La discusión sobre la Ley que obligará a las radios a emitir un 20% de música chilena en sus programaciones sigue generando un debate abierto.

Esta semana la ARCHI (Asociación de Radiofusores de Chile), envió una carta a dos diarios de circulación nacional, en la cual da argumentos para seguir defendiendo su posición contraria a esta disposición, basándose entre otras cosas, en como: “el voluntarismo de ciertos grupos de interés busca imponerse por sobre el juicio de millones de chilenos”, y “la radio es el medio mejor evaluado en todas las encuestas conocidas”.
Si hay algo que me considero es un hombre de radio, trabajé por años en este medio y aún me desempeño en esa plataforma tanto tradicional como digital, por ello, algo entiendo del negocio.

Lo que la ARCHI no dice, es que la evaluación positiva de la radio tiene más relación con el concepto de instantaneidad de la noticia y la información, más que por su aporte musical. En los últimos años, la radio vio crecer de forma indiscriminada los programas donde lo que menos hay es música. Los “animadores”; dj’s, iconos juveniles y varios “personajillos” llenan el espectro radial, donde la música solo acompaña de manera superficial o tal vez como una cortina de fondo.
Lo que tampoco dice es que, muchos “expertos” en medios, les aconsejan no apoyar la medida, porque bajarían las audiencias y perderían el público cautivo en radios temáticas y con ello, podrían perder avisaje e inversión publicitaria. En realidad la radio, perdió avisaje entre otras cosas por su escasa capacidad de reiventarse, recién en los últimos años se han subido a la plataforma digital y entendieron que debían pelear audiencias no sólo con la palabra, sino con imágenes y contenidos complementarios, en páginas web y aplicaciones para smartphones.

Muchos radiodifusores pecan de ignorancia musical. En los años ochenta y cuando la música chilena era grito y plata gracias al rock latino, la mayoría de las emisoras tocaban fácil un 70 u 80% de música en español, buena parte de ella de origen nacional, pero claro, ahí si era negocio, porque estaba toda la maquinaria girando en torno a ese movimientos, desde bebidas gaseosas a suplementos en diarios y revistas.

Estoy seguro de que muchos programadores radiales no conocen a Fármacos, Ases Falsos o Rodrigo Santamaría. Y claro, como podrían, si cuando les golpearon la puerta o dejaron un demo, ni siquiera lo escucharon. Era poco atractivo ante la suculenta oferta de algunos sellos, que no sólo traían cd’s, sino que poleras, posters, entradas a conciertos y varias cosas más del merchandising del artista de turno. Ojo, no es una crítica a los sellos, al contrario, hacen la pega y la hacen bien, el tema es que competir así, es imposible para muchos grupos nacionales que se autoproducen y que solo tienen plataformas como Soundcloud o Spotify para dar a conocer su música.

Señores dueños de radio, no le teman a la música chilena, sólo tómense el trabajo de escucharla y se darán cuenta que hay mucha y de calidad en los diferentes estilos. Hay pop muy competetitivo como el de Javiera Mena, Neven Ilic o Denise Rosenthal. Hay vanguardia y música alternativa en sellos como Mylodon Records. Y otros como Quemasucabeza que hacen un gran trabajo. Y también, hay muchas bandas para descubrir en el esfuerzo que año a año hace el Sello Azul.

De verdad, amigos de las radios, tómense la molestia, estudien, investiguen, aprendan de descargas digitales y nuevas plataformas. Busquen asesorías, se darán cuenta que 20% es poco, para la cantidad de creadores nacionales que necesitan espacio para su música. Entiendan, de una vez por todas que hacer radio, no es copiar lo que le resultó exitoso a la emisora del lado…

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