En los rankings de radios y descargas musicales pelea codo a codo los primeros lugares con otras divas del pop, como Katy Perry y Lady Gaga. Pero en moda Rihanna no tiene competencia. Ni las excentricidades en look de sus rivales le hicieron sombra para ser bendecida por la única voz que importa: Anna Wintour. No fue casualidad que la editora de Vogue —con toda la producción imaginable— para su portada de marzo la vistiera de manera ‘simple’: jeans Marc Jacobs y un top Louis Vuitton. La revista, vía pluma de su gran jefa, dice que desde Madonna no existía una estrella de la música que influenciara tanto la moda como esta sexy cantante de Barbados. De allí el guiño a la “chica material” con la mezclilla y transparencia: calle y alta costura.

Ese estatus de referente que no incluye micrófono, sino sólo su presencia, se materializa más allá de unas palabras en tinta y campañas chic como Viva Glam para MAC Cosmetics. Hoy los diseñadores la miran, siguen sus tendencias y las hacen colección en pasarela. La cantante, que respira moda, suma a estos creadores en su clóset. Ella sale de un auto y hay una propuesta; va a comer y presenta a un nombre emergente; pasea por una alfombra roja y sorprende. Pero siempre es ella, hace suya cada etiqueta. Por este talento, la Asociación de Diseñadores de Estados Unidos le dará en junio su premio de Icono de la Moda 2014. Ahora viene el misterio: ¿qué vestirá en esa gala? Partió la carrera por ser “el elegido”.