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Personajes

Las 3 vidas de Paul McCartney

EL lado romántico de un rockstar

Por: Mariola Montosa

A sus 71 años, el pasado 9 de octubre, Paul McCartney pronunciaba su tercer Yes I do. No fue una sorpresa: lo había anunciado en mayo.

Wp-PaulMc-600Lo que  sí impactó fueron las similitudes entre este enlace con Nancy Shevell y el que Paul vivió con Linda Eastman, su primera señora. Ambas ceremonias se celebraron en el registro civil londinense de Marylebone, con su hermano Mike como padrino. Afuera, una muchedumbre los esperaba.En 1969, sus desconsoladas fans; en 2011, los curiosos y paparazzi, aunque esta vez no hizo falta recurrir a la policía. Las dos fueron ceremonias civiles, con visitas a una parroquia en el caso de Linda, y a una sinagoga, en el de Nancy.
Una de las pocas diferencias fue el vestido de novia. Linda, de 27 años, usó un abrigo de color amarillo sobre un vestido beige. Nancy, de 51, llevó un traje blanco, por encima de la rodilla, de manga larga, inspirado en el de Wallis Simpson y diseñado por Stella McCartney, la segunda hija del cantante y Linda.
Hay que decir que las dos mujeres son asombrosamente parecidas: estadounidenses, de la Costa Este, de familias acomodadas, huérfanas de madre y de origen judío,, ambas estudiaron en Tucson (Arizona), estuvieron casadas, ya eran madres antes de conocer a Paul y ambas padecieron cáncer de mama ­—con distinta suerte— a mediados de los ’90.

Teniendo en cuenta que Heather Mills, la segunda mujer de McCartney, es diametralmente opuesta a Linda y Nancy, la pregunta es inevitable: ¿lo ha hecho a propósito? Casi podría decirse que sí. El chico de Liverpool puede haber pensado que si Linda fue la única capaz de ordenar su personalidad devorada por la fama de los Beatles, ¿qué mejor que alguien parecido a ella para poner paz en la última etapa de su vida?
Paul nunca ha permanecido soltero mucho tiempo. Y ese es un rasgo importante de personalidad. El otro tiene que ver con un mito, la imagen de yerno ideal que las madres tenían de él en los años ’60. Nada más lejos de la realidad. Justo en aquella época, en pleno apogeo de la beatlemanía, la vida de McCartney era sexo, drogas y rock and roll. Infeliz, insatisfecho y perdido por culpa de la fama, se refugió en las groupies y el hachís. No importaba que tuviera novia fija, como Jane Asher, la musa que le inspiró Yesterday: sus amantes eran innumerables.
En esas estaba cuando en mayo de 1967 conoció en un pub de Londres a Linda Eastman, una joven y atractiva madre soltera estadounidense que se dedicaba a fotografiar músicos y que había sido amante de una noche de Mick Jagger. Cruzaron sus miradas hasta que al final él tomó la iniciativa. “Me llamo Paul, ¿y tú?”, ha contado sobre aquel momento. “La atracción fue inmediata”.

No pasó nada entre ellos hasta un año después. En plena crisis con John Lennon, con el resto del grupo y consigo mismo, se dio cuenta de que Linda, un año mayor que él, era una mujer con los pies en el suelo y eso era justo lo que necesitaba en ese momento. Por eso la eligió a ella.
El panorama que se encontró Linda cuando se mudó a su casa de Londres fue desolador: muebles rotos, excrementos de perro por todas partes y nada en el refrigerador, contó el biógrafo Peter Ames Carlin en su libro Paul McCartney.
Su llegada fue la tabla de salvación que buscaba. “Linda —a la que también le gustaba fumar  marihuana— le seguía el rollo y al mismo tiempo sentía un cariño maternal hacia él”, escribió Carlin. Gracias a ello, Paul empezó a relajarse.
Se casaron el 12 de marzo de 1969 y en seguida formaron una familia idílica con la hija de Linda, Heather, y los tres concebidos en el matrimonio: Mary, Stella y James. Se fueron a vivir al campo, y a diferencia de otros famosos y sus infinitas niñeras, sólo contaban con la ayuda de una empleada. En casa tampoco había Discos de Oro en las estanterías, sólo fotos de la familia y dibujos infantiles. Los niños asistieron a la escuela pública y en su adolescencia jamás hicieron escándalos de niño rico.
Eran una pareja cariñosa y apasionada, y a Paul le gustaba la estabilidad marital y sus ritmos: montaba a caballo con Linda por las mañanas y componía música por las tardes.

PERO lA VIDA NO ERA SÓLO DULZURA. TENÍA SU LADO OSCURO. La fama había hecho de Paul un hombre inseguro y Linda tuvo que pagar las consecuencias dejando toda su vida atrás para demostrarle que sólo le importaba él. Incluso, cuando recién se conocían, la hacía pagar algunas cuentas por miedo a que ella sólo fuera tras su dinero. Pocos saben también que, a 48 horas de casarse con ella, se presentó en casa de una ex amante en total histeria, aunque no pasó nada entre ellos.
La separación de Los Beatles empeoró las cosas. Paul se escondió en Escocia. Allí, en compañía de su familia, pero también del whisky y del hachís, se hundió. Para Linda fue muy difícil. Debió aguantar los insultos de los fans —que la acusaban de la separación del grupo— y a un marido deprimido, enfadado, “borracho y que no se bañaba”.
Luego llegó la muerte de John Lennon, las demandas judiciales cruzadas con el resto de Los Beatles, las acusaciones de que él era quien había roto la banda, el sentimiento de segundón que le provocaba que Lennon se llevase todos los méritos y las dudas acerca de su futuro como cantante en solitario. Demasiado para Linda, que según Carlin, “a veces se marchaba furiosa pensando que esa vez se había hartado de él y era el momento de abandonarlo”. Pero era un sentimiento pasajero.
Cuando a Linda le diagnosticaron un cáncer de mama en 1995, Paul volvió a hundirse. Le aterraba perder a la persona más importante de su vida. Eso ocurrió el 17 de abril de 1998. Paul la acurrucó en sus brazos mientras daba su último aliento: “Estás encima de tu hermoso caballo, es un bonito día de primavera y el cielo es azul claro”, le decía.
Se sintió perdido. Buscó ayuda sicológica y sus hijos se turnaron para cuidarlo. Entonces, irrumpió Heather Mills. Justo a un año de la muerte de Linda, el cantante acudió a una gala en la que ella  presentaba un premio.

heather, su segunda mujer, era una activista contra las minas antipersona que reunía fondos para entregar prótesis a discapacitados tras perder una pierna en un atropello. “Su presentación me conmovió enormemente”, dijo Macca sobre ese momento.
Hombre hogareño, McCartney necesitaba llenar de algún modo el espacio que le dejó la muerte de Linda. Heather tenía en común con ella la pasión por el activismo y, además, una personalidad arrolladora anestesiaba el dolor del viudo. Justo lo que él necesitaba para continuar adelante. El tenía 57 años, ella 31.
Fue el inicio de una nueva etapa. Volvió a sonreír. Sus canciones destilaban optimismo. La pareja se convirtió en ultramediática y cuando se casaron en junio de 2002, la prensa y ellos mismos le dieron tratamiento de boda del año. Un año después nació Beatrice.
Pero los hijos de Macca rechazaban a Heather. Les molestaba su personalidad y la forma en que había influenciado a su padre, que empezó a usar el pelo teñido y vestirse como un abuelo cool. Horas antes de la ceremonia, Mary y Stella le suplicaron incluso que la cancelara.

LA PAREJA DISCUTÍA A TODA HORA, INCLUSO ANTES DE CASARSE. Ya comprometidos, Heather no se adaptó a la casa de campo en la que vivió Linda y lo obligó a comprar otra, además de una mansión en Beverly Hills. Los amigos de Paul y los medios comenzaron a verla con distancia. Su pasado no cuadraba. La sorprendieron en varias mentiras. Mientras ella decía haber sido modelo, varias fuentes aseguraban que en realidad ejerció el oficio de prostituta de lujo.
También tenía mal carácter. En palabras del músico Bill Holdship, “Heather resultaba más arrogante, engreída y egoísta que Paul. Qué diferencia respecto de Linda, quien tenía los pies en la tierra y era más sensata que él”.
La relación se volvió insostenible y en julio de 2006 anunciaron su separación. Durante el divorcio, Mills acusó a McCartney de todo. Le echó a Stella parte de la culpa. “Cada semana intentaba romper nuestro matrimonio. Estaba tan celosa… Hizo cosas muy, muy malvadas”. En el juicio, y a través de documentos, Heather acusó al Beatle de haberla apuñalado con un vaso roto, de empujarla e intentar estrangularla cuando estaba embarazada. Su entorno también contó a los medios que existían cintas en las que se escuchaba a Paul borracho, contando que solía pegarle a Linda.
Había más. Paul se negó a que ella amamantara a Beatrice con citas como “esos son mis pechos y no quiero un solo trago de leche materna”.
McCartney no se defendió de las acusaciones. Por lo demás, a esas alturas, Heather ya era un personaje poco fiable e impopular. Y detalles como arrojarle un vaso de agua a la abogada del cantante o que en la sentencia de divorcio se la describiera como “errática y vengativa”, no le ayudaron a ganar credibilidad.
Al final, Mills perdió y tuvo que conformarse con 35 millones de dólares, de los casi 200 que reclamaba. El lo celebró delante de los medios con una breve frase: “Ya no habrá más críticas, no más caos, no más Heather. Sólo dicha. Por fin, paz”.
La paz en este caso vino de la mano de Nancy Shevell, a quien conoció en los Hamptons (EE.UU.) en el verano de 2007, cuando todavía estaba peleando con Heather en los juzgados.
Nancy era una ejecutiva de 47 años, miembro de la Autoridad de Transportes Metropolitanos de Nueva York y vicepresidenta de un importante conglomerado familiar. Se sabe que su matrimonio, de 24 años, terminó de manera amigable el mismo año que conoció a Paul, pero se desconoce si fue antes o después. Algunos rumores aseguran que se conocían desde hacía años pero la famosa periodista Barbara Walters, prima de Nancy en segundo grado, lo ha desmentido.

CON NANCY SE COMPROMETIÓ EL AÑO PASADO. Esta vez Stella habría dicho estar “emocionada” aunque también se rumorea que no pudo evitar preguntarle a su padre: “¿Tienes que casarte con cada mujer que conozcas?”. Paul se excusó en 2008 diciendo simplemente “me gusta estar enamorado”.
Nancy le ofreció un acuerdo prenupcial. La fortuna de Sir Paul llega casi a 800 millones de dólares, pero el negocio de los Shevell genera unos 400… al año. El incorregible romántico rechazó el papel.
¿Habrá fin? Las apuestas están en contra de un nuevo divorcio. A sus 71 años, McCartney parece haber hecho la elección correcta. Nancy cae bien a todo el mundo, incluso a Mills, y su emparejamiento ha sido “más natural”, opina Carlin.
“La mayoría de sus cercanos ven a Heather como una aberración mental por parte de Paul. Pero con Nancy ha encontrado lo que Linda le dio: alguien que lo cuide y lo halague cuando lo necesite”, dijo un amigo tras el matrimonio. No en vano, Paul la llama “mi manta protectora”.

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