Es de las sentencias judiciales más extrañas asociadas alguna vez a un fenómeno popy merecía la burla que despertó en redes sociales: en febrero pasado una corte francesa le adjudicó una compensación simbólica de un euro a cinco fans de Michael Jackson que consideraban que la muerte de su ídolo les había causado “daño emocional”. Es el tipo de cosas insólitas que suceden en torno al vivísimo cadáver del otrora rey del pop; uno que no sólo despierta pasiones que bordean lo patológico, sino que además mantiene un negocio aún más bullante que en vida: hay un nuevo disco suyo, Xscape, en tiendas, y quién iba a creer que para promocionar su primer single podía materializarse hace unas semanas en los premios Billboard en la forma de un holograma de perfecta coordinación entre canto y baile. Desde su muerte, hace cinco años, han aparecido once discos suyos. Dos de ellos han contenido material antes inédito: el pobrísimo Michael (2010) fue un empaquetamiento apurado que indignó hasta a los más fieles por su descuido, y este Xscape sí parece más interesante; disparejo, pero con al menos un par de temas que recuerdan el alto vuelo del que era capaz el de “Thriller” cuando se aplicaba en ritmo y melodía. El mejor de todos es “Love never felt so good”, una composición funky para un baile suave, levantada sobre un montón de sampleos (incluso algunos tomados de “Working day and night”), y que avanza con cierta ternura, como queriendo convertirse en balada, en un doble juego rítmico que a Jackson siempre le resultaba muy bien. Es una composición antigua, trabajada en los años ochenta entre Michael y Paul Anka, y que en el disco aparece con la voz añadida de Justin Timberlake. Y es uno entre cientos de ejemplos de los descartes que el cantante fue acumulando en sus sesiones de estudio, y que hacen más que probable que sus ediciones póstumas sigan avanzando como lo haría un torrente. No vamos a sorprendernos ahora de lo rentable que puede ser una muerte inesperada para un megaartista en situación de crisis, pero en el caso de Michael Jackson ese impulso tendrá siempre el añadido extra de lo extravagante, allí donde morbo, nostalgia y codicia se enlazan en un pulso adherente, de eterna e inmortal cadencia.