Uno, El Padre. En “Scorpion”, el popular rapero se da un lujito e incluye nada menos que una colaboración con el mismísimo “rey del pop”, figura sacra, intocable y patriarcal para cualquier forma de R&B en el mundo anglo. Aclaremos que la movida del dueto con un muerto fue original hasta 1991, cuando Natalie Cole se hizo acompañar por su progenitor, Nat King Cole, en una nueva versión de “Unforgettable”. Tal vez la filiación logró que el efectismo de tal jugada quedara en un segundo plano, pero venideras incursiones de otros definitivamente ya no podrían contar lo mismo. Más aun si el compañero elegido se llama Michael y se apellida Jackson. “Don’t matter to me” es el nombre de la pieza en cuestión, y en sus primeras horas ha despertado elogios y levantado polvo casi a partes iguales. Lo último, por el lado de los fundamentalistas de Jacko, quienes cuestionan la ética tras su inclusión, además de sembrar la duda en torno al nivel de trucos y filtros aplicados a la voz del malogrado artista (muchos incluso dudan de su autenticidad). Es cierto, a ratos cuesta distinguir su verdadero registro, pero la firma de Paul Anka en los créditos del tema da a entender que éste puede ser un descarte de la obra original del cantante, tal como sucedió con su principal single póstumo, “This is it”. De todos modos, la novedad, el atrevimiento, la nostalgia, el momento del rapero, y la aproximación al pop del tema en relación con el resto del nuevo disco, permiten augurarle un rotundo éxito.

Dos, El Hijo. Una canción de Jackson, “Billie Jean”, sale a la palestra en otra del nuevo disco de Drake, “March 14″. El verso dice así: “Ella no es mi amante como Billie Jean, pero el niño es mío”. Rebuscada o no, la línea esconde una confesión real: Después de ser tema en la prensa de farándula y en “tiraderas” con el también rapero Pusha T, Drake ha decidido reconocer por medio de una canción que efectivamente es padre de un varón nacido en 2017, fruto de una aventura con una actriz porno. “No escondía a mi hijo del mundo, escondía al mundo de mi hijo”, aclara en otro corte, “Emotionless”, haciéndose cargo de la que venía siendo una crisis comunicacional en su contra. Lo bueno para Drake es que en estos tiempos las cosas pueden volcarse a favor desde su oficio, y al respecto ya existían antecedentes favorables. En 2016, Beyoncé demostró que hasta de una circunstancia tan poco glamorosa como un zapateo público en propia nuca (con perdón incluido), se pueden sacar dividendos: De allí surgió “Lemonade”, el aplaudido disco en que la diva norteamericana ahondó en las infidelidades de Jay-Z.

Tres, El Espíritu Santo. El apodo para Michael Jackson nunca fue gratuito: Aunque haya enviado su carrera por el despeñadero en el epílogo de su vida, lo hecho hasta el disco “Dangerous” (1991) fue tan determinante, que le valió ser reconocido como “rey del pop” por los siglos de los siglos, amén. En el rap, en cambio, el monarca nunca ha estado del todo claro, debido a la carencia de una figura que logre escaparse con notoriedad y determinación del resto, tanto en lo artístico como en popularidad. Pero eso no significa que dentro del gremio no estén ávidos de calzarse la corona, y al respecto llevamos años viendo los dientes que cada cual muestra en la escena: El ego de Kanye West, la voluptuosidad de Jay-Z, el reconocimiento de Kendrick Lamar… Y ahí está también Drake, con sus millones y millones de reproducciones en YouTube y Spotify, aunque en Sudamérica estemos recién subiéndonos al carro de su celebridad. Con “Scorpion”, el canadiense no quiso desmerecer esa reputación ni ser menos que sus pares, y se mandó una pachotada inusual en la nueva era dorada del single: Un disco doble. Pero si en los tiempos de las listas ya resulta confuso hablar de disco, esa dificultad se multiplica cuando añadimos la palabra “doble”, por lo que la obra termina tomando el confuso aspecto de un ladrillo de 25 canciones. De todos modos, sirve si se trata de jugar al póker con sus contendores, más aun si entre esos 25 cortes hay piezas más que rescatables, bien balanceadas entre lo artístico y lo comercial, el rap y el pop, la luz y la oscuridad: Con un pie bajo los puentes del Bronx, y con el otro en las alfombras rojas de Los Angeles.

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