La agenda de conciertos internacionales en Chile está hace años lo bastante desarrollada como para recibir con frecuencia a grupos y músicos que llegan en plena vigencia y además con buenos discos apenas publicados.

El caso más reciente es el de Wilco, reconocida banda estadounidense de música independiente que, si esas dos palabras a estas alturas no significan nada muy preciso, caracteriza su sonido con marcadas raíces en el rock, el folk y un country alternativo, y que acaba de debutar en Santiago a semanas de haber lanzado Schmilco (2016), su más reciente disco.

Con veintiún años de carrera desde sus inicios discográficos en 1995 y diez álbumes oficiales publicados desde entonces, Wilco es testigo y protagonista de la evolución del rock independiente en esas dos décadas. Pero es también actualidad, concentrada en ese último disco y en su sonido íntimo como pocas veces antes en la historia de la banda.

La voz a veces cercana al susurro del cantante y compositor Jeff Tweedy y el rasgueo de su guitarra acústica tienen el predominio del sonido, de modo que el guitarrista Nels Cline, tan elocuente en canciones como Impossible Germany (del disco Sky blue sky,2007), se escucha menos protagónico aquí, tal como atenuados se oyen los teclados de Mike Jorgensen y la batería de Glenn Kotche.

Todo esto es alto contraste respecto del disco que el grupo presentó hace recién un año, Star wars (2015), mucho más electrizado y casi garajero, aunque ambas grabaciones en la práctica fueron hechas al mismo tiempo. En cambio Schmilco se escucha muy a tono con cierta inclinación nostálgica y contemplativa en las letras y melodías de Tweedy. Ahí está el aire autobiográfico que recorre los versos de canciones como “If I ever was a child” y “Normal american kids” y en especial aparece “We aren’t the world (Safety girl)”, una reescritura en clave crítica del hit ochentero We are the world (1985), de cuando Jeff Tweedy posiblemente estaba en el colegio.

En los menos de cuarenta minutos de este disco queda prensada así una de las versiones más introspectivas de Wilco, y además de haberlo visto y escuchado en vivo en el teatro de la céntrica calle San Diego en la capital, otra buena noticia ha sido la presencia del grupo anfitrión de esa visita, los chilenos Matorral, quienes por su parte han descrito también en sus dos últimos discos una notable metamorfosis hacia lo íntimo y despojado. Un acierto de programación pocas veces visto entre teloneros y bandas de fondo en la cartelera local.