Lenny Kravitz tiene una particularidad que muchos músicos desearían. No sólo la facha y las mujeres que conquistó, sino además, el talento para componer acordes que se reconocen con facilidad.

Con Lenny uno va a la segura, sabe que sus álbumes tendrán varios solos de guitarra, algún hit melódico y por supuesto un par de fotos que muestran su anatomía. Y si tienen suerte sus admiradoras, algún poster como regalo.

“’Strut‘”, su nuevo trabajo significa según Kravitz es “caminar con seguridad, caminar con ritmo, pasearse con la cabeza bien alta. La gente que se siente orgullosa de quien es, sin importarles nada más, se sienten orgullosos de su individualidad”. Algo así como una declaración de principios para alguien que llena el escenario en vivo y que vuelve con todo este 2014, tras su paso por el cine en Los Juegos del Hambre.

Desde el arranque al estilo Prince con Sex, su nueva placa recurre a los lugares comunes del Lenny’s style. Con muchos guiños al sonido ochentero que tanto le gusta. Algo que aumenta en el sencillo The Chamber.

A los 50 años y con diez discos publicados, este neoyorkino se hace respetar como un ícono musical, para gritar que sigue vigente. Algo que también pudimos apreciar hace poco en el iTunes Festival donde realizó un interesante concierto con una súper banda liderada por la ex Bowie y Tears For Fears, Gail Ann Dorsey en el bajo.

Kravitz deja en claro en Strut y en su nueva apuesta en vivo, que no quiere dejar nada al azar y por eso matiza bien los colores rítmicos. Dirty White Boots y Strut son temas que van para hit y New York City es quizás el mejor momento vocal de Lenny en el disco, con un sonido bien funk y una letra que revela el amor del músico por su ciudad natal. The preasure and the pain es otro recomendable, una balada interesante con un buen trabajo en bronces.

Pero como todo disco de Kravitz debía tener un toque romántico, con algo de melancolía. She’s the beast llena ese vacío con un buen arranque de una guitarra acústica de 12 cuerdas y una base de cuerdas con cello, viola y violín.

Kravitz ha insistido que este disco tiene algo especial, y que lo devuelve a una veta más rockera.

“Todos los discos son distintos. Quizás el anterior fue un poco más introspectivo, aunque este también trata de cómo me siento y en él hay sentimientos profundos, pero a la vez es un disco que está muy arriba, es muy rockero y demás, y me ha recordado cómo me sentía cuando tocaba en mis años de instituto”, dijo el músico en una entrevista a la radio M80.

Una de las grandes curiosidades de Strut es el cierre del disco, con el clásico de Smokey Robinson “Ooo baby baby “, una versión que lejos de ser un bonus track, es uno de los mejores momentos del álbum.

“Escuché ‘Ooo baby baby’ en la radio, en una emisora Motown. Un día, cuando me estaban maquillando para Cinna, mi personaje en ‘Los Juegos del Hambre’, la maquilladora tenía puesta la radio, sonó la canción, y yo no la había escuchado desde hacía mucho tiempo. Me acordé de lo bonita y apasionada que era, y decidí versionarla. Pensé que era la canción perfecta para cantarla a mi manera. No había hecho una versión en mucho tiempo, creo que en los últimos 25 años solo he versionado tres canciones.”

Probablemente, los puristas dirán que no da para ser el disco del año, pero es un buen álbum para sumarlo al iPod o el celular. Lenny volvió y lo hizo a lo Kravitz, rápido y furioso.

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