Sandra Mihanovich Cahen D’Anvers (56 años, en pareja) se oye resplandeciente. Las nubes cubren Buenos Aires y ella se acomoda para conversar en el exclusivo restorán mexicano María Félix cuya dueña es su pareja, la empresaria Marita Novaro Hueyo. Y aunque en los ochenta era secreto a voces la relación de Mihanovich con la cantante Celeste Carballo, Sandra nunca dio pie para que su orientación sexual se convirtiera en tema. Eso hasta que a mediados del año pasado, la hija de Marita —y su ahijada— Sonsoles Rey, debió ser sometida a un trasplante de riñón.

No había familiares compatibles y Sandra pensó que ese era su momento de dar vida. “Sonsoles tiene 36 años. Tuvo un primer trasplante de riñón y quedó embarazada en 2010. Nació su hijo León —que cumple tres años el mismo día que canto en Santiago—, el embarazo le provocó nuevas complicaciones y necesitó otro trasplante. Yo conocía su realidad y sabía que nadie de su entorno le podía dar un riñón. Entonces simplemente me hice la pregunta ¿Será que me toca a mí? ¿Será que yo puedo hacerlo? Consulté cuáles eran las compatibilidades necesarias y siento que de alguna manera participé de un milagro. Fue una cosa extraordinaria, se alinearon los astros para que pudiéramos concretarlo”, cuenta Sandra sobre esa mañana del 13 de agosto del año pasado, cuando se realizó la operación y de golpe, además de convertirse en el rostro más potente de la campaña de donación de órganos en Argentina, su homosexualidad quedó al descubierto.

“Llegué media hora antes de la operación, después entró Sonsoles, sacaron uno de mis riñones y de inmediato empezó a funcionar en ella. Ese milagro de la naturaleza y la medicina, que nos regala esta opción me convirtió en donante y en una mujer muy feliz. Pude cambiar la calidad de vida de mi ahijada, a quien quiero muchísimo y de alguna manera esto provocó conmoción en Argentina. Estaba en todos los medios y se convirtió en una campaña muy bonita sobre la donación de órganos y ha hecho que me ponga la camiseta con la causa. Eso trajo aparejado que se pusiera en el tapete parte de mi vida privada, que en general he tenido en un perfil bajo. Nunca lo he ocultado ni estoy encerrada bajo cuatro llaves, pero tampoco hago ostentación de ella… Pero aquí estamos todos felices, porque el tema se ha abordado con muchísimo respeto, cariño, con mucho amor… Y como dije cuando salí de la clínica: lo absolutamente maravilloso es que cuando uno da, lo que recibe es mucho más, entonces la ecuación es perfecta”.

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—A partir de la operación se dio la oportunidad para que hablaras más directamente de tu sexualidad. ¿Cómo te lo tomaste?
—Vivimos en otra época y la publicidad de mi vida privada la viví como un gaje de las circunstancias y no hice ningún tipo de prensa con mi ahijada o con Marita (su pareja) porque no me corresponde y no tengo por qué, pero la gente se enteró y no me parece mal. No es algo que quiera ocultar. Mantengo las cosas separadas, como siempre lo hice y vivo en una Argentina que ha evolucionado, que ha madurado, que tiene matrimonio igualitario. Acá se puede hablar de todo, estamos muy evolucionados en los temas sociales. Ustedes son un poco más conservadores que nosotros, pero ya les llegará el momento.

—¿Has pensado en pasar por el civil?
—Sí, por supuesto, es una posibilidad que vamos a ir viendo si concretamos.

Por estos días, aparte de su casera vida en el barrio de San Isidro junto a dos perros y acompañada de su pareja, Sandra está entregada a fondo en una campaña para concientizar sobre la donación de órganos. “Es muy saludable que se hable de esto, porque hay que sacarse los miedos de encima. Las donaciones y los trasplantes a veces no ocurren porque las familias se nieguen. Lo que hay que hacer es hablarlo previamente. Un donante se lo tiene que hacer saber a todos los que lo rodean, porque ellos van a decidir cuando no estés. Hay que pensar que estamos más cerca de ser receptores que donantes. En cualquier momento se nos puede dar vuelta la historia y convertirnos en alguien que necesita un riñón, un corazón, un pulmón”.

—No tuviste la posibilidad de tener hijos, pero donar un órgano en vida debe ser una de las experiencias más parecidas.
—Sin duda alguna. Pensar que nuestros órganos, cuando ya no estamos pueden cambiarle la vida a alguien, es una de las cosas más lindas que nos pueden pasar.

Sandra se siente libre y ya no tiene nada que esconder. Y eso se nota. En Vuelvo a estar con vos, ganador de un premio Gardel 2013 al mejor álbum romántico-melódico, desparrama amor. “Es un disco que tiene una energía maravillosa, de agradecimiento, de sonrisa. Lo terminamos de grabar a mediados del año pasado y salió en septiembre. Es el número 20 de mi carrera y siento que es un disco de reencuentro, hace diez años que no hacía algo así. Es una vuelta alegre, feliz, con lo bello de la vida”, dice.

Despejada la incógnita íntima para el público masivo, Mihanovich vuelve en el tiempo para localizar el momento en que su carrera dio un giro virtuoso: la canción Soy lo que soy, que incluso le da nombre a un programa que presenta las biografías de personajes como Federico Moura o Manuel Puig en la televisión argentina.

“Grabé la canción en 1984 y pertenece a una comedia musical americana, La jaula de las locas. La cantaba Gloria Gaynor y me pareció que era extraordinaria y que la tenía que cantar en castellano. Acabábamos de recuperar la democracia y fue un momento justo para que esa canción pegara, porque los argentinos no queríamos que nos dijeran lo que teníamos que usar, elegir ni pensar. Todos quisimos gritar “soy lo que soy”, y eso se convirtió en un himno para todo aquel que se siente discriminado.

Esa luminosidad también la ha puesto al servicio de causas como el apoyo a la familia de Daniel Zamudio, por quien viajó el año pasado para rendirle homenaje luego de su trágica muerte. “Supe todo lo que había pasado, además que estaban promoviendo una ley antidiscriminación que tengo entendido se promulgó y que ya fueron condenados los culpables, lo que me llena de alegría y a ustedes los debe tener orgullosos”.

—A partir de Soy lo que soy te convertiste en un icono en los derechos sexuales…
—He vivido eso con mucha naturalidad. No me siento ni especial o diferente. Es algo que me tocó en mi camino y tuve la suerte de anotarme con ese abrir de puertas y eso me hace muy feliz.