Su nuevo disco, New, no es sólo un trabajo contundente, fresco, digno de una escucha atenta por fuera de la mitología, sino también un nuevo compendio de claves de cómo ‘Macca’ diseña su posteridad.

En su caso, ese bosquejo siempre ha estado sujeto a su decisión —ya juvenil— de no soltar jamás el control sobre cómo su legado se le presenta al mundo. Fue ésa, de hecho, la motivación tras su involucramiento en la biografía autorizada Hace muchos años, coescrita junto a Barry Miles, y en la que el autor de Yesterday buscó reubicar las piezas de las jerarquías dentro de los Beatles para sacarle a Lennon ventaja de la vanguardia y la búsqueda dentro de la dinámica del grupo.

“No pueden quitármelo / aunque traten. / Fui yo quien vivió esos primeros días”, canta hoy en Early days. Son incontables los investigadores, biógrafos y coleccionistas que han dedicado parte de su vida a indagar la de Paul McCartney, pero el músico no está dispuesto a que sean ellos quienes asuman la misión del obituario. Desde que cumplió sesenta años de edad (hoy tiene 71), cada nuevo proyecto del cantautor puede verse como un esfuerzo por quedarse con la última palabra sobre quién ha sido él y hasta dónde llega su propio talento.

Otra clave en New: la de la puesta al día. Cuatro productores le ayudan a que el disco no sea sólo el consolidamiento de una marca de estilo clásica, sino también una propuesta vigente para radios, canales de videomúsica y servicios digitales.

El músico siempre abierto a influencias externas, se permite hoy tomar algunas ideas de Gorillaz o Adele, en vez de volver sobre punteos de guitarra patentados en los años sesenta. La autoridad se marca mejor con decisión informada que con ostentaciones nostálgicas. “Todos parecen tener una opinión / sobre quién hizo esto y lo otro. / No veo cómo puedan recordarlo / si no estaban ahí donde estuve yo”. Esos son los versos de un jefe.