Llevo años ligado al deporte, muchos lo saben, mis años en la vereda del periodismo deportivo me han permitido viajar por Chile y varios lugares del mundo en Europa, América y Africa.

Hace unos días, me tocó recorrer nuestro Estadio Nacional sin público, acompañado solo por la tenue luz del atardecer y el olor del pasto, recién regado. Mientras caminaba por la pista de atletismo, y revisaba algunos sectores de la tribuna sur, donde los asientos eran solo un recuerdo, ya que la mal llamada hinchada del fútbol arrasó con ellos, pensaba nuevamente en cuan necesario, se hace un nuevo estadio para Santiago.

Más de alguna vez, se ha propuesto intervenir el viejo coloso de Ñuñoa y dejarlo como un escenario de primer nivel, pero aquello no deja de ser una utopía porque el estadio ya no resiste más remodelaciones, sobre todo, porque la mayoría de ellas, fueron un fracaso. Y el estadio no es ciento por ciento cómodo, ni para el fútbol ni para los recitales. Lo irónico es que es un lugar con vías de acceso notables, que pronto serán complementadas con la llegada del Metro, pero no hay caso, el Nacional está lejos de ser un estadio de clase mundial.

Revisando el calendario de recitales masivos para los próximos meses, me encontré con varios que superarán los 30 mil espectadores, Bon Jovi en el Monumental el 14 de septiembre, el múltiple show de Def Leppard, The Who, Gun’s n’ Roses y Aerosmith agendado en el Nacional para el 29 y 30 de septiembre.
Green Day en La Florida el 12 de noviembre, Bruno Mars en el Nacional el 28 de noviembre y para el próximo año Depeche Mode el 21 de marzo en el Nacional y U2 en fecha a confirmar en el mismo estadio.

Ahora que Chile será ratificado como sede de los Juegos Panamericanos el 2023, se abre la oportunidad histórica de trabajar en el Nacional, pero en el parque entero, con recintos que cumplan la función de ser escenarios deportivos, pero también arenas multiespectáculo. Es justo y necesario, este país necesita de buenos recintos para la música y el deporte.

No faltarán los puristas que me dirán que demoler el Nacional es un sacrilegio porque es monumento histórico, pero les quiero poner un solo ejemplo, el Red Bull Arena de Leipzig. En esta ciudad de la vieja Alemania Oriental, existía un recinto, el Zentralstadion , construido con toda la estética de los estadios de la órbita comunista, majestuoso, con pista atlética, y una capacidad para más de 100 mil espectadores.

La unificación alemana y la necesidad de tener recintos para la Copa del Mundo del 2006, marcó la remodelación del histórico recinto, donde se tomó la decisión de conservar sus muros exteriores y accesos originales. Para ello, se construyó dentro del viejo estadio, el nuevo. Un estadio moderno, con techo y la mejor tecnología, para albergar este año por ejemplo, la campaña de uno de los equipos sensación de la liga alemana y en un mes más a Coldplay.

Hoy en Europa, se discute cada vez menos, si los estadios de fútbol son del fútbol solamente, o son recintos para espectáculos, en el amplio sentido de la palabra. Entonces, por qué no aprovechamos ejemplos como el de Leipzig y el Red Bull Arena, para pensar en un nuevo Nacional donde el memorial se mantenga, pero se construya un nuevo lugar. No hagamos más arreglos parches, donde busquemos convencernos a la fuerza que tenemos un gigante clase A, cuando en realidad ni siquiera dentro de todo el parque de Estadio Nacional hay un sector con un museo o restaurantes.

Con los Panamericanos como “excusa” trabajemos todos, los que estamos ligados al deporte, la música y quienes pensamos que no sólo el fútbol puede disfrutar de un estadio.

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