Era fácil conectar los puntos y ver que en la adoración global por Abba había, además, potencial turístico. Por eso, desde ahora, The Abba Museum acogerá en un edificio de cinco mil metros cuadrados artículos importantes para los trece años de trayectoria conjunta de Agnetha, Frida, Björn y Benny (afiches, fotos, piezas de escenografía, ropa —muy fea, casi toda—, premios) y también hitos para comprender mejor la tradición pop sueca, que hasta hoy acoge a bandas de merecido prestigio internacional. Saber si en sus dependencias aparecerán o no los cuatro ex integrantes del grupo es parte de la intriga en torno a tan peculiar museo.

La última vez que los antiguos compañeros estuvieron juntos fue en el estreno sueco de la película Mamma mia, hace cinco años (era la primera vez que se veían en público desde 1986), y la tensión era evidente. No hay que olvidar que ellas dos estuvieron alguna vez casadas con ellos dos, y que sus respectivos divorcios alimentaron no sólo canciones tristísimas (como The winner takes it all) sino que un resentimiento que terminó con su sociedad.Lo que jamás pudo romperse, eso sí, ha sido una cantera de dinero que hasta hoy bate récords de venta y ganancias. Visite usted cualquier ciudad de cualquier continente y pregúntele a quien quiera: será difícil encontrar a alguien que no conozca al menos una canción de Abba. Y ese alguien ya tiene algo nuevo que visitar en Estocolmo.