Resulta curioso, por decirlo menos, que uno de los discos más antiguos que aparece en el libro “Vinilo chileno“ sea de un artista que aún sigue vigente haciendo shows. El piano de Valentín Trujillo ha acompañado a muchas generaciones en sus 82 años de vida. De hecho, hace algunos días fue uno de los protagonistas del homenaje a Don Francisco por el fin de Sábado Gigante y también se le puede escuchar como músico acompañante de Amaya Forch en sus conciertos.

Valentín Trujillo es un símbolo de nuestra música, un ícono como tantos que debieran ser reconocidos en vida. Algo que en gran medida, logran con este trabajo recopilatorio los autores Álvaro Díaz, Daniela Lagos, David Ponce y Piedad Rivadeneira.

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En un país donde la amnesia es una enfermedad común, la obra realizada por editorial Hueders viene a saldar una deuda con muchos creadores que no tuvieron la ocasión de ser parte de otras publicaciones sobre nuestra historia musical. De hecho, el archivo de música de la Biblioteca Nacional es limitado y por ello fue clave en este libro el aporte de coleccionistas que abrieron sus casas para permitir fotografiarlas.

Son 363 las carátulas elegidas para publicar “Vinilo Chileno“ en un esfuerzo recopilatorio muy recomendable para quienes desean conocer más de nuestra música. Lo atractivo, es que no hay sesgo de estilos. Por sus páginas transita el disco del inolvidable Hirohito con su viejo lolero, pasando por la época dorada de la nueva ola, el rock latino, la nueva canción chilena y las bandas militares.

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El vinilo está de vuelta y este libro es otra forma de validar el formato. Sus autores señalaron que no es un libro cronológico y que en sus páginas lograron unir los diferentes estilos musicales que a cada uno les gusta. No es menor el esfuerzo de recopilar estas carátulas. La industria musical chilena sufrió numerosos golpes en las últimas cuatro décadas. La dictadura militar hizo “desaparecer“ no sólo a miles de chilenos, sino también mucho del legado cultural musical. Se quemaron libros y se destruyeron cientos de discos. Además, muchas máquinas prensadoras de vinilos, se oxidaron por la falta de uso, y la aparición del cassette en los ochenta y del CD en los noventa, sepultó la existencia del long play y los 45.

El vinilo tenía no sólo de mágico el sonido que ahora las nuevas generaciones están redescubriendo. El arte de sus carátulas decía mucho de la realidad social y política de los países, también de las tendencias de la moda. Eran una radiografía perfecta para mostrar como cada cultura se construía a si misma.

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El viaje de “Vinilo Chileno” es mágico, desde las carátulas históricas de Los Jaivas, Los Blops o Los Macs, pasando por el cuidado diseño de los discos de Congreso, inolvidable resulta Ha llegado carta, cuyo vinilo está realizado con un formato de sobre.

Ver a Patricia Maldonado joven, o a Patricio Manns con pinta de galán de película gringa es impagable. Lo propio revisar las tapas de Aterrizaje Forzoso, Aparato Raro o los singles de Los Prisioneros.

Es un libro para todas las edades, así lo pude palpar el otro día junto al legendario locutor Mario Pesce, que me dio un cátedra sobre La Pirilacha, los Red Juniors, Arturo Millán o el pianista Roberto Inglez, el que reconozco, no estaba en mis registros.

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Por mi lado me emocioné con la carátula de Kissing Spell, disco que perseguí por años, como el de Corazón Rebelde o uno que guardo en casa como reliquia, el Viva Chile de Los Electrodomésticos.

Felicitaciones a los autores por darse el trabajo de buscar y publicar. No faltará el que diga que la colección no está completa y que bueno que así sea, de esa manera podemos soñar con un segundo volumen de “Vinilo Chileno“.

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