Siempre que arranca una temporada de Los 80, se viene el síndrome de la nostalgia. Es curioso como la generación sub 50, se siente tocada con la serie de Canal 13 y como eso alcanza en muchas ocasiones a todo el entorno familiar. En mi casa, mis hijos pequeños pidieron ver la serie, sorprendidos por algunas cosas que escucharon sobre una época donde no había celulares de manera tan masiva y la televisión no daba dibujos animados las 24 horas del día.

En los ochenta la mayoría de la música que escuchábamos, la conocíamos a través de la radio: Galaxia, Carolina, Concierto y Aurora dominaban las FM. Mientras la AM vivían su propia realidad con nombres emblemáticos como Minería y Portales.

Hace unos días me subí al auto con la clara convicción de recuperar esa esencia de escuchar música en la radio. En la era del Mp3, la descarga e incluso del regreso del vinilo, recorrí el dial y me di cuenta que todavía se puede encontrar, con algo de paciencia, algún tema nuevo que sorprenda o algo que permita ejercitar la memoria sonora.

Antiguamente los dj’s dominaban el espectro, sobre ellos, recaía la responsabilidad de mostrar lo último en tendencias musicales y sobre todo, de manipular en gran medida los gustos de la gente, avalados y financiados por el imperio de los sellos discográficos que construía ídolos y derrumbaba carreras.

Hoy, todo cambió en cuanto a la difusión. Ya lo he hablado en otros blogs, de cómo la irrupción de las redes sociales y la internet modificó muchos parámetros que parecían eternos.

Por lo mismo, escuchar música en la radio también tiene un ejercicio de romanticismo, más que buscar el hit, se busca la nostalgia, la canción que nos recuerda un amor, la que nos marca el presente o quizás aquella que nos traslade a un instante con la familia o los amigos.

En esa búsqueda del dial, hay también una necesidad espiritual de encontrar una parte de nosotros mismos. Puede sonar exagerado pero es la evolución de los nuevos tiempos. Probablemente muchos de nuestros hijos no entienden, que esperemos por largos minutos que termine una canción que no nos agrada, por si viene una que si nos guste, pero también hace no mucho, tampoco entendían que nos sentáramos a escuchar todo un lado de un disco de acetato y que tuviésemos que pararnos para darlo vuelta. Para muchos adolescentes, los vinilos son ahora una fascinación, quien sabe si la radio, también recupere parte de un reinado donde gobernó sin rivales por muchos años.

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