Valle Colchagua: De cordillera a mar

A 140 kilómetros al sur de la capital, las diecisiete viñas del Valle de Colchagua ya tienen todo listo para la tradicional Fiesta de la Vendimia (28 de febrero y 2, 3 y 4 de marzo), cuya fama ha trascendido las fronteras hasta posicionarse, según los expertos, como una de las más importantes de América Latina. Algo que llena de orgullo a Maite Rodríguez, gerenta general de Viñas de Colchagua. “Trabajamos todo el año para lograr que la experiencia de la fiesta sea siempre mejor al año anterior. Más allá de un lindo espectáculo, buscamos que el vino sea el rey”, cuenta. “En esta versión creamos una copa VIP que dará derecho a degustaciones ilimitadas en cualquiera de los stands de las 17 viñas o en la tienda Colchagua, donde estarán todos los grandes vinos. Sólo serán 300 copas para los primeros que las compren”, adelanta.

Más de 600 personas trabajan en la organización del evento que cumple 19 años y que cuenta con muestras gastronómicas, catas y exposiciones de artesanía local. Además de un show que será animado por Los Jaivas, Noche de Brujas y Bombo Fica. La esperada elección de la reina se realizará en el casino de Colchagua. “En forma paralela, todas las viñas locales estarán abiertas con tours, degustaciones, paseos, picnics y en algunas existirá la posibilidad de realizar una vendimia especial”, agrega Rodríguez.

Colchagua es el valle más premiado de Chile tanto por la calidad de sus vinos como también por su oferta turística. Una combinación perfecta que permite pasear por sus viñedos y despertar con el ruido de los pájaros para seguir brindando. Por su emplazamiento de cordillera a mar, esta zona posee una gran variedad de suelos, desde los volcánicos de coluviones a los aluvionales junto al río Tinguiririca. El punto en común es la presencia de rocas y piedras, las cuales entregan su sello mineral. Protegida por dos cadenas de cerros, una al norte y otra al sur, es un área marcada por la existencia de distintas formaciones geográficas con una interesante variedad de climas.

El enólogo Aurelio Montes del Campo adelanta que en su versión 2018 la fiesta suma “nuevas bodegas abiertas para enseñar sus técnicas de vinificación, viñedos y vinos”. En este sentido, explica que esta vendimia se va a destacar por ser un excelente año debido a sus buenas temperaturas y condiciones. “Probablemente será una de esas cosechas que darán que hablar”, dice.
Algo que comparte completamente su colega Cristóbal Undurraga. “Esta zona le debe su fama a grandes vinos tintos, de sectores icónicos como Apalta, Marchigue y Los Lingues. Hoy gracias a las plantaciones cerca del mar, de Sauvignon Blanc o Pinot Noir ha destacado la costa de este valle. Zonas como Paredones o Lolos han crecido mucho. Al igual que variedades tintas menos conocidas como el Cabernet Franc o el Mouvedre. Por ahí van las sorpresas”, anuncia.

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Valle Casablanca: Blanca frescura

A sólo cuarenta minutos de Santiago por la ruta 68, la Fiesta de la Vendimia del Valle de Casablanca se ha transformado en un imperdible del ocaso del verano. En su sexta versión (24 y 25 de marzo), espera a más de cincuenta mil visitantes que se encontrarán con un moderno festival costumbrista. Desde la típica competencia del pisoneo de uva y elección de la soberana de la vendimia hasta talleres de cocina en vivo y bandas para los más niños, aquí la oferta incluye a todos los integrantes de la familia. Para animar las noches habrá un show musical que se mantiene en total reserva y del que sólo se ha confirmado la participación de la banda Moral Distraída.

Ernesto Breittmayer, encargado de comunicaciones de la Asociación de Empresarios Vitivinícolas del Valle de Casablanca, lo que hace especial esta fiesta es que “crea una instancia única para disfrutar de las tradiciones chilenas junto a la compañía de la elegancia y frescura de los aclamados vinos blancos que posee el valle, que son perfectos para refrescar las calurosas tardes de marzo. Aunque tradicionalmente destacan el Sauvignon Blanc y el Chardonnay, hay tintos que están sorprendiendo, como el Syrah y el Pinot Noir”.

Al estar situado en una cuenca hidrográfica en la cual no existen afluentes naturales de agua como ríos y toda el agua se obtiene de napas subterráneas, la producción de vinos se caracteriza por su gran intensidad aromática y estructuras incomparables. Lo que también se explica en gran medida por la existencia de un suelo granítico, con una textura franco arcillosa, y pobre en materia orgánica. Incluso hay algunos lugares del valle con cuarzo, que proporciona una mineralidad única.

A sus celebrados Sauvignon Blanc y Chardonnay, se suman hoy los Pinot Noir y Merlot. Además, existe una oferta de espumantes, Rosé y Late Harvest que suelen ser los favoritos. “Tendremos una exclusiva barra de vinos Premium y espumantes, los cuales podrán ser maridados con cebiche, perfecto para disfrutar de la tarde con una vista panorámica insuperable”, cuenta Breittmayer.

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Valle curicó: La diversidad de un clásico

La más longeva de las vendimias de la industria vitivinícola nacional cumple 32 años y espera superar los doscientos mil visitantes en cuatro días de festejos que incluyen vinos, gastronomía, artesanía, folclore y un show estelar cada noche (22 al 25 de marzo). Para la gerenta de Ruta del Vino del Valle de Curicó, Alejandra Inda, la clave aquí es “no perder el espíritu familiar. Nosotros congregamos toda la provincia de Curicó y turistas locales y extranjeros para homenajear nuestra tierra, que nos provee de un amplio portafolio de vinos”.

Curicó es el tercer valle más grande de Chile en producción de uvas, después del Maule y de Colchagua. Se caracteriza por la diversidad que le dan sus costas con el clima fresco costero y el caluroso secano, así como por sus aires precordilleranos. En estos terrenos pueden encontrarse desde los suelos graníticos de la Cordillera de la Costa hasta los aluviales de los microvalles de Teno y de Lontué, entre otras variedades. Aquí cohabitan cepas “ancestrales” de Chile, como País o Moscatel con tradicionales, como el Cabernet Sauvignon, Merlot y Carménère y Chardonnay; y las más novedosas del último tiempo: Petit Manseng o el Marselan.

Para el director técnico de la Viña Requingua, Benoit Fitte, lo más interesante de la variedad que ofrece Curicó es que “garantiza vinos de todas gamas para todos los estilos y bolsillos, desde los más sencillos hasta los vinos íconos que resaltan lo peculiar y complejo de cada rincón del valle para el deleite de los más puristas”.

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