Un hombre —adulto, profesional— recorre Estados Unidos de costa a costa con la más asombrosa misión: encontrar discos navideños descatalogados, raros, piezas que sólo podrían interesarle a un coleccionista. Cada descubrimiento es un tesoro. Ya tiene villancicos en ritmo ska, salsas dedicadas al pesebre, y viejos blues que mencionan a la estrella de Belén. En cada disquería de segunda mano de cada pequeña ciudad a la que llega va, pregunta y hurguetea. Las canciones de Navidad son, para él, un asunto de preocupación diaria.

Conocemos su historia por Jingle Bell Rocks!, un documental de 2013 que sigue la ruta de sujetos así de escasos: coleccionistas de villancicos antiguos, oscuros, alternativos al cánon religioso. La banda sonora del filme tiene una calidad sorprendente. Miles Davis, James Brown, Flaming Lips, entre otros, grabaron villancicos de alta calidad pero apenas conocidos. Aprendemos allí que existen villancicos en clave de rap y de be-bop; con ritmo de tango y de bossanova. Lejos del barniz azucarado con el que cada diciembre los supermercados e iglesias pincelan nuestros oídos, descubrimos música navideña de firme carácter, e incluso cierto afán de vanguardia. Existen, incluso, villancicos de reivindicación política (como “Santa Claus is a black man”, de 1972) o cierto filo sexy (como el irresistible “Santa baby”, en versión de Eartha Kitt).

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“No hay peor música que la mala música navideña», dice un crítico en el citado documental, y quizá tenga razón. Pero es justo agregar que también pocas cosas son más sorprendentes que toparse con un villancico que le proponga algo interesante al oído. Son infinitas las grabaciones de Navidad que nivelan hacia abajo, buscando el consenso que se supone exige una reunión familiar y que asocian buenos deseos con sonidos de almíbar. Pero también están los que proponen una pieza que trascienda modas y cruce generaciones; que apunte al gusto general sin transar en la calidad de la factura. Ante a la inminencia de otra Nochebuena y su predecible soundtrack es importante recordar que hay vida fuera de “Noche de paz”.

LOS PUNTEROS

Cada vez que una revista musical elabora una lista con los mejores discos navideños aparece en el primer lugar un mismo álbum, publicado hace ya cincuenta y dos años, y dirigido por un ideólogo genial y peligroso, que hoy cumple sentencia por homicidio en una cárcel de California. “A Christmas Gift for You from Phil Spector” fue el primer disco que se tomó en serio el encargo de grabar villancicos. Unió en un mismo estudio a músicos prestigiados de la época (el pianista Leon Russell, el guitarrista Tommy Tedesco, el arreglador Jack Nitzsche, Sonny Bono en las percusiones) con grupos vocales femeninos y coristas imbatibles (The Ronettes, The Crystals, Darlene Love); todos ellos bajo las órdenes del excéntrico Phil Spector, quien se propuso grabar un disco navideño cuyos arreglos marcaran pauta en el pop de la época, y lo consiguió.

Con todo, muchas grabaciones de Navidad han sido superventas, partiendo por la versión de “White Christmas” (original del ruso-estadounidense Irving Berlin) que en 1942 publicó Bing Crosby, y que, con más de cien millones de copias, se mantiene como el single más vendido de la historia (sólo le disputa la marca “Candle in the wind”, de Elton John). La han grabado músicos tan dispares como Erasure, Kenny G, Doris Day, Frank Sinatra, John Denver, Yuri, Boy George, Raphael y Taylor Swift. Cuesta cruzar un diciembre sin topársela en algún lado.

Pero los villancicos son, en general, buen negocio para cualquier intérprete famoso. Algunos de los temas más difundidos de Brenda Lee (“Rockin’ around the Christmas tree”), José Feliciano (“Feliz Navidad”) y John Lennon y Yoko Ono (“Happy Xmas [War is over]”) tuvieron un motivo navideño, y los discos temáticos que sólo en años recientes al respecto han grabado Celine Dion (These are special times, 1998), Mariah Carey (Merry Christmas, 1994), Susan Boyle (The gift, 2010), Andrea Bocelli (My Christmas, 2009) y Kenny G (Miracles: The Holiday Album, 1994) superan los cuatro millones de copias cada uno. Son discos cursis, sin riesgo, pero que resultaron oportunos para un mercado que cada fin de año acoge al villancico como un deber.

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PROPUESTA DE PLAYLIST

Las canciones de Navidad son parte de una tradición iniciada mucho antes de la industria del disco, y que tuvo por largo tiempo una motivación exclusivamente religiosa. Las primeras, en latín, se han rastreado hasta el siglo IV, y se estima que la letra de un villancico como el conocido “Adeste Fideles” no tiene menos de ocho siglos de antigüedad.

En Chile, la tonada y la valiosa tradición del canto a lo divino acogen composiciones populares campesinas sobre el nacimiento de Cristo, y además se han traducido villancicos internacionales al lenguaje de los grupos folclóricos (así lo ha hecho el conjunto Los Grillitos de Graneros). Podemos encontrar grabaciones navideñas inesperadas, como las hechas en clave de swing por el saxofonista Alfredo Espinoza y el pianista Giovanni Cultrera, con la onda del rock-indie de Fother Muckers, o el Concierto Oratorio de Navidad según San Lucas, compuesto por Angel Parra padre.

Vivimos tiempos de streaming y playlists transportables. No cuesta nada ambientar la cena familiar con algo a la altura del cariño, seleccionando villancicos grabados alguna vez con la autoexigencia de la inventiva. Hechos sin consideración ceremonial, entre los registros que merecen revisarse este diciembre están los discos navideños de próceres estadounidenses como Elvis Presley, James Brown, Frank Sinatra, Jackson 5, Johnny Cash y The Beach Boys. Miles Davis grabó en 1962 Blue Xmas (To Whom It May Concern) (con voz del pianista Bob Dorough), impecable pieza be-bop de sorprendentes giros armónicos; y en opciones por un jazz más tranquilo hay varios villancicos de Ella Fitzgerald dignos de reescucharse. En el disco colectivo y a beneficio A Very Special Christmas (1987) se aparecieron Madonna, U2, Sting, Pretenders, Eurythmics y Bruce Springsteen, entre otros; y lo que en 1968 hizo el trompetista Herb Alpert con su Christmas album es la mejor alternativa a espacios que requieren sonido instrumental. La colaboración para un disco de salsa navideña entre Héctor Lavoe y Willie Colón cristalizó en dos volúmenes; ambos, estupendos. El dúo de canto y diálogo entre David Bowie y Bing Crosby para The little drummer boy es una delicia si se revisa en YouTube.

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En los últimos años, figuras del indie con tanto prestigio como el grupo Flaming Lips y el cantautor Sufjan Stevens han grabado canciones navideñas de impecable producción (este último lleva ya dos discos temáticos al respecto, ambos muy recomendables). Su intención ha sido alcanzar una audiencia amplia, por fuera de su fanaticada. Ese cruce de públicos es una de las prerrogativas de los villancicos, un género sobre el que a veces aparecen coleccionistas inesperados. El cineasta John Waters, emblema del cine de culto estadounidense, preparó hace unos años una selección personal que puso a la venta bajo el título A John Waters Christmas. Se escuchan ahí los más insólitos villancicos, incluyendo uno de una niña huérfana que le pide a Santa Claus un papá y una mamá, un alegato country lleno de insultos contra el anciano de rojo (“Here comes Fatty Claus”), y una oración grabada alguna vez por una niña evangélica (“Happy birthday, Jesus”) que da miedo escuchar.

Waters, quien también es un brillante escritor, ha llevado su interés por la Navidad a los escenarios. Su aplaudido monólogo de humor sobre el tema lleva ya varias temporadas en gira, y sintetiza con agudeza esa suma de sentimientos contradictorios que nos despierta la fecha; su parafernalia, su comida, su consumismo, su afecto y su música. “La amo y la odio —dice el creador—, pero lo importante es asumir cada año una verdad irremediable: la Navidad es ineludible. Intenta ponerle un poco de gracia”.

TRAILER JINGLE BELL ROCKS! https://www.youtube.com/watch?v=t8i07vWDfpM