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Personajes

Tiene amigo ‘con algunas ventajas…’

Belén Hidalgo, camino al divorcio con 'El Negro'

Por: Rodrigo Barría

Fotos Rodrigo López Porcile. Producción Marcelo Madariaga. Maquillaje y pelo Rosario Valenzuela

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El iPhone de Belén Hidalgo (30), con su coqueto y colorinche adorno de flores rosadas, no para de anunciar mensajes. Hace poco se supo que demandó a Miguel Piñera bajo la modalidad de “divorcio culposo” y desde distintos medios quieren hablar con la aún cuñada de Sebastián Piñera.
Belén sigue instalada en la casa de su ‘amiga-mamá adoptiva’ Camila, una chilena que desde hace tiempo la ha cobijado en los momentos más complicados. Y no sólo desde que dejó a Miguel, también la recibía cuando la modelo tenía algún conflicto con el músico y partía por unos días.  Hoy sigue con ella, pero pronto partirá a un departamento que está a punto de comprar. Y ya maneja su propio auto, una camioneta musculosa que la lleva de allá para acá con seguridad.

Enfundada en un buzo ajustado que deja en evidencia una estatura plagada de curvas, sin un kilo de más, la mujer prepara un café descafeinado que endulza con stevia. Dice que su vida no se parece a la que tenía al lado del Negro. Dedicada a la jardinería, el deporte y a cotizar lo que será su nuevo hogar —al que se cambiará a comienzos del 2012—, se encarga de ir dejando atrás los oscuros días que siguieron a su alejamiento definitivo de su ex marido. “Estoy más sociable, relajada y tranquila. Voy a casas de amigos y amigas. Trabajo mucho, ya no tanto en desfiles, sino que en animación”. Lo mismo cuentan de Miguel sus amigos más cercanos. Según Gustavo Pradenas: “Ayer hablé con él y me dijo: hace veinte años que no lo pasaba tan bien, con mis amigos de siempre, liberado, tranquilo, de nuevo joven…  me saqué una mochila”.
—¿Se queda a vivir en Chile?
—Sí. Es que me gusta mucho. Llevo casi diez años acá. Tengo mi trabajo y mi vida hecha. Me siento chilena. De hecho, cada vez que voy a Argentina extraño mucho este país.
—¿Cómo está hoy en lo personal?
—Ahora, más tranquila y libre. Y es algo que no tiene precio. Resulta extraño, pero aunque estaba separada, seguía tensa. Me ha costado acostumbrarme. La libertad ha sido un cambio muy lindo.
—Recién viajó a Disney y no lo hizo sola…
—Estuve con amigas y amigos (y se larga a reír como escolar pillada).
—Fue con el empresario Pablo Ormeño. ¿Son pareja?
—Lo que te puedo decir es que estoy con un gran amigo con quien nos acompañamos mucho.
—No empiece con esa lata de que “nos estamos conociendo”…
—No, si hace tiempo que nos conocemos y salimos juntos.
—Okey, ¿pero qué son?
—Amigos…
—¿Con ventajas?
—Algunas…
Belén asegura que está muy cómoda con Pablo, un empresario de la construcción y del espectáculo que el año 2001 creó Static Entertainment, compañía que fundó locales nocturnos en Providencia y Melipilla, para ampliarse a más salas a través del país, la organización de festivales y la producción de eventos. “Es muy atento y preocupado, inteligente y trabajador. También me da espacio y entiende lo que hago. Me da mucha felicidad y alegría”.
—El Negro dice que Pablo era su mejor amigo y que lo traicionó…
—No es así. Ellos se ubican hace tiempo, porque el Negro conoce al papá de Pablo. Pero le molestó cuando empezamos a salir y dijo que era su amigo del alma para dejarme mal y que me alejara de él. Estaría enojado o despechado…

Belén siempre ha descrito a su ex marido como “celópata”, y él varias veces ha dado a entender que en el matrimonio sufrió infidelidades de parte de ella. Ya hay trascendidos de que la defensa de Piñera en el tribunal intentará acreditar esos hechos, los que ella desmiente categóricamente.

—¿Es verdad que ya presentó a Pablo a sus padres?
—Sí, lo conocen.
—¿Y qué opinaron?
—Les cae excelente. Creen que es un chico muy bueno y sano. Cada vez que vienen mis papás salimos a comer juntos.
—¿Y lo presentó como “amigo”?
—Sí, obvio (y suelta una carcajada).
—¿Le creyeron?
—¡¿Acaso quieres que los mate?! Me acabo de separar y quieres que les diga papás, este es mi novio. Sí, me creyeron…
—Bueno, alguna vez se encantaron con el Negro Piñera…
—Es verdad. Bueno, a mí también me gustaba al comienzo.
—¿En el departamento que se comprará vivirá sola?
—Quiero arreglar mi casa como quiera. No deseo saltarme pasos. A Pablo lo invitaré a tomar el té.

En el poco espacio de terraza del departamento de su amiga, Belén se dedica a jardinear mientras comenta, con hastío, que las llamadas y mensajes de Miguel Piñera —con quien estuvo casada seis años— no han terminado. “Hay insultos y otros en que me dice que me extraña y que quiere volver conmigo. Tiene sentimientos encontrados. Pero desde que se supo lo de la demanda le he pedido que no me llame más y que hable directamente con mi abogado. Le aclaré que lamentaba haber llegado a esto, pero que no me dejaba otra opción”.
—¿Fue un acierto o un error casarse con él?
—(Silencio largo antes de contestar). Fue un acierto durante algunos años, pero después fue feo y una experiencia no linda. Para nada.
—¿Debió separarse mucho antes?
—Sí, unos años antes. Pero siempre quise arreglar la situación. Hice todo lo posible para que el matrimonio no se derrumbara. Pero no me arrepiento de haberme casado.

—¿Cree que Fue bueno no haber tenido hijos?
—Sí, pese a que a mí me habría encantado tenerlos. Hicimos intentos, pero no llegaron. Deberíamos haber hecho tratamientos médicos…
—¿No los hicieron?
—Estábamos comenzando, pero empezaron los conflictos.
—¿Los problemas para tener hijos eran suyos o de él?
—Es muy delicado y prefiero no decirlo. Es muy personal y un secreto de matrimonio.
—¿Pero el Negro tiene otros hijos?
—No. Lo sé bien.
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No fueron fáciles los últimos años de matrimonio de la pareja. Cada vez más distanciados, la mujer de Miguel Piñera optó por acomodarse en otra pieza, donde fue instalando ropa, libros… Fueron tres años sin dormir juntos que cambiaron el vínculo completamente. “Al final, éramos compañeros de departamento, pero cero de matrimonio”.

—¿Fue tema o no la cuestión económica?
—Sí, cuando me decía que no trabajara tanto y que me quedara más en la casa. Yo le contestaba que podía trabajar menos, pero que me diera algo… No soy gastadora, aunque me agrada darme mis gustos. El nunca cedió en eso. Al final, quería que trabajara menos, sin darme nada.

—¿En qué se gana la vida el Negro?
—En cantar, en eventos y con los locales que ha tenido. Vendía las franquicias. Además, tiene muchos ahorros, que se los maneja Sebastián. Ahí tiene una buena caja de respaldo.
—¿Y eso de los negocios oscuros que tendría y que han sido publicados en la prensa?
—No. El tiene ahorros que son manejados y cuidados por la familia.
—¿El Negro sabía cuánto ganaba usted?
—No.
—¿Y usted veía la cuenta corriente de él?
—Nunca. Sé que tiene una que es como una caja chica y otra a nombre de empresas o sociedades.
—El no le daba plata, pero sí la invitaba a muchos viajes…
—Eso sí. Muchas veces los pasajes los regalaba Sebastián y en otras los pagaba el Negro. En realidad me hizo muy lindas invitaciones, también joyas y ropa. Pero eso es algo muy distinto a la vida diaria, que me la pagaba yo. Lo que sí aclaro es que nunca fui una mantenida.

Lea la entrevista completa en CARAS del 25 de noviembre

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