Fue el tour más vendido del 2014 por una cantante femenina en Estados Unidos y, sin dudas, el más exitoso que ha realizado hasta ahora. Porque más que un simple concierto, el show de Katy Perry es una verdadera súper producción. Como si fuera una película, en 90 minutos, la californiana recorre visualmente los coloridos videoclips de su disco, Prism.

Con una puesta en escena que suma cerca de setenta toneladas, seis cambios de vestuario y una impresionante escenografía, Katy se transforma a medida que avanza su setlist de veinte canciones, que, obviamente, comienza con todo el girl power de Roar. Lo más esperado llega en la segunda parte del show, en la que la cantante se enfunda en su traje de cleopatra y realiza un viaje pop por el antiguo Egipto sobre un caballo articulado.

El momento favorito de los “katy-cats”, llega con Hot n’ Cold, en el que como si fuera una diva de Broadway, Katy deleita a sus fanáticos vestida con un ceñido traje de gato, diseñado por la rusa Marina Toybina. Luego, llega una pausa (bastante breve), en la que la cantante baja las revoluciones para presentar tres de sus canciones más románticas. Pero la fiesta sigue, hasta terminar con fuegos artificiales en la interpretación de Firework.

Al igual que en países vecinos, Katy eligió un telonero del medio local para acompañar a Tinashe, la actriz y cantante norteamericana que preparará a los fanáticos que llegarán desde las cinco de la tarde al Estadio Nacional. La afortunada será Consuelo Schuster, quien luego de ser cantante principal de Ángel Parra Trío, lanzó su disco como solista el año pasado.

Y como toda diva que se precie de tal, arribó a nuestro país en un jet privado a sólo un par de horas de presentarse frente a los más de 30 mil fanáticos que la esperan desde que apareció en MTV con su chasquilla y labial rojo cantando cómo besó a una chica (y le gustó).