El Festival de Viña del Mar y el reggaetón tienen un vínculo estrecho. Pese a que el género encontró su gran plataforma chilena en el extinto programa “Mekano”, el estallido definitivo se produjo en 2006 en la Quinta Vergara, con la primera visita de Daddy Yankee al certamen.

Quienes estuvieron allí, lo recuerdan como un hito, un big bang, un antes y un después, y la onda expansiva del momento puede comprobarse simplemente acudiendo a la historia posterior: Con excepción de 2012, de ahí en más el reggaetón nunca faltó en la parrilla viñamarina, con nombres como Don Omar, Maluma, Yandel, Tito El Bambino y otros tantos.

Es decir, ya van a ser doce años y trece versiones sin que el género decaiga en el evento que más atenciones concita en nuestro país, y 2018 coronará el ciclo con la edición que más dosis recuerde. Porque además de tres exponentes directos del mismo (CNCO, Zion & Lennox y Gente de Zona), dos que coquetean (Carlos Vives y Jesse & Joy) y otro que se metió hasta el cuello (Luis Fonsi), esta semana supimos que la Competencia Internacional contará con más de un 80% de canciones (cinco de seis) inscritas en la hoy llamada música urbana, e incluso el folclor tendrá un par que le hacen guiños más que directos.

¿Cómo llegamos a esto? ¿Será mero resultadismo de los organizadores, entregados sin más a algo que parece surtir efecto fácil y rápido entre la audiencia?

De ninguna manera. El predominio del reggaetón en Viña 2018 no es otra cosa que una consecuencia lógica. Le pese a quien le pese, se trata del género que hoy ejerce predominio absoluto en el mundo latino, con una capacidad de absorción sin parangón en época reciente.

Para comprobarlo, basta dar una mirada a los datos: Entre las diez canciones internacionales más escuchadas en las radios locales durante el presente año, nueve son urbanas, mientras que entre las diez más reproducidas en Spotify, ocho están en esa categoría.

La lista de artistas con origen en otras áreas que han participado en singles de tono reggaetonero, también es decidora: A los mencionados Fonsi, Vives y Jesse & Joy, hay que sumar a Shakira, Ricky Martin, Chayanne, Marc Anthony, Jennifer Lopez, Romeo Santos y hasta nuestro Luis Jara, entre muchos otros.

Las premiaciones apuntan a lo mismo: Nicky Jam, J Balvin y otros tantos han estado yéndose con las manos cargadas de los Grammy Latino, Premios Lo Nuestro, Latin Billboard y todos sus símiles. Y ni hablar de lo cosechado este año por el “Despacito” (porque aquí no cabe referirse a Fonsi).

Lo de Viña 2018, entonces, es simplemente una decantación natural. Encomendado a recoger las tendencias predominantes en nuestro medio (no a anticiparlas), los porcentajes de reggaetón no reflejan otra cosa que el dominio sin contrapesos de este género entre las inquietudes de la escena y las preferencias del público.

Hablemos de sector oriente o poniente, jóvenes o adultos, norte o sur, clases altas o bajas… Todos están en la misma.

En la década pasada, muchos le vaticinaron una rápida muerte al reggaetón, y hasta hoy no son pocos los que vociferan esa esperanza. Pues bien, tendrán que acomodarse bastante antes de seguir esperando, o simplemente encapsularse ante un mundo que no navega ni navegará en su sintonía. Porque el dembow seguirá retumbando de aquí en más, ya no como un ritmo con tintes de moda, sino como parte del paisaje sonoro establecido. Y Viña 2018 será el más próximo encargado de recordarlo.

Comentarios

comentarios