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Personajes

Roberto Sepúlveda: ‘El Presidente es el artista que tengo que cuidar’

Reinaldo Sepúlveda, director de TV

Por: Lenka Carvallo

Después de 30 años paseándose por todos los canales, de dirigir a Mario Kreutzberger, Cecilia Bolocco, Kike Morandé… hoy es el cerebro tras la puesta en escena presidencial. Su transmisión del rescate fue seguida en el mundo entero. Concertacionista histórico, explica su cambio de giro.

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Es el hombre detrás de la imagen televisiva del Presidente. El director en terreno que define los escenarios, los tiros de cámara, supervisando cada detalle que pasa frente a la pantalla. Su transmisión del rescate de los 33 en Atacama fue un hito del rating, seguido en el mundo por más mil millones de espectadores. Un total de 31 horas de emisión continuas que, trascendió, podría significarle un Guinness. Pero él ni se emociona: “Es una lesera… ¿Qué gracia tiene estar entre el hombre más forzudo, la mujer más gorda? No sirve pa’ na…”.

Su figura maciza, de barba prominente y voz rasposa trascendió su fama televisiva para adentrarse en los terrenos de la política desde que dirigió el acto de proclamación de Sebastián Piñera en el Arena Santiago. El batatazo fue tal que el evento alcanzó fama como el Arenazo. Hoy es miembro clave del equipo del ‘segundo piso’, donde circula como director de producción del Presidente de la República. Y que conste: del mandatario, porque con la derecha, él, nada. “No trabajo en el gobierno de la Alianza sino para el Presidente Piñera. El sabe mejor que nadie de dónde vengo y cómo soy”, asegura con voz atronadora el hombre cuyas fronteras políticas están con la centro izquierda y que se reconoce cercano a Michelle Bachelet. En la era de la Concertación, estuvo en la campaña del No, fue uno de los directores de la franja de Patricio Aylwin, e hizo varios eventos para Bachelet.

De trabajar con las mayores figuras de la TV, hoy su estrella es Piñera, a quien reconoce como un jefe exigente, mandón, que sabe bastante de televisión y “que se mete en todo. Por eso, hay que estar siempre preparado”, dice.

El Guatón Sepúlveda (56 años, casado con la periodista María Inés Alliende, dos hijos) es un referente de la televisión. Su carrera partió en los ’70 como asistente de dirección y se encumbró como director del famoso clip de Los Jaivas, Alturas de Machu Picchu, que contó con la participación del escritor peruano Mario Vargas Llosa, hoy célebre ganador del Nobel. Su carrera despegó. Partió a Canal 13, donde fue director de programación durante diez años y trabajó con su cuñado, Gonzalo Bertrán. Eran los tiempos de gloria de la estación católica y Sepúlveda roncaba con programas como Teleduc, el Mundo del Profesor Rosa y Sábados Gigantes.

En los ’90 pasó a las revoltosas filas de La Red. Ahí fue gerente de producción, autor de éxitos como El desjueves, Aló Eli y Cóctel, cuando Kike Morandé rompía los moldes “como el primer animador que fumó y tomó un trago en pantalla”.

Su trayectoria continuó como director general del área deportiva de TVN y, luego, director de programas de Chilevisión. “He estado en todas las estaciones y trabajado en las más diversas áreas; tengo expertise en móviles; sé transmitir fútbol, conciertos, eventos masivos; después me independicé y puse mi productora (Tiburón Producciones, que aún mantiene), pero nunca había tenido una pega como ésta”.

—Se ha notado su mano televisiva. ¿Están innovando en este campo o el rol ya existía?
—El área de producción —que ahora dirijo en La Moneda— siempre ha estado. Es un pequeño departamento donde se maneja el sonido, la iluminación; aquí hay tramoyistas, montajistas, choferes, y así lo tomé yo. La diferencia es que, como vengo del mundo de la TV y no de la política, traje técnicos que saben de luces, de tarimas. Y eso se ha notado. Estoy muy orgulloso porque lo hemos hecho solos, con muy poca plata. Nos entregan las pautas semanales y con eso vamos viendo cómo poner en escena las actividades del Presidente. No me meto en la cosa política, para mí Piñera es el artista que tengo que cuidar.

—Aunque le debe haber costado irse a trabajar al gobierno, considerando que su visión política era bien distinta…
—Absolutamente. Pero conozco a la familia de Piñera hace años: mi hijo Pablo fue compañero del mayor de los Piñera Morel en el Saint George. No es que seamos amigos, pero sé como son.

—¿No cambiaron sus ideas?
—Para nada, y tampoco me dio pudor aceptar este cargo, aunque mis amigos me echan tallas y, otros, con bastante rabia, dicen que me di vuelta la chaqueta… Entiéndeme, yo no soy político sino un técnico, un director. Y aunque trabajé en distintas cosas con todos los Presidentes de la Concertación, ninguno me ofreció lo que el Presidente Piñera. Los que crean que estoy vendiendo la pomada, ¡se equivocan! Además, después de haber hecho todo, ¿qué me quedaba? Yo no sé hacer Yingo, Calle 7, ¡no sirvo! Me tenía que reinventar; lo hice utilizando lo que sé y ahora estoy muy entretenido.

—¿Todavía no se pone la chaqueta roja?
—¿Estás loca? (se ríe). Al principio me pareció una buena idea, el símbolo de un gobierno en terreno… pero algunos se aprovechan y ahora anda medio mundo igual…

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