Como una versión contemporánea de Bettie Page, la morena de chasquilla cuadrada que fue considerada la primera pin up del celuloide, Madonna posó con descaro para la edición de los 150 años de Harper´s Bazaar. Una sesión de fotografías en su departamento de NY a cargo de Luigi & lango y estilismo de Arianne Phillips, donde los fetiches bondage y las miradas sadomasoquistas se mezclaban con fustas y accesorios de tauromaquia.

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Una diva envuelta en corpiños y lencería de diseñadores españoles para decirle al mundo que el dolor ha sido su carta de triunfo. Un grito desesperado de sexo y lujuria para enseñar que ha tenido que pararse mil veces del suelo frente a la traición de amantes y amigos. Como un toro furioso que se levanta con más fuerza después de caer herido en el ruedo, poco queda de esa chica soñadora que creció en un barrio humilde de Michigan, cuya única intención era sacarse de la cabeza la idea de una madre ausente y un padre severo.

Eran los años en que NY aparecía como esa fantasía de fama, dinero y redención. Ingenua y demasiado ambiciosa tal vez. Esa rara mezcla hizo de ella una mujer fuerte que tuvo que defenderse por ser ‘nadie’ en una ciudad aplastadora, donde corrió peligro y estuvo a punto de ser violada. “¿Por qué?”, se pregunta. “¿Por ser mujer? ”. En el reciente video Her-Story, preparado por ella misma y los creativos de Vogue Alemania, va más allá: “Esto es para todas las mujeres que luchan por la libertad”.

El videoclip comienza con la imagen de un callejón oscuro y con niebla. De fondo la voz de Madonna. “Bienvenidos a la revolución del amor. A nuestra negativa como mujeres a aceptar esta nueva era de tiranía. No solo las mujeres estamos en peligro, sino todos aquellos que son marginados, porque para muchos ser diferente es considerado un crimen. La revolución comienza aquí”, sentencia.

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Luego también hay tiempo para el estilo sacrílego que ha marcado su carrera. Vestida de sacerdote, con sotana y rostro redimido, levanta la voz con elocuencia profética: “¡Oh por Dios!”, repite. En el siguiente cuadro, irrumpe en la pantalla con alas y una soga al cuello, como imitando una corbata de dominio masculino. Una pancarta con la frase: “Todos deberíamos ser feministas” da comienzo al final del corto que concluye con un contundente mensaje: “Los derechos de las mujeres también son derechos humanos”.

“Dicen que soy polémica, pero lo más controvertido que he hecho ha sido mantenerme”, acusa cuando pone en relieve su versátil forma de reinventarse. Lo más lejano al mundo de las luces y la fama, han sido sus hijos. “El resto ha sido sobrevivir, sobrevivir a la traición de los amantes, a los miembros de la familia incluso y a la sociedad. El escape ha sido crear y plantarse ante el mundo como artista y como madre”.

En su cuenta de Instagram lo patenta a través de un video reciente donde sus hijas Stella y Esther juegan con unas muñecas Barbie de pelo negro de una edición exclusiva de Moschino. Las niñas de cuatro años, a quienes adoptó en febrero en Malawi, cantan y entregan su mensaje de optimismo, el mismo que Madonna también inculca a David Banda y Mercy James, sus hijos anteriores que se sumaron a sus dos biológicos: Lourdes y Rocco Ritchie, el mismo que hace algunos meses fue sorprendido fumando marihuana.

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“Lo amo demasiado, por favor respeten su privacidad”, dijo como una leona que cuida con celo su núcleo familiar. “Haré todo lo posible para ayudarlo”, contó mientras repetía como un rítmico mandala que ninguna como ella puede ser pecadora y madre a la vez.