De vez en cuando uno se topa con libros que se leen con atención y devoción. Y Dulce Patria del periodista Mauricio Jürgensen, tiene esa virtud.

La música chilena tantas veces relegada ante sonidos extranjeros de dudosa calidad, cobra vida de manera seductora en esta obra de cerca de 200 páginas. Conversamos con su autor y acá revelamos parte de los secretos, de uno de los buenos libros de música escritos en Chile, en los últimos años.

- ¿Cómo nació la idea de plasmar en un libro, este proyecto radial
? 

De la constatación a mediados de 2016 y después de un año y medio en la conducción del programa, de que quería rescatar muchas de las reflexiones, historias y anécdotas que había escuchado en ese locutorio. Llevaba a esa altura más de 150 entrevistas y mi primera intención fue pensar en un libro de entrevistas. Ediciones B, que son los que saben, me invitaron a desarrollarlo con este formato, mezcla de ensayo, anecdotario, entrevistas y crónica. Lo más importante para mí era ofrecer un acercamiento a la música chilena desde lo emotivo, lo humano, lo anecdótico. No es un trabajo enciclopédico ni académico sobre la música chilena, es en el mejor de los casos una inducción emotiva a lo que significa ser músico en Chile.

- En lo personal, ¿cómo fue el proceso de selección de las entrevistas que utilizaste en el libro? 

Primero pensé en las mejores, luego en los personajes que me permitieran abordar un tramo de tiempo y estilos bien amplio, que es el mandamiento editorial de Dulce Patria. Muchas veces cuando presento el programa digo, si eres chileno y has hecho música popular, puedes sonar en Dulce Patria. Luego pensé en episodios, épocas y temas que siempre me llamaron la atención (la otra voz de los 80, el ninguneo a lo popular, la nueva escena tropical, el proceso creativo, etc) y así fui armando estos nueve capítulos donde fui sumando las voces de los grupos y solistas que habían pasado por el locutorio de Dulce Patria.

- En la introducción del libro dices que este texto rescata algo básico en el periodismo que es la conversación. ¿Se perdió eso, hay demasiado protagonismo de los periodistas por sobre sus propios entrevistados?

Llevo 19 años trabajando en esto, cubriendo música en secciones de espectáculo, pero la radio es un espacio relativamente nuevo para mí. Lo vengo haciendo regularmente desde 2013 y puntualmente Dulce Patria desde marzo de 2015. Eso me ha permitido reencontrarme con la música chilena, pero también con eso que siento es el periodismo en su idea más básica: conversar y contar historias. Eso es lo que hoy me interesa hacer.

C-YYhMgWsAUFIFZ

- El libro está lleno de anécdotas, muchas de ellas de una época de censura y dictadura y sin redes sociales. ¿Cómo fue descubrir esas historias, por ejemplo la de Los Prisioneros en el Café del Cerro o la de Camila Moreno en el video de Corazones? 

La historia de Gatti versus Los Prisioneros en el Café del Cerro, como la del disco de cumbias de Congreso o la historia de Gaete e la canción de Redolés o la de Camila son preguntas que tenía en carpeta hasta encontrarme con sus protagonistas y preguntarles derechamente. Eso fue clave en el proceso. Todos los invitados fueron convocados por un asunto “noticioso” a la radio: el lanzamiento de un disco, el estreno de una canción, un show importante, la nominación a un premio, etc. Pero siempre terminábamos hablando de otras cosas. Yo quise que esas “otras cosas” fueran el corazón de este libro. Porque estoy convencido que una buena historia puede ilustrar tanto o más del personaje como su biografía profesional.

- Si hay algo característico de nuestro Chile y que es casi transversal, es la cumbia chilena, ¿cómo fue encontrarse con los músicos de la ” nueva cumbia” esa que sacó a la luz de nuevo a las sonoras?

Quise hablar en el libro de la nueva significación de lo tropical en Chile, de cómo se ha vuelto más política y mezclada. También sirvió como excusa para combatir ese histórico prejuicio sobre el género y rendir homenaje a personajes olvidados, como por ejemplo, Miguel Barriga que grabó con Luisin Landáez muchos años antes de que se pusiera de moda volver a grabar cumbias. Fue interesante toparse con esta nueva generación, pero también con Américo o Kanela, que miran con buenos ojos lo que puede llegar a pasar con el género en los años que vienen a partir de la influencia de los inmigrantes en este sonido. Eso va a ser espectacular, estoy seguro.

- También le diste espacio a los llamados ” placeres culpables “, ese concepto particular de algunos coleccionistas por música más popular, ¿qué sensación te quedó al encontrarte con esos músicos?

Nada más lamentable que esa teoría. No hay culpa en el placer, menos en el que te provoca la música. De ahí la idea de tributar la canción cebolla y a los artistas populares, los baladistas, incluso los que tengo muy claro pudieran ser resistidos por su éxito. Una vez más, su inclusión en el libro también buscó ser un gesto con los músicos populares de este país.

- Hay un concepto que me llama mucho la atención, que se lo escuché a Gepe: “La promiscuidad de la generación actual. Pierattini y Bitman tocan con los Electrodomésticos, Zaturno con Denise Rosenthal, Gepe con P. Piedra , Denver con Me llamo Sebastián”, ¿hay menos prejuicios en experimentar de estos músicos ?


Claro que sí. Es un de las grandes virtudes de esta generación. Ese es un tema que cruza el libro. Lo que nos pasó en los 80, en dictadura fue brutal, porque tuvimos que diferenciarnos. Tuvimos que construir identidad a partir de la diferenciación del otro. Pasó en la música y cortó puentes entre los músicos de distintos géneros. Eso no pasaba antes al menos no en el gusto popular. Por eso invité a Américo y A Manuel García al lanzamiento del libro, porque quería que esa colaboración cruzada simbolizara el tono de Dulce Patria y sobre todo lo cerca que pueden estar dos nombres que en el papel quizás no lo están tanto.

- Con años en la crítica musical, cual es tu percepción de la ” banda sonora ” de Chile, ¿se puede hablar realmente de la MÚSICA CHILENA?


Claro que hay identidad. Una identidad popular. Más allá de la diversidad de estilos, advierto una tradición que tiene que ver con lo que nos identifica. Viene pasando desde hace años, con Zalo Reyes, Los Tres y Mon Laferte, sol por citar nombres populares. Somos un mercado pequeño, eso siempre ha sido así. Cuesta hacer carrera y vivir de esto, pero somos, como dice Lucho Le Bert, de Santiago del Nuevo Extremo, un país de músicos.

- Te propongo un juego para terminar: un par de conceptos que me debes definir en una palabra o una frase.

- Radio. Confianza.
- Vinilo. Alta fidelidad.
- En vivo. La verdad.
- Violeta. De vuelta al pueblo.
- Víctor Jara. Talento generoso.
- Jorge González. Lucidez.
- Festival de Viña. Tradición popular.
- Lollapalooza. En búsqueda de identidad.
- Carola. Mi dulce patria.
- Hijos. Amor infinito.

Comentarios

comentarios