Un Chaumet no es un anillo más. Es una obra clásica de la bijuterie parisina desde los tiempos de María Antonieta y de las cortes napoleónicas. La pieza pertenece a una casa de orfebrería que tiene más de dos siglos de historia y mantiene intacta su fachada en la famosa esquina de Place Vendôme.

Es ahí donde aún se recluta a los mejores artesanos de Europa para la elaboración de diademas y tiaras para las royalties del mundo. Y también es ahí donde Milutin Gatsby Gicic (40), un desconocido en Chile, pero toda una figura en las galas de beneficencia de París y NY, encontró en vísperas de Navidad la joya perfecta para pedirle matrimonio a la top model chilena que, a partir de abril, será la señora Gicic.

Al otro lado del planeta, Carolina Parsons (33) firmaba contrato con su nueva agencia en Nueva York. Al día siguiente la esperaban fotos para catálogos y desfiles. Ni un respiro en su agitada agenda. ¿Su único objetivo? Estar a tiempo para pasar las fiestas de fin de año, con su familia en Santiago.

“Como casi todos los años, me gusta estar con mis sobrinos, mamá y hermanas”. El Año Nuevo fue con los amigos, en la ‘fiesta blanca’ que organizó Jorge Errázuriz en Zapallar. Desde ahí habló con su novio por teléfono y él le dijo que este sería un año para no olvidar... Pese a las distancias, habían acordado reunirse durante la tercera semana de enero para esquiar en Courchevel, Francia.

El 11 DE ENERO TODO CAMBIÓ. Milutin, un empresario serbio, nacido en Belgrado, con negocios en París y productor de cine, llegó sin aviso desde el aeropuerto de Santiago hasta la casa de la modelo en El Arrayán. Lo acompañaban 101 rosas rojas, un Chaumet de infinitos brillantes y una petición de matrimonio. “Nunca lo imaginé”, dice Carolina mostrando su anillo a CARAS. Entonces aparece él, orgulloso, en la terraza con vista cordillerana y ofrece champaña de inmediato. Saludos, felicitaciones y comienza una conversación de a tres, en francés, español e inglés.

—¿Estás emocionada, Carolina? —Feliz, aunque todavía no lo creo. No tenía idea que venía en camino a Chile y menos que me pediría matrimonio.

—Bien repentino en verdad... ¿Imagino que algo hablaron antes?

—Algo, pero nunca pensé que sería de esta forma y tan luego.

—Le dijiste que sí, supongo.

—Claro. No había otra opción (contesta riéndose con ojos de complicidad frente a su novio)

—¿Es la primera vez que te piden matrimonio...?

—(Piensa largo rato)... Mmm, No. No es la primera vez.

—¿Y qué pasó las otras veces, Carolina?

—Nada, sencillamente no estaba enamorada.

—¿Y esta vez?

—Ahora estoy segura.



A LOS 16 AÑOS PARTIÓ A TOKIO, NY Y LAS PASARELAS DE PARÍS.
De carácter fuerte, la menor de las hermanas Parsons siempre fue la regalona del clan, algo que nunca hizo disminuir su espíritu libre, independiente y cosmopolita. Sus trabajos en el fashion la han convertido en una celebrity que puede aparecer en la gala del MET de NY de la mano del mejor scouter de modelos del mundo o del diseñador Azzedine Alaïa. No hay otra chilena, a excepción de Marta Montt en los años ’60 (portada Life y musa de Yves Saint Laurent), que haya llegado tan lejos. Fotografiada por Ellen von Unwerth y Patrick Demarchelier; rostro de Loewe, Marchesa y, junto a Giselle Bündchen, de Carolina Herrera. Se ha subido a las pasarelas para las colecciones de Cavalli, Tommy Hilfiger, Oscar de la Renta y Armani en las semanas de la moda de Milán, Londres, NY y París. Su rostro, una perfecta mezcla de rasgos celtas y aires latinos, ha sido portada para Elle y también para campañas que se exhiben como gigantografías en Times Square. En estos años de éxito tuvo una larga relación con Giussepe Cipriani, el magnate italiano de la gastronomía de la Gran Manzana y cuya familia es la creadora del bellini y el carpaccio, con restoranes en Italia, Estados Unidos e inversiones en Asia. Cuando se le vinculó hace más de cinco años con Michael Hucknall, el vocalista de la banda británica Simple Red, el romance la tuvo en las páginas del couché por varios meses. Ella no abrió la boca.

Silenciosa en cuanto a su vida personal, la prensa social y del corazón siempre le sigue los pasos. Esta vez, sin embargo, pudo mantener con discreción su romance con Milutin Gatsby Gicic, a quien conoció hace cuatro años cuando los presentó una amiga en común: Naomi Campbell. Es un hombre que ama los animales, la vida en familia, los deportes y que ha hecho su fortuna en negocios inmobiliarios y, paralelamente, en la industria del cine, donde hace un par de años produjo el filme City Island protagonizado por Andy García.

“ERA UNO DE LOS INVITADOS A UNA COMIDA EN EL YATE DE NAOMI”, recuerda ahora la modelo. “Estábamos en Capri, con mi familia, y nos presentaron. Fue todo muy agradable y quedamos como amigos. Después nos vimos nuevamente en Cannes, en el festival de cine y en muchas otras partes. Milutin es chairman de la Fundación amFar (creada hace más de una década por Elizabeth Taylor y que ayuda a la investigación del Sida en el mundo). Como siempre me invitan a estas galas, obviamente lo encontraba a menudo. Nos saludábamos con mucho cariño y conversábamos. Luego, nos vimos un par de veces más en fiestas de caridad en Francia y NY. De pronto, ya estábamos juntos”.

—¿Buena receta ser amigos primero?

—La verdad es que creo que todas las fórmulas valen. Nunca se sabe. Ya lo ves...

—¿Dónde se casarán?

—Estamos pensando que el matrimonio sea en la casa de Donna Karan, en Parrot Cay (Islas Turcos & Caicos), donde se casó Angelina Jolie y Brad Pitt. Otra posibilidad es en el hotel Du Cap, en el sur de Francia.



—¿Y fecha?


—Recién estamos viendo eso. Pero seguramente en abril.

—¡Tan luego!

—Yo creo lo mismo (y estalla en risas)

—¿Qué dijo cuando te regaló el anillo?

—Que quería que fuera su mujer. Se puso de rodillas y me entregó las flores. Me puse muy nerviosa. No sabía qué hacer. No tenía idea de las cosas que se dicen en estas situaciones. Imagínate, nuestro plan era que la próxima semana yo iría a verlo a Courchevel, para esquiar. Allí estaríamos unos días, supuestamente. Pero hoy despierto y horas después lo veo en la puerta de mi casa.

—Ya no habrá esquí…

—Claro que no. Ahora haremos otras cosas, seguramente nos quedaremos en Chile una parte de este verano, queremos ir a la playa, al sur.

—¿Cómo imaginas la fiesta? ¿Ultra chic?

—Para nada. He ido en mi vida a muchos matrimonios maravillosos, pero a veces son tan maqueteados, con premeditación, con tiempos establecidos para cada cosa... Como si fuera un espectáculo. La verdad, no queremos hacer algo muy grande, sino más bien relajado, sencillo y familiar. Quiero que los hombres lleguen sin corbata, pero con chaqueta. No me gusta eso de que estén todos de traje oscuro. Imagino algo de día, en un prado, con mucha vegetación.

—¿Quién hará el vestido?

—Me gustaría que fuera Donna Karan.

—¿Sólo civil, o Dios mediante?

—Ufff. Ahí me pillaste. No sé. Obviamente creo en Dios (y toca la medalla de la Virgen de los Rayos que todos los días lleva puesta al cuello). Hay otra cosa: tienes que saber que Milutin es ortodoxo.

—¿Sabes cómo es un matrimonio ortodoxo?

—Ni idea.

El futuro marido no pierde el tiempo, busca en su teléfono y le muestra fotos a Carolina con imágenes de la ceremonia según el rito bizantino. Ofrendas y coronas, que son puestas en la cabeza de cada novio y que están atadas por un lazo de seda. Los dos parecen entusiasmarse con la idea. “Al parecer tenemos que conversar sobre cómo lo haremos”, dice Milutin.

—Carolina, ¿conoces a su familia?

—Por supuesto, a todos. Con su madre, que vive en Serbia y habla francés, nos llevamos muy bien. De hecho, hicimos un viaje con los hijos de Milutin, que tiene de un matrimonio anterior.

—¿Estuvo casado antes? ¿Eso no te importa?

—Para nada. Es un hombre que tiene cuarenta años. Es lógico que haya tenido una relación importante. No estoy diciendo que sea raro que un hombre de cuarenta no esté casado, pero son pocos los casos.

—¿Cúando te diste cuenta de que era ‘el hombre de tu vida’?

—Lo tengo muy claro: una vez estábamos navegando por el mar Adriático, cerca de las costas de Croacia. Entonces, tomé una cámara de video y comencé a filmarlo mientras estaba en la cubierta. Me dijo: ‘¿Por qué me grabas?’. Le contesté que era para verlo cuando no pudiéramos estar juntos. Entonces me miró a los ojos y me respondió: ‘No es necesario, me tendrás siempre contigo’. Ahí me di cuenta de que su amor iba en serio.

Lea la entrevista completa en la edición del 1 de febrero.