La literatura musical en Chile tiene muy buenos exponentes en los últimos años. Si bien no es abundante en títulos, es generosa en autores jóvenes y destacados. Uno de ellos es Manuel Maira, quien ya suma tres obras que poseen un toque distintivo en la investigación y las entrevistas.

Luego de publicar Canciones del Fin del Mundo y Bajen la música, Manuel Maira nos entrega su título más ambicioso: Jorge González, una historia original.

Escribir sobre este cantautor no era fácil, porque ya varios se aventuraron en ese camino, principalmente desde el punto de vista de la relación del músico con Los Prisioneros. Por lo mismo, un escritor con la voluntad de insertarse en su obra musical, resultaba muy interesante para quienes vivimos el período de los años ochenta.

Contactamos a Manuel y le pedimos que nos comentara sobre esta nueva experiencia en las letras y nos contara de este Jorge fanático de los Bee Gees, Camilo Sesto y la electrónica, entre muchos otros.

¿En qué momento surge la idea de escribir de Jorge González?

Siempre me llamó la atención la figura de Jorge González, me parecía atractivo desde su música, pero también a nivel de discurso. Cuando empecé a trabajar en la primera mitad de los 2000, me di cuenta que en los medios había una tendencia por abordarlo desde muchos aspectos que no tenían que ver con la música, y él ocupa un lugar en nuestra historia por el gran artista que es. Entonces me pareció que una manera de hacer justicia con el gran artista que es, era enfocarse en su obra. Ahí estaba la motivación y desde el año pasado que empecé a bajar la idea de dejar eso en un nuevo libro.

¿Sientes que no hay una correcta valorización de su obra como músico?

El valor de su obra ha sido un poco distorsionado por el énfasis que los medios hicieron durante mucho tiempo en su perfil polémico, dejando de lado lo musical. El tiempo es sabio y creo que en los últimos años está poniendo las cosas en su lugar, a diferencia de otros grandes como Víctor Jara o Violeta Parra, a él le ocurre en vida.

Jorge fue siempre un melómano, ¿te sorprendió algo sobre sus gustos musicales?

Es impresionante la cantidad de información musical que maneja. Si hay algo que lo apasiona es hablar de música y en ese sentido, fue entretenido darse cuenta de las bandas y canciones que inspiraron varios de sus clásicos.

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¿En que momento Jorge se engancha con la electrónica y las máquinas?

A diferencia de lo que muchos pensaban, fue muy temprano, ya en el primer disco de Los Prisioneros hay una canción llamada Eve evelyn, que la graba usando máquinas. Luego sigue profundizando en esa línea en la construcción de temas como Muevan las industrias y El baile de los que sobran. Depeche Mode fue clave en esa búsqueda y el acid house que conoció durante un viaje en Colombia gracias a Carlos Fonseca, manager histórico de Los Prisioneros.

¿Cómo fue su convivencia musical con el entorno en Chile? ¿Tenía cercanía con otros músicos?

Nombres como Beto Cuevas, Álvaro Henríquez, Zaturno, Gonzalo Yáñez, Pedropiedra han sido parte de su historia y sus lazos aparecen en detalle en esta investigación.

Tú hablas mucho de la influencia de Jorge en la nueva camada de músicos chilenos. ¿Cómo lo ven?

Como un gran motor y una fuerza inspiradora. también como alguien muy generoso y dispuesto a colaborar. Su carácter desprejuiciado lo llevaba a incursionar en otros estilos fuera del rock, como el pop, algo que ha sido muy influyente para la nueva generación de músicos chilenos independientes.

¿En qué momento está Jorge González? ¿Lo ves con ganas de seguir creando? 

Jorge hoy es otro, su enfermedad lo tiene a un ritmo más pausado pero como siempre, sigue sorprendiendo, contra todo pronóstico. Ha vuelto a cantar y está trabajando en nueva música, todo a un ritmo pausado y de una manera distinta por sus limitaciones.

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La invitación es entonces a que lean este imperdible libro. Una gran opción de encontrarse con el ídolo musical. Un referente de la historia cultural chilena.

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