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Personajes

Mario Vargas Llosa

Entrevista Exclusiva:

Por: Roberto Schiattino

Derechos Bruno Corty/Le Figaro/Other Images. Adaptación Roberto Schiattino.

En París, ciudad por adopción del escritor peruano, conversamos con el nuevo Nobel sobre su infancia, la triste relación con un padre castigador y su matrimonio por conveniencia con la política. Ex comunista, hoy liberal, enamorado de su tía y luego de su prima, su historia bien vale una novela.

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“¿Quiere que hagamos la visita juntos?”, ofrece Jorge Mario Vargas Llosa en la entrada de la gran exposición en su honor montada en la Maison de l’Amérique Latine de la capital francesa.

Hace veinticinco años que Vargas Llosa era dado regularmente como favorito para el Nobel de Literatura, tanto que muchos dejaron de creer que era posible. Pero la Academia Sueca ha recompensado al escritor peruano —naturalizado español— por sus ideas y por su obra. Un premio polémico que nos tenía acostumbrados a elecciones orientadas a la izquierda —Doris Lessing, Elfriede Jelinek—, pero se rindió ante este ex simpatizante de Fidel Castro reinventado en liberal. Es también un abierto defensor del mercado como modelo para alcanzar el desarrollo, affaire que muchos no le perdonan.

Luego de una avalancha de felicitaciones por el premio, el Presidente boliviano Evo Morales criticó a quien “me ataca personalmente”. Porque, con el don de la palabra y muy político para sus cosas, el escritor se lanzó con fuerza contra el “nuevo racismo en la región: los indios contra los blancos” que, según él, representan Morales y Chávez.

Acaba de sumar otra enemiga en el vecindario: Cristina Fernández de Kirchner, a quien dedicó unas frases demoledoras: “No es posible que Argentina, con lo que ha sido y lo que representa desde el punto de vista cultural, elija un presidente de esos niveles de incultura y pobreza intelectual”, disparó en una radio de Buenos Aires. “Basta oírla hablar para saber lo que es populismo, lo que es demagogia”, agregó, afirmando además que ella conduce “un gobierno corroído por la corrupción (…) La pareja de los Kirchner tiene acusaciones gravísimas que no ha sabido nunca explicar, aclarar. No estoy exagerando ni caricaturizando, son críticas que hago desde la admiración y el cariño por un país que ha producido a Jorge Luis Borges”.

Sudamericano de nacimiento y europeo por adopción, el escritor tiene un carácter enérgico. Como intelectual estima que el rol del pensador es mantenerse alejado del poder para denunciar los errores de quienes lo ostentan, pero no dudó en entrar a la arena política cuando estimó que sí podía jugar un rol en los asuntos de su Perú natal.

marioEn 1990 su país iba mal y, pese a las amenazas terroristas y hasta intentos de asesinato de los que fue objeto, Vargas Llosa mantuvo su candidatura presidencial. Ese paréntesis de tres años en su vida de escritor le permitió, a pesar del fracaso —fue derrotado por el entonces popular Alberto Fujimori—, adquirir la certeza de que “hace falta más inventiva para escribir una novela que para resolver los problemas de base” del Perú.

Recorrer un museo de París con las salas cubiertas de fotografías de él, lo inspira a decir con su típico humor: “Habitualmente este tipo de homenajes tienen lugar post mortem. Yo soy como un invitado de piedra”.

Dos pisos del edificio con fotos, documentos personales, cartas, ejemplares, reproducciones de tapas de libros en diferentes lenguas e incluso parte de su famosa colección de hipopótamos, muestran al hombre y al artista. Repasar su vida de forma tan bien organizada, cuando sabe el caos que fue en otros momentos, lo divierte. Sólo tiene una certeza: la literatura es “la columna vertebral, el centro neurálgico” de su existencia.

EN BOLIVIA VIVIÓ SU “PARAÍSO DE LA INFANCIA”, donde aprendió a leer a los 5. Ahí también se hizo dependiente de los libros, como lo demuestra una conmovedora carta dirigida al ‘Niño Jesús’ cuando se acercaba Navidad.

De regreso en Perú, a los 10 años y de un día para otro, pasó de ser un niño mimado a víctima de la inseguridad y el autoritarismo, por la reaparición de un padre que él creía muerto. Ernesto Vargas, que ya había formado otra familia con una alemana, se reconcilió con la madre del escritor después de una década. Ese hombre, que no era precisamente un intelectual, veía con malos ojos la literatura y la poesía. “Aquel que se interesara por estos asuntos no podía ser más que un desviado. Esta oposición de mi padre fue una incitación a preservar mi vocación literaria”, confiesa.

A los 19 se casó con Julia Urquidi, tía política por el lado materno y diez años mayor que él, comenzando una vida medio clandestina debido al rechazo familiar. Para mantener la casa trabajó en librerías y hasta catalogando lápidas. En cuanto a las letras, había ganado experiencia como periodista, colaborando en distintos diarios locales y gracias a sus estudios de Derecho y Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Como el mejor egresado, ganó una beca para la Universidad Complutense de Madrid. En esos días empezó un coqueteo con el Partido Comunista, para luego pasar al lado de la DC, un camino político lleno de curvas que le pasaría la cuenta.

Similar destino tuvo la historia con su padre. “Era una relación imposible de construir”, admite hoy el escritor. Su madre le contó mucho después que un día su papá, instalado en Nueva York, descubrió en la revista ‘Time Magazine’ una foto de su hijo. El hombre se desestabilizó, no lo podía creer.

La escuela militar de Lima, donde su padre lo inscribió pensando en encarrilarlo por el ‘buen camino’, está en el corazón de ‘La ciudad y los perros’ (1961), primera novela de Mario Vargas Llosa, posterior al cuento ‘Los jefes’. A fines de los ’50 participó en un concurso de la Revue Française y lo ganó. El premio: un mes en París, ciudad que lo marcó.

“Vivir en París en los ’60 era fácil y apasionante. Se cruzaban Sartre, Camus, Aron… Ionesco y Beckett habían actuado ahí, era una época formidable”. En 1965 Francia descubrió La ciudad y los perros y a partir de ahí se hizo conocido en el mundo entero. En la anécdota quedaron los mil ejemplares quemados como ‘acto de fe’ en el patio de una escuela de Lima. El escritor ya molestaba. Ese año, tras la separación de su tía, se casó con su prima Patricia Llosa. Tuvieron a Alvaro (1966), Gonzalo (1967) y Morgana (1974).

mario300El ’66 fue a Caracas para recibir el premio ‘Rómulo Gallegos’. Con el dedo, mientras recorremos su exposición, muestra a “ese viejo señor… es Rómulo. Recuerdo que cuando le informaron que entregaría el premio a Mario Vargas Llosa, preguntó ¿Y por qué no a mí? El pobre había olvidado que él daba su nombre al acto…”. Esa misma reacción divertida tiene al evocar las declaraciones de Fidel a propósito del fracaso del modelo cubano: “Es bastante patética su obsesión senil por el Apocalipsis”. El, sin embargo, lo apoyó al igual que muchos de sus amigos de la época, antes de romper con Castro en los ’70.

En Caracas pronunció una frase inscrita en grandes caracteres sobre el muro de una de las salas: Es preciso recordar a nuestras sociedades lo que les espera. Advertirles que la literatura es como el fuego, que ella significa inconformismo y rebelión, que la razón de ser del escritor es la protesta, la contradicción y la crítica…

Hace 20 años perdió la elección presidencial contra Fujimori. Fascinado por Sartre, hizo suya la idea de la responsabilidad del intelectual y adoptó los slogans: ‘Escribir es actuar’ y ‘Las palabras son actos’. Pero no al punto de extraviarse.

“NO ME ARREPIENTO DE NADA. DESCUBRÍ LA VERDADERA REALIDAD DE LA POLÍTICA. Ahí encontramos los peores ingredientes de la condición humana”, confirma hoy un Vargas Llosa que siempre dijo que la política profesional había sido un “accidente”.

Nos detenemos delante de una vitrina con sus libros preferidos. Entre ellos ‘La condición humana de Malraux’ (novelista y político francés), cubierto de anotaciones del peruano. “Me acuerdo con mucha emoción de sus discursos, era un gran orador, casi un iluminado. Y tenía esta vocación chiflada que lo defendía contra el espíritu serio”.

Cuando le preguntamos si envidia al aventurero Malraux, el escritor responde afirmativamente. Cuando le decimos que dicho autor fue sin duda privado del Nobel por su postura política (fue ministro de De Gaulle), Vargas Llosa —antes juzgado demasiado liberal para los jurados de Estocolmo— se contenta con su ya famosa frase: “Yo no creo que un escritor deba hablar del Premio Nobel, ¡no es bueno para su estilo!”. Por eso, cuando sonó el teléfono de su casa para avisarle que había recaído en él, pensó que era una broma.

Este peruano-español-francés se ha volcado en el último tiempo al célebre diplomático británico Roger Casement, tema de su próxima novela, ‘El sueño del Celta’ (2011). De este hombre, uno de los primeros en denunciar las atrocidades cometidas en el Congo por los reyes belgas, para luego apoyar a los indios Putumayos en Perú y a los independentistas irlandeses, ejecutado en 1916 por traición, dice: “El era un héroe, según yo. O sea, no un santo pero sí un hombre con sus debilidades”. ¿Su alter ego?

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