Loco Bielsa
Su desconocida vida
Se suponía que sería abogado, pero terminó de futbolista. Fracasado y frustrado como jugador, se puso a armar estrategias, ver partidos, usar buzos y vivir en soledad. ¿Quién es Marcelo Bielsa? Su único biógrafo, desde Buenos Aires, cuenta en CARAS las luces y sombras de este misterioso hombre.

El niño Marcelo. Así le decían con respeto las empleadas que trabajaban en la amplia residencia de los Bielsa en Rosario. Se trataba de un hogar comandado por un prestigioso abogado, una directora de colegio y tres hijos que vivían en medio de las comodidades de una prole cuyos antepasados habían estado ligados, durante décadas, al derecho más respetado de la Argentina.
No parecía incomodar mucho a sus padres cuando el niño Marcelo jugaba a la pelota. En realidad, era lo que hacía buena parte de sus amigos en los parques y calles de Rosario, probablemente la ciudad trasandina más futbolizada. Pero, poco a poco, comenzó a obsesionarse con la idea de ir tras un balón. Bielsa leía muchos de los miles de libros que su abuelo tenía en una enorme biblioteca, pero el fútbol terminó por cautivarlo. Influyó tener como vecino al Parque Independencia, el estadio de Newell’s Old Boys, el equipo de camiseta rojinegra que sería el amor de toda su vida.
No fue raro entonces que el destino de profesional universitario —ojalá abogado de fuste, como el abuelo y el papá— que parecía indiscutible para el joven, de pronto se alterara por completo: Bielsa anunció que sería futbolista.
Ya a los 13 años se había ido a probar a las inferiores de Newell’s. Incluso, alguna vez hasta se fue de la casa para estar en el sitio donde vivían los chicos que se convertirían en las futuras estrellas del equipo rosarino. Un sueño que terminó cuando los dirigentes lo sacaron del lugar porque Bielsa, testarudo, insistía en meter al dormitorio su querida y destartalada motocicleta.
Esta es parte de la historia que cuenta Ariel Senosiain, el periodista deportivo argentino que escribió la desconocida historia de Bielsa titulada Lo suficientemente loco. Entrevistó a diferentes personajes del entorno del DT de la selección chilena, viajó a Rosario y recopiló información de archivo. ¿Hablar con Bielsa? Imposible. Apenas algunas respuestas que pudo arrancarle en conferencias de prensa.
‘‘El viene de una familia de profesionales exitosos. De hecho, su abuelo fue en Argentina un reconocido constitucionalista. Su hermano y ahora la hermana están vinculados a la política. No sé si fuera mal vista su decisión, pero sí los tomó por sorpresa. Sin embargo, había algo más importante para los Bielsa: en lo que fuera, había que ser el mejor. Por eso es que el mismo Marcelo, al darse cuenta de que no dejaría huella como futbolista, decidió retirarse muy joven’’.
—Llama la atención que su padre jamás fue a verlo, ni como jugador ni como entrenador…
—Así fue. Pero más importante que el hecho de haber estado en acuerdo o en desacuerdo con la decisión del hijo, era que el papá era hincha de Rosario Central y no de Newell’s, el equipo de Bielsa. Y eso en una ciudad como Rosario, con la enorme rivalidad de estos dos equipos, no es menor.
—¿Bielsa niño se parece al Bielsa de hoy?
—Diría que sí. Lo que uno observa es una continuidad en lo que ha hecho a través de su vida. Por ejemplo, cuando veo lo que hizo como entrenador en sus equipos, se parece mucho a lo que hoy exhibe la selección chilena. Hasta los goles son parecidos. Lo que pasa es que él se encarga de imponer su sello por donde pasa. Sólo después de eso vienen los resultados.
—¿Y en qué ha cambiado?
—Noto a un Bielsa más calmado, moderado, con su mirada hacia abajo cuando habla. Hace años, por ejemplo, después de salir campeón con Newell’s, la gente lo sacó en andas de la cancha. Siempre se arrepintió de eso y hasta llegó a decir que había sido una actitud demagógica.
Como jugador apenas duró algunos partidos en primera división. Su entusiasmo no iba de la mano del talento que se necesita en un país en que el fútbol se vive como en ningún otro lugar del mundo. Por eso, cuando la carrera empezó a decaer, dejó los botines por un buzo y se convirtió primero en profesor de educación física y luego en director técnico.
Eran años de juntas militares en Argentina y el clan Bielsa —después del impacto que causó el hijo futbolista— debió soportar un nuevo conflicto, claro que con Rafael (el que también alguna vez se probó en las inferiores de Newell’s). La familia era pacífica y lejana del peronismo. El problema fue que el hermano de Marcelo decidió instalarse en el sector más izquierdista de ese movimiento y optó por la vía armada. En medio de la represión militar, el muchacho fue secuestrado, torturado y debió partir exiliado a España por una década.
—¿Le interesa a Bielsa la política?
—Sí, tiene un compromiso social importante. Cuando hice la investigación me aseguraban que era un tipo de centroizquierda. Bielsa busca una sociedad más justa e igualitaria.
El primer equipo que tuvo a su cargo fue el de la Universidad de Buenos Aires. Tenía 23 años. Tiempo después se ubicó en la banca de Newell’s. Con apenas 35 años lo sacó campeón. Ver a ese Bielsa desaforado que daba la vuelta olímpica arriba del hombro de hinchas dista mucho del estratega que hoy parece estar siempre con el ceño fruncido, que apenas habla y que se aleja de cualquier estridencia. Obsesivo en el trabajo, meticuloso y disciplinado, asume el fútbol como pocos.
PUEDE VER DOS PARTIDOS AL MISMO TIEMPO, buscando algún detalle para mejorar su estrategia. Y suele sacar ideas de los lugares más insólitos, como cuando fue solo al Zoológico de Santiago y se encantó con unos carteles de identificación de los animales. Pidió que le hicieran unos parecidos para los ejercicios que debían hacer los seleccionados chilenos en el complejo Juan Pinto Durán.
El DT habla lo justo y necesario. Con sus dirigidos el tuteo no existe y jamás se entromete en sus vidas privadas. La relación es pura y exclusivamente profesional. Nada cruza esa sagrada frontera. Bielsa se casó con Laura Bracalenti (destacada arquitecta y docente), una amiga de juventud de su hermana María Eugenia. Tienen dos hijas adolescentes. Bielsa se refugia en el cariño incondicional de las tres mujeres que lo rodean y que componen su círculo más próximo. Eso sí, siempre pensando en redondo, como el planeta fútbol en el que vive.

