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Personajes

‘Soy feliz en mi matrimonio. No es verdad que me separé’

Evelyn Matthei, ministra del Trabajo

Por: Lenka Carvallo

Fotos RODRIGO LÓPEZ PORCILE  Producción ANAHÍ MIRALLES  Maquillaje y pelo JOHN PÉREZ

‘Mi real distanciamiento es con la UDI’, asegura la ex senadora, quien pretende dejar claro que a Teatinos llegó una mujer jodida y sin miedo. No le interesa ser presidenciable: sabe que en dos años se retirará de la vida pública. A menos que Golborne llegue a La Moneda…

Evelyn600Es un personaje particular esta rubia de metro setenta, que partió hace treinta años como diputada, reelecta senadora por Coquimbo con una de las mayorías más altas del país, y que hoy se ha convertido en una temible ministra del Trabajo.
“Soy una mestiza, un bicho complejo”, dice ella, asumiéndose incapaz de encajar del todo en ningún lado, pero con la habilidad de avanzar incluso superando los momentos más duros. Y seguir parada sobre sus zapatos, muchos de los cuales —confiesa— adquiere con solo un click en eBay.
Famoso fue el episodio del Kiotazo, tras el cual se peleó a muerte con la patrulla juvenil de RN. Corría inicios de los ‘90 y el dueño de Megavisión, Ricardo Claro, filtró en vivo y en directo un diálogo telefónico entre Sebastián Piñera y su asesor Pedro Pablo Díaz, complotando en muy malos términos contra Matthei. Pronto se supo que la cinta había llegado a sus manos primero e incluso se rumoreó que fue ella quien la entregó al canal de TV. El quiebre fue feroz. Evelyn renunció a RN y se matriculó en la UDI. Hoy —las vueltas de la vida— se declara distante del gremialismo y, en cambio, cosecha uno de sus mejores momentos con Sebastián Piñera. Claro que del otro integrante de la patrulla, Andrés Allamand (hoy titular de Defensa), ni hablar: “A veces las cosas simplemente no se dan”.
Hoy, en su oficina y tomando una Coca light, asume con orgullo que su nombre se mantenga entre los cinco miembros del gabinete mejor evaluados. Y, sin arrugarse, declara: “Quiero que la gente sepa que ha llegado una ministra fregada. Me importan un bledo los costos y las amenazas”.

Evelyn Matthei es otra cuando se ríe. La dulzura misma. De la Margaret Thatcher que golpea la mesa para denunciar las malas prácticas laborales y caerle encima a empresarios como Francisco Javier Errázuriz —formalizado por el delito de trata de personas y tráfico de 55 trabajadores paraguayos—; o de denunciar las precarias condiciones de los empaquetadores de supermercados, se transforma e invita a su casa a un grupo de nanas para anunciar un nuevo proyecto que terminará con el trabajo dominical.

También es capaz de imponer su propia moda, llevar sin complejos una chaqueta blanca con estampados verde cata, ponerse zapatos naranjas y hasta reconocer que ella misma cose mucha de su ropa. “Quién más que yo se conoce mejor las tallas”, dice creyéndose la muerte. Es más: revela que cuando murió Robert, su hermano adorado, cuatro años menor y con quien sentía una profunda conexión espiritual, pasó las penas haciendo las cortinas para su casa en Maitencillo.
—¿Ha tomado alguna vez un antidepresivo?
—Nunca.

—¿Y ha entrado a la consulta de un sicólogo?
—Sí, pero por muy poco tiempo: tenía que tomar algunas decisiones y cuando conversas con alguien se ordenan las cosas.

—¿A quién le cuenta sus problemas?

—A nadie.

—¿Y las tristezas, las penas?

—Las únicas han tenido que ver con pérdidas de seres muy queridos. El resto son latas, rabias, pero nunca he dejado de dormir por un problema.

—¿Ha sufrido por amor?

—¿Quién no? (se ríe).

Cuando está cansada, Evelyn Matthei toca el piano, jardinea, o lee libros de meditación para aprender a sobrevivir al estrés y los ataques de la política. “Al final la vida te la haces tú; puedes sentir que todo es un problema, que todos están contra ti. O pensar ¿sabes qué más? Es mi vida, es maravillosa, tengo esta complicación, veamos qué hacemos…”. Una actitud positiva que puede tener que ver con las pérdidas: a los 11 años Evelyn fue con sus padres a EE.UU. “Ahí conocí gente que adoraba, sabiendo que después no los volvería a ver nunca más. Lo mismo cuando nos fuimos a Inglaterra, yo estaba pololeando… Me vine a Chile llorando en el avión hasta Buenos Aires. Después murieron mis tres amigos más queridos del colegio, todos antes de los 24 años, y mi hermano, quien se fue de cáncer a los 40… Así es que crecí con la visión de que la vida es corta y hay que aprovecharla, ¡es casi un mandato!”.

—¿Y cómo expresa los afectos? Porque es bien alemana para sus cosas.

—Ah no, pero mi abuela era española, y pa’ los afectos soy española, de besuqueo y abrazos.

—Y la coquetería, ¿se le da?
—Siempre pensé que no era mucho. Pero parece que soy bastante coqueta… (lanza una carcajada).

—¿Cómo se dio cuenta?

—Por cosas que te dicen. Al final todos somos un poco coquetos, es sano además.

—¿Y qué sintió cuando Fernando Paulsen comentó en una entrevista que la encontraba ‘rica’?

—Es un halago, además que viene de un hombre entretenido, buenmozo, inteligente, con cancha, ¡para sentirse en las nubes!

—¿Va de repente a alguna fiesta?

—Me encanta bailar, comer rico… He hecho cosas bien locas en mi vida y lo he pasado regio. Hasta me tiré en paracaídas.

—¿Qué es lo más sexy que ha hecho?

—(Risas) Eso nunca lo diría…

“Soy lejos más atractiva ahora que a los 20. ¿Cirugías? Me arreglé la nariz hace tiempo y no creo que me haga nada más porque ni las arrugas me molestan. Tampoco lo busqué; tenía que operarme de los cornetes porque vivía tosiendo, y el doctor me dijo bueno y si tú quieres… No le conté ni a mi marido”.

—¿Se cuida, es de la buena crema?

—¡Ab-so-lu-tamente! Desde los 18 años, lo que involucra un buen producto de limpieza, un tónico, un humectante y una crema de ojos…; en la medida que pasan los años ya la crema no es humectante nomás… y son un poco más caras (ríe).

—¿Cuál es su mayor pudor?

—No me gusta hablar de mi familia en público y me da lata referirme a mis problemas.

—¿Y hoy se considera una mujer feliz?

—Sí.

—¿También en su relación de pareja?

—También.

—Se lo pregunto porque se ha comentado que se separó…

—Es raro, nunca he sabido de donde salió eso.

—Pero el rumor circula, usted ya se enteró…

—Sí. (Tratando de buscar una respuesta) Mira, la verdad es que siempre he hecho mi actividad sola, sin Jorge (Desormeaux, economista y ex consejero del Banco Central). Si ves la cantidad de comidas y actos a los que he ido sin pareja… pero la verdad es que así me acomoda… Creo que el rumor surgió a partir de que fui sin él a la Parada Militar, al Tedeum y a la Ópera de Gala, lo que no es ninguna novedad. Jorge es un hombre súper ocupado y, si sabe que no lo va a pasar bien, no va nomás. Lo entiendo perfecto porque también prefiero que cuando él tiene una lata vaya solo. Así es que no me he separado, ni pienso separarme: la gente que conoce muy de cerca a Jorge sabe mi tremenda suerte de tenerlo como compañero.

—¿Cómo se toma esos comentarios?
—Me importan un bledo.

—¿Dicen lo mismo sus hijos, su marido?
—Ellos saben que no es cierto, así es que me imagino que se matan de la risa.

—¿Nunca pensó en separarse?

—Hubo períodos muy difíciles… Yo nunca habría aceptado que un marido me cortara las alas. Si lo hubiese hecho, probablemente habría terminado muy amargada y se habría roto el matrimonio. De tal modo que hubo momentos en que tuve que extremar mi independencia y conversar mucho para adaptarnos.
“Tampoco he sido una madre típica. Mi hija nació siendo yo diputada; a los dos años fui candidata por San Antonio y de ahí en adelante he estado muy poco en mi casa. Me acuerdo de que mi mamá una vez me dijo la mayoría de los hijos sale adelante gracias a su madre, tus hijos están saliendo a pesar de su madre… Para los míos (Jorge, Roberto y Antonia) no ha sido fácil, han tenido que arreglárselas solos, pero he añorado estar más con ellos, lo que estoy cumpliendo ahora que soy ministra”.

—¿Y cómo es hoy la relación con su padre, el ex comandante en jefe de la Fach, Fernando Matthei? ¿Lo perdonó por enamorarse de otra mujer?
—Lo que me molestó fue que no me avisó que se casaba, no me invitó, nada. Le dije: papá, si tú me hubieras invitado yo habría estado al lado tuyo… Pero bueno, son cosas más privadas que prefiero no contar. Hoy me llevo bien con él y también con su señora. Puedo estar muy enojada, pero reconozco que es su vida y no lo mía. Y tampoco creo en las peleas para siempre. Y cuando uno dice lo siento, se dio vuelta la página de verdad. Hay que aceptar que uno se equivoca, lo que no nos convierte en malas personas, ni traidores, ni nada por el estilo.

—Y mirándolo así, ¿fue una equivocación el episodio del Kiotazo?

—Fue una cadena increíble de equivocaciones de todos, incluyéndome (…) Tuvo que ver con cosas del momento, con informaciones parciales, cosas que sentía injustas, competencias muy desbordadas. Y con que también éramos todos bastante inmaduros.

—Fue un caso de espionaje.
—No. Yo no participé en ningún acto de espionaje, eso por favor despejémoslo (dice tajante).

—Pero usted recibió información…

—Una cosa es recibir y otra es participar.

—Pero sabía de dónde venían esas grabaciones.
—No quiero entrar en el tema. Está híper cerrado y quiero que quede claro que nunca participé en ningún acto de espionaje.

—Su figuración en el caso de los paraguayos empleados por Francisco Javier Errázuriz le significó ataques personales de parte del empresario.
—Mientras más me ataque el Fra Fra mejor quedo yo ante la opinión pública. Me da lo mismo. Puede criticar a mi parentela completa.

—El empresario sufrió un derrame cerebral y la familia de éste la acusó de hostigamiento y de querer usar el caso como un trampolín político.
—En primer lugar, no tengo nada contra el señor Errázuriz ni su familia. La fiscalización que hicimos fue a raíz de las denuncias de los propios trabajadores. Y los otros juicios (por el uso de aguas subterráneas en la Pampa del Tamarugal) partieron hace cinco años, desde el gobierno de Bachelet. Y la que cerró la mina es la Corte Suprema. ¿Cómo se puede acusar orquestación?

—El hijo del empresario denunció que usted habría enviado un email a Canal 13 para detener un reportaje sobre trabajadores chinos.
—Falso. Eso es una mentira que echaron a correr. Que vengan a fiscalizar mi correo y revisen.

—En la UDI se preparan para renovar su mesa directiva. Los postulantes más probables: Novoa, Melero y Coloma. ¿A cuál apoyaría?
—Estoy en el Ejecutivo y se vería súper mal que cualquier ministro participara en las elecciones internas, así es que me resto de comentar.

—En cuanto al gobierno, un artículo escrito por el director de La Tercera dio cuenta de una fuerte crisis al interior de La Moneda que incluso llevó a la renuncia —hasta ahora desconocida— del ministro del Interior hace un par de meses.
—Sí. Hubo momentos complejos, pero las cosas se están aquietando y se ha afiatado un equipo más potente entre Chadwick, Hinzpeter y Larroulet.

¿Entonces confirma que hubo una crisis?
—Es así y no podría negarlo.

—¿Y cuáles fueron las causas?
—La detonaron muchas cosas distintas: primero, no es fácil gobernar con tanta gente en la calle y los problemas de seguridad interior que esto conlleva. Eso, fuera de que el movimiento (estudiantil) contaba con una inmensa simpatía y cuando los carabineros salían a controlar los acusaban de violencia innecesaria… Todo eso influyó en que fuera una época muy difícil donde el tema del orden público detonó la crisis al interior del gobierno.

Lea la entrevista completa en la edición del 11 de Noviembre.

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