastián. En todo caso, les he hecho más publicidad que nadie.
—¿Twitter, lo escribes tú o te lo revisan?
—Yo solita, ¿quién me va a revisar?
—Pero eres como mono con navaja…
—No tanto, aunque meto la pata y no me importa.
—MEO planteó vivir en La Moneda, ¿se te ha pasado por la cabeza?
—Lo encuentro bonito, pero el domingo uno queda como medio aislado. ¿Qué haces un domingo en el Patio de los Naranjos?
Vea el video de la sesión de fotos de Cecilia Morel.

