Viña es un universo paralelo, un alter ego nacional, algo así como la Tierra Media con una magia especial que escapa al mismo festival. Es una historia de escotes, periodistas, reinas, candidatas que no fueron, canciones que nadie recuerda y sobre todo de la variopinta cultura chilena. Esa que permite durante una semana que la cantidad de opinólogos se triplique, que la programación de la televisión y las radios giren completamente hacia la quinta región, incluyendo noticieros, matinales, franjeados, etc.

Y así podemos tener en una misma página a músicos de verdad compartiendo espacio con la bomba sexy del momento.
Viña tiene esa cosa casi bizarra de mostrar lo mejor de lo nuestro y también lo peor.

La edición 2014 del denominado y bien entre comillas “Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar” no ofreció en la previa una parrilla particularmente tentadora, salvo Rod Stewart, Laura Pausini y Ricky Martin, lo demás sonaba más a relleno, repeticiones y mucho de promoción de los sellos. ( si aún existen sellos discográficos)

Al momento de escribir este blog, Viña recién lleva dos jornadas y ya nos regaló un par de momentos memorables. Lo mejor hasta ahora, la solidez de Laura Pausini en el escenario, un ejemplo de cómo un artista se impone por talento y calidad por sobre la parafernalia, auténticamente honesta en su presentación y su trato con la gente, sin poses de diva e incluso con el humor de aceptar un dibujo de regalo hecho por un artista local, que se auto promocionó por cuanto medio pudo para tratar de llegar a la italiana. Al final lo consiguió, pero parece que muchos colegas olvidaron ver Twitter para darse cuenta que el fan de Laura, también le llevó un dibujito a Rod Stewart, vamos a ver si son capaces de hacer la misma producción para que se acerque al escocés.

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Memorable también lo de Jorge Alis, un comediante con años de oficio en los circuitos de la capital. Se presentó haciendo su espectáculo que supo traspasar la brecha que genera el pseudo nacionalismo criollo, para imponerse con una rutina que nos abre la esperanza de que hay recambio en el humor.

Los Tres, Ricky Martin y Fito Páez correctos, pero nada del otro mundo. En el caso de los chilenos tendrán que trabajar para superar la partida de Angel Parra, pero también en la creatividad para enrielar el camino que extraviaron hace un par de discos. El boricua Ricky Martin apretó play y ejecutó un show qué no alcanzó a ser emotivo y Fito Páez algo parecido, con el agregado que salió tan tarde que por poco es el número inicial de la tercera noche.

Tema no menor el del horario, porque aunque se pretende solucionar este problema hace años, la sensación que queda es que, mientras se hagan dos recitales de casi dos horas por jornada y el festival empiece cerca de las diez de la noche es seguro que se termina pasadas las tres de la madrugada.

De la competencia mejor no hablar, para mí ya es caso perdido. Tanto como aquellos comentaristas que se asombraron de lo bueno que fue el show de la Pausini , un pecado capital considerando que el concierto en San Siro y el World Tour están editados en DVD, e incluso se pueden ver en Youtube. La ignorancia parece ser el compañero de estos “críticos” que con el mismo desparpajo que comentan de música, hablan de las candidatas a reina. Pero insisto, Viña tiene esa magia de juntar a los buenos con los malos, a los mediocres con los apitutados, a oficialistas con interesados, a artistas de verdad con productos comerciales, a la silicona con las mechas californianas y también al pueblo con el ABC1.

Viña es Viña y ahora se prepara para una nueva licitación. Más allá del canal y la radio que ganen los derechos, lo que es difícil que cambie es que los que están afuera quieren estar dentro y que para bien o para mal, sea la semana de carnaval en la cual nadie queda indiferente.

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