Que las caderas no mienten ya es éxito viejo y probado hace doce años por Shakira. Que los números no mienten es éxito comprobado y renovado cada vez, y una y otra vez, ahora que la cantante colombiana tiene nuevo lanzamiento que vender al mundo. Sobre 170 millones de vistas para la canción “Déjà vu” en YouTube. Más de 950 millones para La bicicleta junto a 200 millones de reproducciones en Spotify. Encima de un billón de reproducciones para “Chantaje” en Vevo y YouTube: cada cuenta es más alegre que la anterior. Todo viene en El dorado, su nuevo disco: undécimo oficial de su carrera, es el primero que graba desde Shakira (2014) y es su regreso al idioma español desde Sale el sol (2010), recordado por los hits “Loca” y, cómo olvidarlo, “Waka waka”.

De cualquier modo el baile del waka waka y todo cuanto ella haya cantado y bailado antes son antecedentes que ya suenan remotos hoy en medio de la ofensiva Shakira 2017. Es una ofensiva planificada como la mejor campaña de marketing: dosificada, segmentada, socializada. Dosificada: partió un año antes, en 2016, con los anticipos de “La bicicleta” y “Chantaje”, y siguió este año con “Déjà vu”. Segmentada: eligió ritmos distintos y asegurados, entre vallenato que en el fondo no es vallenato sino reggaetón en “La bicicleta”, bachata en “Déjà vu” y más de ese efectivo reggaetón softcore que suena en “Chantaje” y “Me enamoré”. Socializada: hace años para Shakira la palabra hit rima con feat, la abreviatura de featuring, o sea colaboración a dúo, y así se ha asociado en su nueva serie de éxitos con un revivido Carlos Vives y con nuevos astros internacionales como Prince Royce y Maluma, tal como lo hizo en 2005 con Alejandro Sanz en La tortura, en 2007 con Beyoncé en Beautiful liar, en 2015 con Maná en Mi verdad o en 2016 con Rihanna en “Can’t remember to forget you”, en un juego de exposición en el que todos ganan.

Shakira-El-Dorado

A tono con esos estándares, la producción musical de El dorado es igual de sólida, y el mejor ejemplo es “Me enamoré”, donde el feat de turno no es un cantante global sino un futbolista global, Gerard Piqué, quien presta la cara para el clip respectivo mientras la cantante le dedica versos como “Mira qué cosa bonita / qué boca más redondita / me gusta esa barbita”. Más allá del reality show, en canciones como esa está la mejor Shakira, imposible de escuchar sólo una vez, tan bailable, tan adictiva. Y tan digital también: ese vibrato natural que explotó durante tantos años parece estar por fin en retirada, reemplazado en “Me enamoré” (y desde antes en “Loba” o “Loca” en 2009 y 2010) por efectos de vocoder o autotune que le sientan tanto mejor. Quién dijo que la tecnología es un problema.