‘Es una estupidez… una canallada!’
Jacqueline Pinochet y el supuesto hijo con Cristián Labbé
Fotos Rodrigo López Porcile Maquillaje y pelo Paula Bruzzone
En exclusiva, la hija consentida del ex general Augusto Pinochet se refiere al documento norteamericano que reveló que tendría un hijo con el polémico alcalde de Providencia. Y aclara: “jamás tuve un romance con Cristián”.
Cuatro años después de que murió su padre (en 2006), Jacqueline Pinochet regresó al fundo Los Boldos que su familia tiene en Bucalemu. Era el lugar de descanso preferido de Augusto Pinochet, donde les regaló un terreno a cada uno de sus hijos, y en el que pasó sus últimos días. En la capilla ubicada en la entrada está el ánfora con sus cenizas.
Jacqueline pasa allí unos días de vacaciones, y fue en su casa donde nos recibió para la entrevista. Atractiva, jovial, cuesta creer que tenga 52, nueve hijos, dos nietos y tres matrimonios a cuesta.
Pequeños detalles de esa construcción de estilo mediterráneo —como la falta de mantención y de verde en los alrededores—, dan cuenta del abandono y de cómo han cambiado las cosas para ella en el último tiempo. “Me daba una pena horrorosa venir, mi papá siempre estaba acá. Cuando yo llegaba me llamaba altiro para que lo fuera a ver; y si me demoraba, él partía a buscarme. Tomábamos aperitivo, conversábamos, teníamos nuestra rutina… Que no esté es un dolor muy grande” (se quiebra).
Era la predilecta y consentida indiscutida del ex general. Para muchos, “sus ojos”, al punto —dicen—, que él la financiaba en todo y era capaz de interrumpir reuniones en La Moneda con tal de atender a la menor de sus hijos. Se comenta incluso que ella sería la más beneficiada en el testamento del ex gobernante (valorado en 21 millones de dólares) sobre el cual pesa un embargo dictado por la justicia que aún investiga el origen de la fortuna.
Siempre dio que hablar por ser la más rebelde, irreverente e impetuosa entre sus hermanos Lucía, Augusto, Verónica y Marco Antonio; actitud que —reconoce— la llevó a cometer errores. “Tenía carencias, me tuve que hacer sola… Si hubiera tenido otra vida, jamás me habría casado tres veces”.
Desde la muerte de su padre poco y nada se sabía de ella, hasta hace unos días que su nombre apareció en un documento desclasificado por el Departamento de Estado norteamericano y que publicó el sitio Freedom of Information Act (FOIA). En él se señala que en 1987, el ex vocero de la Junta Militar Federico Willoughby informó a la Embajada de EE.UU. en Santiago que Cristián Labbé (entonces oficial del Ejército y ex escolta de Pinochet) sería el padre de un hijo de Jacqueline. Razón suficiente por la cual la familia del ex gobernante quería que el actual edil de Providencia —quien tramitaba su acreditación para trabajar en la sede diplomática chilena en Washington— se fuera del país.
Jacqueline sin inmutarse, bajándole el perfil al tema dice que esa información “es una estupidez. Este es un país copuchento y machista, les encanta inventarles historias a las mujeres. Recuerdo que poco antes de casarme con mi primer marido (Guillermo Martínez) él fue a una comida y uno de los tipos de la mesa contó que tenía amores conmigo, que se iba a meter a mi casa en las noches, ¡cuando ni siquiera me conocía! Daba puntos decir me metí con Jacqueline Pinochet, aun cuando podría haber sido fea, tonta y pesada; daba lo mismo, si no me estaban tirando flores”.
—¿De dónde salió entonces esta historia con Cristián Labbé?
—Son dardos para él por el tema político. Fue duro con la toma estudiantil, las protestas. Pero no tenemos nada que ver políticamente, no porque piense distinto, sino que estamos en cosas diferentes. Yo trabajé con Cristián a fines de los ’80; con Giovanni Carella hacíamos encuestas, y él como secretario general de gobierno, nos guiaba.
“NUNCA HUBO ROMANCE CON CRISTIÁN, ¡JAMÁS!”, asegura Jacqueline. “Lo conozco desde chica, al igual que a sus papás, hermanos, hijos, nietos. Soy muy amiga de su segunda señora. Esto no tiene ningún asidero, es una brutalidad, ¡una canallada! No logro entender por qué me metieron en el baile. Y hablo de canallada porque se refieren a una persona de 24 años (su hija Lucía Amunátegui) que tiene su pareja y una guagua”.
—¿Tuvo que darle explicaciones?
—No, mis hijos conocen la historia: yo estaba casada con Jaime (Amunátegui, hijo de la actriz Carmen Barros), me separé por problemas de convivencia, entremedio volvimos, quedé esperando a la Piti (Lucía) pero reaparecieron los problemas y no se pudo. El insistió en intentarlo por la guagua, pero preferí pasar sola el embarazo por muy triste que fuera; no quería más peleas…
—¿Cómo le afectó esta noticia a su hija?
—Al principio se molestó, me dijo que no lo iba a aguantar. Su personalidad es muy Barros, tiene mucho de su abuela Carmen; es divertida, te matas de la risa con ella, ¡un chiste! Muy buenamoza, medio hippie, y claro, le dio rabia pero más por mí.
—¿Cómo lo ha pasado usted con este tema?
—Como no tiene sentido, no me afecta. Se inventa cada cosa. Cristián es como mi hermano grande. Lo quiero, lo respeto. ¡Jamás hubo algo! Me imagino que él tuvo que reírse con todo esto.
—¿Se ha comunicado con él?
—No, ¿para qué? Me va a decir que sé yo de dónde salió todo esto. Si no tiene por dónde; por último hubiésemos pololeado o tenido algo. No sé de dónde apareció la información, la cosa no es clara.
—Hay un documento del ’87 en que el ex vocero de la Junta Militar Federico Willoughby habría informado a la Embajada norteamericana del hijo en común, razón por la que su familia apuró el viaje de Labbé a Washington.
—Ese papel no tiene ninguna validez. Estoy estudiando el tema para acciones legales. Además, Federico se fue en los años 70 del gobierno de mi papá para hacerse un transplante de riñón, y después fue su opositor, ¡con todo lo que lo ayudó! Por eso cuando lo entrevistaron ahora su reacción fue ¿de qué están hablando? Si los nombres no calzan con los tiempos.
—Pero Labbé partió ese año a EE.UU. para hacer un curso, y traer información sobre Fernández Larios involucrado en el asesinato de Orlando Letelier.
—No tengo idea, y no creo que haya participado en eso, él estaba en otra, más civil que militar en ese momento. Son especulaciones. Quería estudiar, dejar el Ejército y dedicarse a lo que hace hoy. Todo esto es porque a Cristián lo quieren sacar de la alcaldía porque es un gallo con personalidad firme, inteligente, con un estilo muy personal, que no se complica, ¡un súper buen alcalde! El y su mujer han hecho de Providencia una comuna increíble.
—¿No será fácil derrotarlo?
—No, tienen que inventarle cosas, y no me extrañaría que más adelante le saquen otras.
—Es de los pocos de derecha dura que van quedando, y que no reniega de su padre.
—En la vida todo se sabe, y en algún momento saldrá a la luz a quiénes ayudó mi papá o quiénes colaboraron con él… Pero ya dejé atrás eso de quién lo quiere y quién no. Yo sé que la historia reconocerá en un momento todo lo que él hizo, con sus errores y aciertos. Sé que hubo muertes, no puedo negarlo, pero desconozco mucho ese tema. Y como nunca me vinculé políticamente con nada ni con nadie prefiero mantenerme limpia. No quiero saber más. Me costó vivir el gobierno de mi papá como ser humano, como niña…
“EN SEPTIEMBRE DEL ’73 ME QUEDÉ SIN FAMILIA, ME SENTI SIN PADRE NI MADRE. Con una adolescencia en que no podía preguntarles nada, ¡me tuve que hacer sola! Cometí errores por una carencia afectiva: fui impetuosa y rebelde, ¡era mi coraza! Vivía rodeada de guardaespaldas, no podía salir ni a la esquina, por eso pololeé cinco años con mi primera pareja y me casé a los 17, ¡qué brutalidad! Por eso a los 27 con mi tercer marido (Iván Noguera) nos fuimos a vivir a NY para hacer una vida normal. Nunca olvidaré un día que nos juntamos a almorzar; era la primera vez que yo andaba sin seguridad. Al separarnos me dijo ya, tú caminas y yo te miro, ¡creo que una niñita de tres años hace lo mismo!… Se lo agradezco, fue un aprendizaje. He crecido a destiempo, y no es bueno, cometes errores”.
—¿Cuáles otros ha cometido?
—Soy pro matrimonio, pero jamás me habría casado tres veces. Eran tantas mis ganas de formar mi familia, que cuando la conseguía, no sabía cómo mantenerla. Me abocaba en un 99 por ciento a mis niños, después a mi papá, ¡y mis maridos quedaban dando bote! He tratado de entender qué pasó, porque al final empiezas a desconfiar de ti; si elijo mal tantas veces ¡es porque vengo con alguna falla!
A los 52 por primera vez está definiendo su personalidad, armando la vida a su manera. “Al fin tomé las riendas”. Tras una relación de 6 años con Rodrigo Izquierdo, hace uno que optó por estar sola. “El se portó increíble, pero no tiene hijos. No puedo estar con alguien con una mirada tan distinta”.
Dice estar tranquila. Se reparte entre sus nueve hijos (María José y Constanza Martínez; Sofía, Jaime y Lucía Amunátegui; e Iván, Federico, Lucas y Augusta Noguera), nacidos de sus matrimonios con Guillermo Martínez, Jaime Amunátegui e Iván Noguera, por lo que reconoce que poca paciencia le queda para sus dos nietos Rafaella y Roque.
Han sido días de apretura económica, que en la práctica la hace vivir en un departamento de 120 metros con cuatro de sus hijos; otros tres comparten una propiedad de su abuela Lucía Hiriart, mientras que las dos mayores están casadas. Aun así confiesa que en lo familiar viven un momento especial. “Mis niños están más grandes, podemos conversar, salir. Los cuatro hombres son maravillosos, acogedores… Elegí estar sola por esto: necesitaba crecer, despegar. Pero quiero hacerlo yo, ¡no quiero ayuda!”.
—¿Cómo lo hace para mantener a su familia?
—Tengo una casa que arriendo bastante bien.
—¿Qué pasó finalmente con la demanda en contra de su ex Iván Noguera por pensión alimenticia?
—Aún no hay acuerdo. Lo único que le reprocho es que haya metido a mi papá en todo esto…
—El señaló que ganaba muy poco en contraste con la fortuna que tenían los Pinochet.
—Primero, es mentira, ¡ojalá existiera esa fortuna!; y segundo, él y su familia harto que se beneficiaron de la mía. Comprenderás que si Iván estaba casado con la hija de Augusto Pinochet, se le abrieron bastantes puertas. Entonces hablar mal para ahorrarse 200 mil pesos al mes, no me parece.
—Usted no le perdonó que él haya traspasado una propiedad a un hermano a un precio irrisorio… ¿Por qué terminó tan mal ese matrimonio? Usted se refería a él como el padre de sus nueve hijos.
—Hizo muchas estupideces, estuvo mal asesorado, y sus actos le repercutirán cuando viejo. Pensaba que sería un papá increíble, y por desgracia es menos cercano y presente, pero sus hijos lo quieren; en el fondo es un buen gallo. Pretendo que explique por qué le entregó su casa al hermano, porque si éste muere, sus sobrinos la heredan y no sus hijos. Antes me pasaba 500 mil en total por los niños, hoy no me da nada.
—Insisto, ¿cómo se las arregla entonces?
—Con esfuerzo… La verdad, he vendido mis joyas, muebles antiguos, casi todas mis cosas ¡y sin pena! Mi última pareja (Rodrigo) me ayudó mucho, pero este año estuve sola. Me enorgullece vender un reloj de oro y poder comer, pagar la universidad, y que me dé lo mismo. Lo material no vale nada.
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Lea la entrevista completa en la edición del 17 de Febrero.

